Once normas básicas para convertirse en un oficinista

Todo oficinista de bien sabe que no está del todo bien ser oficinista. Tiene que haber algo de antinatural en el hecho de que un mamífero esté sentado tanto tiempo. ¿Un comportamiento único en el reino animal? Seguramente. ¿Alguna conducta similar en la historia del sapiens? No lo creo. ¿Qué dirán las enciclopedias de los oficinistas cuando su labor histórica desaparezca y se enseñe en las escuelas como una curiosidad antropológica? Nunca lo sabremos, por fortuna.

La miseria del mundo (Breve taxonomía de los oficios infames)

Todos los intelectuales del mundo, incluyendo a Dios, podrían dejar de trabajar una semana y no creo que pasaría mayor cosa. En cambio, habría que pensar en un día en el que todos los oficios del mundo se detuvieran para poder figurar el caos: pueblos, ciudades y naciones paralizadas. El motor de la sociedades -paradójicamente escribo-, está tan lejos de la meditación como cerca del trabajo práctico.

Sujeto en las Iglesias

Tengo esta impresión de que lo que está en juego en las iglesias es una disputa por el sentido común, por el orden simbólico de las cosas. Al contrario de la ciudad, en donde todos nos odiamos con todos, en las iglesias se nos impone un código que cumple el papel de ocultar, legitimar y naturalizar las diferencias sociales.

El espacio entre las cosas

He llegado a mi estación. Mientras me escabullo entre los otros pienso en los buses colmados, las cárceles saturadas, las escuelas y hospitales públicos del hacinamiento. ¿Por qué habrá lugares en los que hay más espacio entre las cosas? Y creo que sí, que la lucha de los oprimidos también es por el espacio.

Instrucciones para fumar marihuana

Para que usted fume marihuana hará falta un poco de confianza en la procrastinación. A la ética del trabajo, reivindicada por igual por marxistas, obreristas, neoliberales inescrupulosos y fanáticos protestantes, deberá usted contraponer su derecho al ocio o, en palabras de Bataille, al gasto improductivo. Olvide las técnicas americanas de estudio, las diez claves del éxito y demás atajos que le propone el capitalismo. Absténgase del trabajo útil.

Privatizar el castigo: la historia de un ladrón de queso

¿Y si echáramos una mirada al interior de las prisiones de tanto en tanto? ¿Y si reconociéramos que las sociedades desiguales agrupan a la vez que excluyen? ¿Y si reconociéramos la contingencia de ser quienes somos y no ladrones, asesinos o indigentes? Ya lo advertía Dostoievski hace más de un siglo: “las normas de la civilización de un país pueden juzgarse al abrir las puertas de sus prisiones”.

¿Buenas razones para quemar juzgados?

Antes de que la próxima reforma a la justicia rellene a pueblos como Caloto o Miranda de juzgados, si es que lo hace, habría que preguntarles a los ciudadanos qué tipo de justicia demandan, qué jueces se consideran legítimos en el territorio, bajo qué formas jurídicas se sienten amparados. Habría que entender que el lenguaje de la justicia debe corresponderse con el lenguaje del pueblo