¿Cómo perder la tierra en Colombia desde la guerra y la ley?

Al seguir esta ruta de identificación con los mecanismos de decisión y participación locales-comunitarios, el reconocimiento del territorio se antepone como el requisito de control autónomo en el que la preservación, cuidado y significación social y cultural son las variables de defensa por la vida, ante los proyectos económicos de muerte respaldados en el plano militar y soportados desde el marco legal.

Dura es la ley, pero es la ley

Dura es la ley, pero es la ley, tan contundente que en escenarios reales se vuelve invisible, tan formal que en los territorios pierde su forma y su tecnicismo. Más allá de contextualizarla y territorializarla, su verdadera implementación en el campo de la interpretación depende de la comprensión de los hechos sociales que se desarrollan en el orden de lo local, de lo comunitario y de lo particular.

¿Y dónde está el Estado colombiano en los tiempos de paz?

Necesitamos un Estado descentralizado, cuyas instituciones gobiernen desde las regiones y sus funcionarios respondan a las dinámicas locales-comunitarias y no al aparato burocrático central. Así podremos ir encontrando al Estado perdido y suplantado, así podremos hacerlo propio y colectivo. El Estado de la vida cotidiana, el de nuestros sueños y el de nuestras esperanzas, el de nuestros cuerpos y territorios.

Todo es cuestión de sentido común: reflexiones y perspectivas del movimiento indígena colombiano. Del “enfoque diferencial” y los proyectos de inversión a los procesos comunitarios

Con el establecimiento de un espacio de negociación entre las organizaciones indígenas y el Gobierno nacional conocido con el nombre de la Mesa Nacional de Concertación, la viabilidad de incidir sobre las decisiones gubernamentales se ve relegada a la participación en este espacio institucional y a la posibilidad de incluir en cada documento oficial el concepto del “enfoque diferencial”.

De la mano de Dios al imperio de la Ley: El proyecto de la “paz territorial” en tiempos de agroindustria y neoextractivismo

La paz territorial se construye desde lo local, desde lo comunitario. Su alcance debe delimitar, frenar e imposibilitar el avance de la violencia institucional, gamonal, paramilitar y empresarial, combatiendo el neoextractivismo, redefiniendo la “paz territorial” desde la puesta en marcha de los territorios de paz.

Sintiendo y viviendo el terrorismo de Estado: La guerra es la paz, la libertad es la esclavitud, la ignorancia es la fuerza

La maquinaria del ministerio de Guerra (policía, fiscalía) como en el cuento de Orwell aceleró su funcionamiento y en el nombre de la estabilidad social enviaron a la cárcel a los(as) 13 presuntos responsables. ¿De qué delito? Hasta ahora nadie lo sabe. ¡El gran hermano te vigila pero también te castiga!

¿Repensar, identificar o combatir a la Hidra Capitalista?

El estado de Chiapas ha comenzado a transformarse. El interés por el medio ambiente tan solo se encuentra redirigido para encontrar-identificar y explotar los principales recursos naturales, especialmente el agua. La apuesta central de este gobierno se encuentra enfocada hacia el turismo y la infraestructura materializada en nuevos aeropuertos, autopistas y hoteles; tan solo intenta acelerar el motor del sistema económico capitalista.

La dignidad de abajo

Rescatando un viejo eslogan del gobierno mexicano, “mover a México”, podríamos afirmar que mientras “México se mueve” y sus instituciones se fortalecen y las reformas económicas avanzan en pro del fortalecimiento del sistema económico, los movimientos sociales, los pueblos dignos y resistentes avanzan con la mirada en alto, fomentando la organización popular, reforzando la memoria y continuando con la lucha social, esa que nace de abajo.

¡Oh! ¿Y ahora quién podrá defendernos?

Nuevamente los actos de represión e intimidación en contra de la población, de la educación popular rural y del movimiento estudiantil, volvieron a resurgir. Sin embargo la generalización del miedo y las campañas de desinformación mediática no pudieron evitar el desarrollo y gestación de un proceso que comenzó a evidenciar un estado de agotamiento social, de desesperación colectiva ante un sistema político que respondía ante cualquier demanda social con el uso “legítimo” de la violencia.