La memoria y el olvido en tiempos de posconflicto

Hacer memoria en tiempos de posconflicto, no pasa por la reconstrucción plana de hechos, relatos e historias traumáticas, sino por recordar y asimilar para enaltecer la vida. La memoria debe potenciar el presente y el futuro, debe robustecer el potencial creativo que es consustancial al ser humano y esto pasa necesariamente por dejar atrás lo que no se puede digerir, o mejor, por dejar en la oscuridad aquello a lo que no le podemos dar nuevos sentidos vivificantes y esperanzadores.

El duelo y la paz

El duelo es entonces un asunto que oscila entre lo individual y lo colectivo. Cuando se pierde a alguien, no solo se apaga la vida de otro, se suspende todo un trazo de la vida en común que debe ser reparado, esta reparación no obstante, requiere de una serie de estructuras sociales e institucionales que la viabilicen.

La cárcel y el silencio

En el encuentro con el otro, nos vemos obligados a revisitar nuestros propios prejuicios frente a un asunto particular y por esta vía ampliamos nuestra perspectiva frente al mismo. Con esto en mente, podemos decir que no hay nada de dialógico en la persecución del movimiento social por parte del Estado, de hecho, con esto queda claro que poco le interesa al aparato estatal revisitar sus anquilosados prejuicios con respecto a la acción colectiva y a la movilización social.