Colombia hoy: decálogo desde el establo 

A nuestro Amahbul lo escuda cierta imagen de la ley (sus abogados), y lo amplifica su coro (los periodistas) con sus alertas, sus extras, su “última hora” y sus pánicos. Es así un ejercicio controlado de la palabra, sin rivales ni disputas, ligado al mando. Pero no se produce ninguna verdad, ningún abismo, nada insospechado: sólo la repetición de lugares comunes y signos conservadores (patria, honra), la reiteración de frases redundantes: la ilegalidad no riñe con el sentido común y lo obvio. 

¿Se puede? John Dewey sobre los medios y los fines

Para nuestro caso, los principios y valores, y los medios y fines operaron de cara al escenario que estábamos enfrentando, que era la segunda vuelta presidencial. La respuesta de la Coalición Colombia fue el voto en blanco. Ahora, ¿el voto en blanco fue un medio o un fin? Si fue un medio, pues son los medios los que justifican el fin, ¿cuál podría ser el fin?, ¿la tranquilidad interior?, ¿la coherencia?

Actualidad de un discurso rectoral: intelectuales y elecciones en Colombia

Varios intelectuales incluso igualaron a Gustavo Petro con Álvaro Uribe (ni siquiera con Iván Duque, que era el candidato). Los igualaron como si fueran lo mismo, como si diera lo mismo izquierda que derecha. Como si todo valiera lo mismo, o si todo diera igual: la definición perfecta del nihilismo. Todo da igual, todo es lo mismo, entonces nada vale la pena, nos dijeron estos intelectuales: ni siquiera elijas, vota en blanco, asume que el mundo no es de experimentos, ni riesgos, bájale al tono, no es para tanto. Recuerda que todos aquí somos amigos de la paz, dicen. Da igual la verdad que la no verdad, comentan unos. La política es sólo el arte de lo posible, no de lo imposible dicen otros. Todo da igual, dicen estos intelectuales, no es tan grave, relájate…. nihilismo.  

Izquierda con populismo

Más allá de la retórica de los medios masivos de comunicación, y de las histerias de muchos políticos profesionales, la discusión contemporánea sobre el populismo apunta hacia nuevas direcciones. Bien porque el populismo deja de concentrarse en una persona redentora (el caudillo), y se convierte en una lógica constitutiva de la política, que hace inevitable el antagonismo, e imborrable la discordia entre sectores sociales con intereses dispares. O porque, de alguna manera, el “pueblo siempre falta”: siempre está por venir.