Actualmente, México es un país con una problemática compleja, producto de diversas políticas económicas que pauperizan a la ciudadanía y a la propia tierra, poniéndola a la venta a diversos capitales y multinacionales extranjeras, lo que ha tenido como consecuencia un elevado incremento de violencia social, de abandono del campo y la producción agrícola, del deterioro de los mantos acuíferos y la contaminación de la tierra por las industrias mineras, hidroeléctricas y de hidrocarburos, entre muchas otras problemáticas difíciles de describir.

En ese marco, la situación que vive la población es de un abatimiento general, de una zozobra continua ante la inseguridad, de un profundo malestar interno que desemboca y tiende a reproducir el maltrato propio y favorece el maltrato entre las personas que conforman a la familia y a las instituciones en general, como son las escuelas, los espacios laborales, la calle, las vías de comunicación, entre otros. El agravante es que las instituciones están afianzando sus estructuras jerárquicas, patriarcales, de abuso, de acoso, de hostigamiento, recortando los derechos a percibir seguridad social o contrataciones que generen prestaciones y derechos laborales.

Asimismo, se favorece el consumismo superfluo, por ejemplo, el uso indiscriminado de aparatos celulares y videojuegos, que se convierten en nuevas adicciones que inician en etapas infantiles y adolescentes, hasta la edad adulta. La extendida oferta de consumo a través de tarjetas de crédito que ocasiona endeudamientos que debilitan la economía personal y familiar. El elevado aumento de la delincuencia organizada, en la que cada día más adolescentes son cooptados, favoreciendo la violencia cotidiana que va desde el asalto a mano armada, hasta el feminicidio.

Muchos factores están interviniendo actualmente en el desgaste de la confianza y la seguridad de las relaciones afectivas de la población, teniendo como consecuencia un debilitamiento de nuestra sociedad. Sin embargo, quiero plantear una mirada de conjunto que abarca todo este deterioro social, y se puede resumir en que cada día son más sofisticados los mecanismos del sistema patriarcal, dedicado a promover una cultura de maltrato para evitar la organización familiar, comunitaria y social.

La propuesta para transitar del buen trato al buentrato

En medio de ese vértigo, surgen muchas personas y propuestas de solución. En los últimos cuarenta años, académicas, organizaciones civiles, grupos de jóvenes, entre muchas otras, estamos buscando alternativas y modelos de trabajo que nos permitan contener y evitar el resquebrajamiento social. Trabajamos de manera invisible, subterránea, constante, buscando alianzas y lanzando gritos conjuntos cuando las situaciones se vuelven límite, a pesar de la corrupción y el desamor. Las prácticas de la desconfianza, de la competencia desleal, del abuso, están tan arraigadas que los esfuerzos colectivos logrados durante el terremoto del 2017, por ejemplo, se van desvaneciendo hasta diluirse completamente, al cabo de unas cuantas semanas o meses.

El movimiento feminista ha sido una base firme sobre la cual se levantan muchas propuestas de incidencia política y se lucha por sostenerlas, a pesar de las contradicciones y ataques continuos de los gobernantes, que utilizan todo tipo de mecanismos para debilitarlas. Citaré un ejemplo ligado a la fecha que nos ocupa, el día 8 de marzo que conmemora un movimiento de reivindicación de los derechos de las mujeres, es convertido al interior de las instituciones, y a través de los medios masivos de comunicación, en un día de “celebraciones” superfluas, consumistas e irrelevantes.

La postura personal y la de muchas mujeres y algunos compañeros, es buscar soluciones, propuestas, intersticios, espacios para contribuir, alianzas y apoyos a iniciativas que sumen esfuerzos a favor de la equidad de género, de la construcción de autonomía de las personas para el ejercicio de los derechos y la ciudadanía. Una propuesta específica que quiero describir, se trata de un modelo llamado terapia de reencuentro, diseñado e impartido por Fina Sanz, fundadora del instituto con el mismo nombre, que se orienta a construir una cultura del buentrato.

La propuesta plantea un principio básico: la cultura patriarcal es una cultura dirigida y orientada al maltrato; la palabra maltrato es sustantivo y verbo, por lo tanto se puede conjugar, es decir, existen una serie de acciones que representan y se ejecutan como maltrato. Por el otro lado, en ningún diccionario encontramos el buentrato, no es sustantivo, ni es verbo, por lo que no existen acciones específicas orientadas a construir bienestar y aun no se encuentra en nuestros imaginarios para establecer y fortalecer prácticas de autocuidado y de cuidados mutuos en nuestras relaciones afectivas y en nuestros vínculos.

La metodología es muy completa, pero solo haré hincapié en que favorece la construcción del autoconocimiento para desarrollar la autonomía y la capacidad de toma de decisiones desde la consciencia; que contribuye a construir vínculos saludables, equitativos y constructivos; y que fortalece el trabajo comunitario organizado y basado en la equidad, la confianza y en proyectos sostenidos por el respeto y el amor.

Los casos específicos

La metodología de cultura del buentrato la hemos utilizado para muy diversas intervenciones, mencionaré tres: reeducación para parejas que viven violencia, diseñado para las mujeres y para los hombres, es el primer modelo en México que consideró trabajar con los hombres y se imparte a través de la Secretaría de Salud en todo el país y de manera gratuita; la cultura del buentrato en la atención obstétrica para prevenir la violencia durante el embarazo, el parto y puerperio, dirigido a personal que atiende la salud obstétrica en todo el país; y, por último, mencionaré la intervención realizada por iniciativa de Cidhal (Comunicación, intercambio y desarrollo humano en América Latina) y con el apoyo del Instituto de las mujeres nacional, dirigido a mujeres políticas en cargos de administración pública y candidatas a cargos de elección. Dicha iniciativa tiene diez años y, en esta ocasión, pretende contribuir al proceso electoral que se llevará a cabo durante este año. Participaron los estados de Morelos, Guerrero y Oaxaca. El proceso se llama: “El empoderamiento y el liderazgo político de las mujeres. Mujeres políticas ejerciendo libres de violencia”.

El trabajo consistió en un taller dividido en tres sesiones y un conversatorio entre mujeres lideresas para favorecer la visión crítica, respecto a las formas como realizan la incidencia política. En el primer taller, de autoconocimiento para el cambio, pudieron reconocer las diversas formas como se les exige hacer política con los estilos patriarcales de represión, hostigamiento, amenazas, discriminación, obligándolas a trabajar en condiciones de subordinación, desventaja e inequidad, sin apoyo, sin presupuestos, en las zonas más peligrosas y complejas. Al final, pudieron elaborar una lista de diversos autocuidados que les permitirán defenderse y tomar posiciones estratégicas para llevar a cabo su trabajo, desde una mayor autonomía, empoderamiento y sororidad.

En el segundo taller, reconocieron las formas en que son violentadas, pero también las formas en que ellas mismas reproducen los mandatos de género, violentándose entre ellas y descalificando su participación, como una de las formas comunes en que el sistema patriarcal nos escinde y divide. Durante el taller describieron y definieron distintos mecanismos para colaborar entre todas, apoyándose, independientemente del partido político al que pertenezcan, reconociendo que la meta común es la equidad de género, los derechos de las mujeres, el ejercicio de la ciudadanía y la soberanía. Dejando atrás la vieja idea de llegar a un cargo público para ejercer un poder autoritario.

En el tercer taller, elaboraron tres productos, en tres mesas de trabajo, utilizando una metodología participante, cuyo resultado pretende convertirse en política pública: 1) proyectos personales de autocuidado 2) proyectos de vínculos y cuidados mutuos y 3) proyectos comunitarios y proyectos de amor.

El trabajo es arduo pero la cosecha esperada vale la pena. Contribuir en la construcción y el tránsito hacia la CULTURA DEL BUENTRATO.