De Snowpiercer a Okja: lucha de clases y liberación animal

La violencia estructural hacia los animales se disfraza con el discurso de la responsabilidad empresarial, el bienestar animal y el desarrollo sostenible. Una “mentira piadosa” para hacer más atractivo el engaño colectivo al que nos acostumbramos. Y es que, si bien algunos ignoran esta realidad, la mayoría sabemos cómo son las cosas, pero no queremos hacer nada al respecto.

Cárceles, participación y transformaciones para la paz

El momento exige la confluencia de todos los procesos, de todas las agendas y de todas las esperanzas del conjunto de la sociedad. Para esto la participación de la población privada de la libertad y sus familias es fundamental y necesaria, no solo como un ejercicio de defensa de los derechos humanos, sino como una garantía para una verdadera democracia, base fundamental para la superación del conflicto y la edificación de una paz con justicia social.

Algunas reflexiones a propósito de la nueva Ley de Protección Animal

Por ahora es necesario superar dos simplismos: por un lado, el sentimentalismo que nos lleva, a lo mucho, a ser “amigo de los animales” y a defender “mascotas”, condenando fuertemente el maltrato animal contra unas especies, pero legitimando el maltrato contra otras. Y por el otro, no podemos reducir la lucha por la liberación animal y los derechos de los animales a una cruzada moral e individualista sin trascendencia social y política.

Con consulta o sin consulta las corridas de toros se tienen que acabar

El movimiento animalista convenció al país, con argumentos, acerca de la necesidad de prohibir las corridas de toros. A pesar de los ataques mediáticos se posicionó en el debate público y logró articular su discurso con el tema de paz. Por ahora, no ha logrado conquistar el instrumento que había proyectado alcanzar para que se prohíban las corridas de toros en Bogotá, pero se ha ido abriendo un camino importante.

¿Para qué sirve la extradición en Colombia?

No se trata, por supuesto, de negar la posibilidad de la cooperación entre países sino, por el contrario, de enfatizar en que las relaciones internacionales deben promover la soberanía de las naciones, su autodeterminación y el respeto por los derechos humanos, así como el ejercicio propio de la justicia, sin desconocer los imperativos ético-políticos a que puedan dar lugar situaciones que violen el derecho internacional.