La Coalición Colombia en las presidenciales: el fracaso del centro 

La Coalición encontró un espacio discursivo saturado, más que polarizado. El lugar del centro ya estaba ocupado por Petro, cuyo discurso de modernización capitalista teóricamente no se distingue mucho de la “tercera vía” de Santos. Los dirigentes de la Coalición se sitúan más a la derecha que a la izquierda. Comparten con las élites su añejo temor frente a formas de política basadas en la interpelación directa del pueblo.

La Coalición Colombia en las presidenciales: el fracaso del centro

La Coalición Colombia, que reunió las agrupaciones Compromiso Ciudadano, Alianza Verde y la fracción del Polo Democrático liderada por el MOIR, tuvo un importante desempeño en las elecciones presidenciales hasta el punto de que, en contra de las encuestas, estuvo cerca de desplazar a Colombia Humana de la segunda vuelta presidencial. Sin embargo, fracasó rotundamente en su intento de constituir una identidad y un discurso políticos de centro.  

“No más polarización” o las paradojas del miedo a la política

Llamar a no polarizar, en los términos en que se ha venido haciendo, no solo es igual a polarizar, sino que es equivalente a excluir aquellos sujetos y aquellas demandas y necesidades que han sido excluidas del terreno de lo político, implica oponerse a posicionar en la agenda pública temas necesarios para la construcción de la paz y dar continuidad a una estrategia discursiva del “centrismo no civilizador”.

¿Por qué tememos tanto a Petro?

Le tememos tanto a Petro porque la democracia liberal aún nos asusta. Nuestra concepción de la democracia liberal es demasiado restringida como para darnos cuenta de que aquello que la amenaza no es el supuesto peligro del “castrochavismo” o del “populismo” sino la manera misma en que ponemos en práctica la discusión pública

El acontecimiento Gaitán. Para una filosofía de la historia colombiana

En contienda hay varios proyectos de comunidad política y no todos son partidarios de una asunción del pasado; por el contrario, la mayoría de los proyectos quieren dar permanencia a la discontinuidad, dejar el pasado en el pasado más que hacerlo presente. Se trata de proyectos de comunidad política excluyentes, que pugnan por mantener una masa manipulable, obediente a toda costa, aunque sus ocurrencias sean cada día más absurdas.

El oportunismo plebiscitario y la paz

Quienes hoy están en deuda con la paz no son las FARC ni es el Gobierno de Santos, sino los partidarios del No al Acuerdo. Su cuestionamiento, con argumentos falaces pero sonoros y escandalosos, a cualquier iniciativa que contribuya a la paz, evidencia que sólo ellos continúan pensando la política bajo el esquema amigo-enemigo; tanto que ni siquiera han tenido la delicadeza de rechazar con el ahínco que los caracteriza la guerra sucia en contra de los líderes sociales, la misma que pelecha en el ambiente de odio y venganza que su discurso contribuye a crear.

La refrendación de la paz: ¡que el pueblo decida!

Los problemas de legitimación de la paz a los que nos enfrentamos en la actualidad están enraizados en esa proscripción política del pueblo. Eso mismo ocurrió en 1991, porque la Constitución nunca logró realizarse como el gran acuerdo de paz que nos enseñaban en las clases de educación cívica en el colegio. A ese pacto entre el M-19 y los sectores progresistas del bipartidismo le faltó un pueblo, le faltó un conjunto de ciudadanos que irrumpieran en el escenario político para hacer valer sus derechos y asumir sus deberes.

La lógica del genocidio

Evitar el genocidio político es una necesidad que pasa por garantizar los derechos políticos tanto de los futuros desmovilizados como de todos los ciudadanos colombianos. Por lo tanto, invita a pensar en maneras de desactivar la posibilidad de que se combinen balas, dinero y votos, algo que no parece estar entre las prioridades de las élites que han sacado provecho de ella.

El diagnóstico como síntoma. Sobre la crisis de la izquierda

Mi hipótesis, que tal vez pueda agregar otro punto de vista, es que el problema radica en la comprensión de la política que ha guiado las prácticas de la izquierda en estos años, tanto del lado de los gobiernos progresistas como del de sus críticos. Se trata de una forma de entender la política hasta cierto punto anacrónica en tanto que no responde a los desafíos de la sociedad contemporánea.

¿Quién le teme a la paz? Problemas y perspectivas de las negociaciones de La Habana

Con todo, el reto más importante es para los sectores organizados de esa mayoría que apuestan por la paz, para superar sus problemas de acción colectiva. Tanto el eventual acuerdo entre la guerrilla y el gobierno, como la construcción de la paz, dependerán en últimas de la capacidad de los movimientos sociales y otros actores progresistas para sustraer esa mayoría de la influencia de los adversarios y articularla en función de la paz con justicia social.

Los incentivos para un cese bilateral del fuego

Como algunos analistas han advertido, el suceso del General Alzate ha demostrado que las FARC funcionan como un ejército unificado y podrían cumplir una tregua bilateral. No obstante, sus cálculos parecen seguir orientándose a lo militar más que a lo político. Probablemente continúan suponiendo que un desequilibrio militar en su favor los pondría en mejor posición en la mesa de negociaciones.

Los “Debates ad hominem” de Mauricio García. Sobre las falacias en la política

Aunque tanto Cepeda como Uribe y sus defensores hicieron afirmaciones sobre personas, sus retóricas no pueden hacerse equivalentes. En el primer caso se trata de argumentos fundamentados sobre personas en el contexto del control político y de un problema que difícilmente puede tratarse en abstracto, mientras en el segundo caso sí se trata de falacias, afirmaciones sin fundamento cuyo fin era atacar personas -no argumentos, pruebas o evidencias- con el fin de deslegitimarlas como interlocutores válidos.