Mariana Calderón Jaramillo

* Mariana Calderón Jaramillo

Socióloga. Estudiante de la Maestría de Estudios Sociales de la Ciencia de la Universidad Nacional de Colombia. Feminista interesada en las discusiones sobre los cuerpos en la ciencia, la medicina y la tecnología.

Las mujeres movemos el mundo y podemos pararlo, pero no estamos dispuestas a pararlo así sin más, tampoco quisiéramos pararlo solas, más bien quisiéramos cuidarlo para que la vida aquí sea de la mejor manera posible.

Hoy 8 de marzo estamos conmemorando las luchas de las mujeres trabajadoras, luchas que pese a su importancia histórica se hacen inaudibles en el marco de la celebración del día de la mujer con sus flores, bombones y regalos. Sin embargo, las mujeres del mundo desde diferentes colectivos y organizaciones antipatriarcales, anticapitalistas y antirracistas nos han llamado a recordar nuestro día de lucha convocando a un paro bajo el lema “Las mujeres movemos el mundo y podemos pararlo”.

Este llamado ya había sido hecho el año pasado cuando diferentes organizaciones feministas posicionaron la iniciativa de hacer una gran huelga capaz de mostrarle a los hombres y al capital la importancia de nuestra participación en la economía mundial; la necesidad de todos los trabajos (reproductivos y productivos) que hacemos para que el mundo se mantenga en movimiento; y las condiciones desiguales de las mujeres trabajadoras frente a los hombres trabajadores que implican brechas salariales, la feminización de la pobreza, la precarización laboral, la participación de ambientes laborales plagados por el acoso y el abuso sexual y el no reconocimiento salarial ni social de muchas de las labores que hacemos.

A pesar de la amplia acogida de la iniciativa, esta se ha enfrentado a algunas dificultades que, en mi opinión, tienen que ver con dos cosas relacionadas entre sí: por un lado, las diferencias de privilegios de las mujeres cuyas trayectorias de vida se encuentran atravesadas por la raza y la clase de maneras muy diversas, y que ocasiona que mientras unas puedan parar – por ejemplo, faltar ese día al trabajo, pedirle a sus compañeros que lleven al niño al jardín o hagan la comida – otras no puedan1.

Por otro lado, el tipo de trabajos que hacemos las mujeres y su relación con el cuidado del mundo. La mayoría de mujeres que no van a parar hoy, no lo van a hacer solo porque no pueden sino por las dificultades que implica abandonar las labores del cuidado que mantienen al mundo en funcionamiento; estas mujeres probablemente se preguntarán ¿y si no lo hago yo quién lo va hacer? Asunto que está en consonancia con las maneras en que se han organizado los trabajos del cuidado.

Los trabajos del cuidado y el sostenimiento de la vida

Desde hace algunos años el problema del cuidado ha ganado terreno en las discusiones feministas académicas y políticas. Dentro de este debate han aparecido muy diferentes posturas que se han referido a la ética que orienta las labores de cuidado, el lugar feminizado de las labores del cuidado dentro de la actual división sexual y social del trabajo, y las implicaciones afectivas y emocionales de dichas labores.

Aunque según el caso se han propuesto diferentes nociones de lo que significa el cuidado, en años recientes se ha popularizado una definición amplia de éste, propuesta por Joan Tronto y Bernice Fischer:

En el nivel más general, nosotras sugerimos que el cuidado sea visto como una actividad de la especie que incluye todo lo que hacemos para mantener, continuar y reparar nuestro ‘mundo’ para que podamos vivir en el de la mejor manera posible. Ese mundo incluye a nuestros cuerpos, a nosotras mismas, y a nuestro medio ambiente, todas estas cosas que tratamos de entretejer en una compleja red de sostenimiento de la vida (1993, p. 103, la traducción es mía)

Esta definición da cuenta de las amplias dimensiones que tienen las prácticas, las labores, los trabajos y los quehaceres de cuidado en nuestras vidas, a la vez que señala el carácter interdependiente de todas las relaciones humanas, cuya existencia requiere de una compleja red de sostenimiento de la vida. Además, en esta definición, el cuidado no es planteado como algo eminentemente femenino sino como algo común de nuestra especie, es decir, que el cuidado no solo no emana exclusivamente de las mujeres, sino que tampoco proviene de todas las mujeres.  (Arango y Molinier, 2011, p 17).

A pesar de que cuidar es algo que todas las personas podemos hacer, no es algo que todas las personas hagamos o tengamos que hacer. Por el contrario, la división sexual del trabajo ha hecho de las labores y los quehaceres del cuidado, en muchas ocasiones ligados a los trabajos domésticos y reproductivos, trabajos poco valorizados y poco tenidos en cuenta, bajo el supuesto de que carecen de importancia económica, son repetitivos y realizados por personas pertenecientes a grupos subalternos. Esto hace que en nuestra sociedad algunos no tengan nunca que cuidar y a otras, por el contrario, se les recargue la mayoría del cuidado dentro y fuera del hogar.

Sin embargo, el debate no sólo refiere a quién hace este tipo de trabajos, sino que se enmarca en una pregunta ética por el cuidado y por el mantenimiento, la continuación y la reparación del mundo en el que vivimos. Lo anterior impacta de manera profunda las implicaciones de una huelga como la que queremos hacer, es cierto que las mujeres podemos parar el mundo, pero cuáles son las implicaciones de hacerlo y las razones por las que no podemos o decidimos no hacerlo son otras aristas del problema.

Un mundo de cuidadores y cuidadoras

Es muy probable que hoy 8 de marzo muchas queramos parar y sin embargo no lo hagamos. Probablemente muchas de nosotras haremos trabajos y labores de cuidado que van desde hacer la mayor parte del trabajo doméstico hasta estar pendiente de alguien más, dar afecto, preocuparse y ocuparse de las necesidades de otras personas. Aunque esto puede dar cuenta de algunas dificultades a las que se enfrentan los movimientos feministas y de la necesidad de seguir juntando fuerzas, también habla de cómo en nuestras vidas como mujeres solemos privilegiar relaciones de interdependencia en las que reconocemos a los otros y a las otras.

Las mujeres movemos el mundo y podemos pararlo, pero no estamos dispuestas a pararlo así sin más, tampoco quisiéramos pararlo solas, más bien quisiéramos cuidarlo para que la vida aquí sea de la mejor manera posible. Ello implica transformaciones profundas que pasan por construir un mundo en el que el cuidado no siga recargándose en los cuerpos de las mujeres, sino que sea socializado y redistribuido entre hombres y mujeres. Dichas transformaciones pasan por sentirnos acompañadas en las tareas domésticas y de cuidado; por la revalorización de estos trabajos en términos sociales y salariales; y por el fin de una sociedad en la que unas tienen que cuidar mientras los otros nunca cuidan.

Lo anterior implica necesariamente que los hombres se hagan cargo y se comprometan con aquellos trabajos y labores que históricamente han descargado sobre las mujeres, pero también por el mejoramiento de las condiciones laborales de quienes hacen la mayoría de los trabajos del cuidado de nuestra sociedad: las empleadas domésticas, las enfermeras, las madres comunitarias, las profesoras de los jardines y los colegios, las auxiliares de enfermería, las amas de casa, las madres de tiempo completo o con dobles y triples jornadas. Para que podamos parar, todas necesitamos de aliados y compañeros que estén dispuestos a asumir las labores y quehaceres de cuidado, necesitamos construir un mundo de cuidadores y cuidadoras.


Referencias bibliográficas

Arango, Luz Gabriela y Pascale Molinier (2011) “El cuidado como ética y como trabajo” en El trabajo y la ética del cuidado. Medellín: La carreta editores.

Fisher, Bernice, y Joan C. Tronto. (1990) “Toward a Feminist Theory of Care.” en Circles of Care: Work and Identity in Women’s Lives, editado po Emily K. Abel and Margaret K. Nelson. State University of New York Press.

 

  1. Al respecto recomiendo la columna de Ayomide Zuri “La huelga feminista como mujer negra” disponible en https://afrofeminas.com/2018/02/19/la-huelga-feminista-como-mujer-negra/