Andrea Cely Forero

* Andrea Cely Forero

Politóloga de la Universidad Nacional de Colombia con título de Maestría en Estudios Culturales de la Universidad de Los Andes. Dentro de sus principales intereses investigativos se encuentran los movimientos sociales en América Latina y la acción política en la vida diaria. Tiene publicados los resultados obtenidos sobre experiencias de pedagogía feminista, planes de vida como alternativas políticas de resistencia y las tensiones entre el movimiento social y político en América Latina. Hace parte del Congreso de los Pueblos, una experiencia de movilización social que intenta construir legislación popular

La primera asociación que hice al escuchar la expresión “ideología de género” fue con el fantasma que recorre al mundo, frase con la que inician Marx y Engels el Manifiesto Comunista: “Un fantasma recorre Europa: es el fantasma del comunismo. Todas las potencias de la vieja Europa se han aliado en una sacrosanta cacería de este fantasma: el papa y el zar (…)”1. A partir de ahí, pensé que lo único bueno que manifestaba esa frase, repetida por el destituido exprocurador, pastores evangélicos y hombres conservadores, era que el fantasma del feminismo se empezaba a sentir como una amenaza. ¿Una amenaza o un enemigo para quién? ¿Una amenaza frente a qué? En este caso, por convertirse en la posibilidad de transformar valores homogeneizantes, discriminadores y excluyentes que consolidan relaciones desiguales entre los seres humanos. Y por eso tuvieron que aliarse en una nueva sacrosanta cacería.

Sin embargo, sólo lo imaginé como un mal chiste, pues comparto la idea de Mara Viveros, quien considera que “la ‘ideología de género’ es una forma tendenciosa de presentar los estudios feministas y de género al servicio de una ideología”2. Viveros no dice a cuál, pero es importante manifestar algunas reflexiones al respecto.

En primer lugar, algunas autoras ya han usado la metáfora del fantasma del feminismo para referirse justamente al fantasma que también recorre al Manifiesto Comunista3. Y, en este sentido, han marcado la pauta en las críticas a las organizaciones de izquierda por la falta de reconocimiento de las mujeres luchadoras y, especialmente, a la ausencia de transformación en los espacios domésticos. En segundo lugar, puedo decir con tranquilidad que cada vez tengo más hombres alrededor que cuestionan sus privilegios, e incluso están dispuestos a romper con el silencio acerca de prácticas patriarcales ejercidas por sus amigos o sus congéneres. Y este hecho es concreto, no un anhelo. En tercer lugar, el feminismo se ha convertido en el cuestionamiento práctico de formas de ver el mundo, y este hecho lo hace aún más peligroso para los zares. No se trata de un discurso; es una práctica y, para mayor amenaza, cotidiana. Falta mucho, pero el feminismo, aunque a veces sea difícil de percibir, avanza. Y en este sentido, la metáfora del fantasma es útil.

Cuando se comprende el feminismo como una práctica, se entiende como una lucha por hechos concretos. Tan concretos y dolorosos como el feminicidio o el acoso. En los últimos días hemos tenido que leer noticias que narran cómo unos niños de 12 años habrían violado a una niña, compañera de sus clases, a la salida del colegio4. O el asesinato de una bebé por parte de sus padres por que no nació varón5. Y, entonces, situaciones como éstas también nos hacen comprender que el feminismo es necesario como práctica y como forma de ver el mundo.

Nos encontramos en medio de un contexto mundial que ya está denunciando con menos prevención los hechos de violencia contra las mujeres y, al mismo tiempo, en un momento de quiebre a nivel mundial para avanzar como movimiento. El próximo 8 de marzo, las mujeres estamos convocando a un paro internacional. Se trata de una iniciativa que busca demostrar fuerza, afianzar confianzas, desahogar rabia y avanzar políticamente. Esperamos que la creatividad y la contundencia sean tan diversas como diversas somos las mujeres y de alcance mundial, como lo es el patriarcado.

Sin embargo, estas iniciativas deben ampliar con más fuerza el diálogo entre el movimiento de mujeres y los demás proyectos políticos transformadores. Así como no basta una movilización para frenar el feminicidio, tampoco es suficiente aprobar una nueva ley sin participación de las mujeres. En este sentido, no puedo dejar de traer una reflexión hecha por el escritor mexicano Carlos Monsiváis:

La causa de la mujer avanza hasta donde es posible y se ve contenida por las mismas fuerzas que se oponen a la democratización, y en política, según creo, los objetivos específicos de las feministas (de la despenalización del aborto a la justicia salarial) intensificarán su eficacia sólo cuando correspondan de modo orgánico a un proyecto más amplio. De otra manera, la causa se diluye en la contingencia, las activistas desembocan en peticionarias, las luchas se vuelven mitologías y los avances son siempre profundamente insatisfactorios, al cotejárseles con el todo del monopolio machista. ¿Eso es renunciar a los principios? Más bien, es ampliar su radio de acción. Así sea el eje, la perspectiva feminista debe ser, para las mujeres que intervienen en política, solo una parte de su planteamiento. De otra manera, perpetuarán la exclusión en nombre de la teoría6.

En otras palabras, el hacer de la lucha feminista un diálogo con los demás proyectos políticos no lo hace menos feminista; al contrario, amplía las posibilidades de incidencia y transformación, incluso de prácticas políticas que continúan siendo profundamente conservadoras. Quisiera invitar con ello a que sigamos avanzando y a que hagamos del fantasma del feminismo una forma de vida que constituya un proyecto político que impacta en todas las esferas del poder. Así como se recrea el paro internacional del 8 marzo invitando a imaginar un mundo sin mujeres, yo invito al movimiento a que esta acción sea el inicio de un proyecto tan amplio que sea imposible dejar de percibir el fantasma.

Cada vez que imagino la posibilidad de algo así, recuerdo una parte del maravilloso escrito de Chimamanda Ngozi Adichie cuando su mejor amigo le pregunta:

“- Sabes que eres una feminista?

-No era un cumplido. Me di cuenta por el tono en que lo dijo, el mismo tono con que alguien te podía decir: “Tú apoyas al terrorismo”7.

Y cada vez que escucho algo así, entiendo por qué tienen miedo.

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1Marx K. & Engels F. (1998). Manifiesto comunista. Barcelona: Crítica.

2Los interrogantes que suscita la construcción de un nuevo enemigo: la ‘Ideología de género’ En: http://www.elespectador.com/noticias/educacion/los-interrogantes-suscita-construccion-de-un-nuevo-enem-articulo-650104?utm_source=Atrapium_Gi33&utm_medium=email&utm_campaign=Newsletter+El+Espectador+2016-08-20

3Bellucci M. &Norman V. “Un fantasma recorre el manifiesto: el fantasma del feminismo”. En: Debate Feminista. Vol. 18. Octubre de 1998.

4http://noticias.caracoltv.com/medellin/dos-ninos-de-12-anos-habrian-violado-companera-la-salida-de-un-colegio-en-medellin

5http://m.eluniversal.com.co/sucesos/pareja-de-esposos-habrian-asesinado-su-hija-porque-no-fue-nino-247151

6Monsiváis, C. (2013). Misógino Feminista. México D.F. Océano.

7Ngozi Chimamanda (2015). Todos deberíamos ser feministas. Bogotá: Random House.