Corrupción y desigualdad: dos lados de una misma moneda 

La corrupción no es un tema menor y aunque algunos lo tratan como un elemento de mera normatividad también incluye elementos culturales; por supuesto, refleja también parte del conflicto distributivo. Por eso es importante definirla como un mecanismo en el que se utilizan diferentes herramientas legales, ilegitimas y/o ilegales para obtener un beneficio económico, como una actividad presente tanto en el sector público como en el privado, y por lo general se realiza en contubernio de los dos.  

El modelo de desarrollo en Colombia, entre el continuismo y la democracia

En la región y en especial en Colombia, nos enfrentamos a un dilema: la acentuación de la oligocracia y su consecuente restricción de la libertad, o la posibilidad de implementar modelos democráticos, donde se decida no solo sobre quienes pueden representar, sino también sobre el futuro político y los modelos de desarrollo compatibles con las características geográficas de la región y los designios de las comunidades sobre el territorio.

¿Por qué no pasa nada con tanta corrupción?

La corrupción involucra entender la dualidad presente en las instituciones actuales: de ser por un lado la garantía de estabilidad y, por el otro, herramienta para el enriquecimiento de algunos sectores de la sociedad. Así pues, los Zuluaga, los Vargas, los Santos, los Samper y los menos visibles en la arena política, los Sarmiento, los Ardila, etc., representan esos grupos que han estado estrechamente ligados a la construcción del Estado, pero que además se han enriquecido en el proceso.

¿Quiénes ganan y quiénes pierden con la desaceleración económica?

Tenemos que la austeridad inteligente, en la que se enmarca el aumento de la tasa de interés, no prevé que la economía mejore, por lo menos no para todos. Así las cosas, las primeras decisiones monetarias y fiscales afectan a la ciudadanía en su conjunto, pues aumentan la deuda, que recae sobre la soberanía de la nación, pero además es una aplicación pro cíclica, en vez de generar políticas de choque frente a la desaceleración.