Julie Massal

* Julie Massal

Doctorado en Ciencia Política, Universidad Aix-Marseille III, Instituto de Estudios Políticos de Aix-en- Provence (Francia). Post-doctorado de la U. Rovira i Virgili, Tarragona (España). Becaria Lavoisier (2001-2002) del Ministerio de Asuntos Exteriores (Francia). Investigadora y profesora del IEPRI-UN desde 2005 e investigadora asociada de FLACSO-Ecuador (desde1999). Ha trabajado sobre los movimientos sociales indígenas y su participación en los procesos de democratización en el Área Andina (Bolivia y Ecuador especialmente). También ha trabajado (postdoctorado y proyectos) en el tema de la migración latino-americana a Europa. Actualmente cursa el Máster Profesional "Oficios del Libro", Universidad de Bourgogne, en Dijon, Francia

Nada de sorpresa pero sí mucho asombro

El pasado 23 de abril, al cabo de la primera vuelta de la elección presidencial francesa, quedaron dos finalistas de los once candidatos: Emmanuel Macron (movimiento “En camino!”) con 24% y Marine Le Pen (Frente Nacional) con 21,3% de los sufragios. Los demás candidatos que iban en la carrera y estaban cercanos eran F. Fillon que llega con 20% a la tercera posición, y J.-L. Mélenchon con 19,5% a la cuarta posición. Luego esta B. Hamon con apenas 6.3%.

Finalmente llegaron los demás “pequeños” candidatos como N. Dupont-Aignan con 4.7% (más de lo esperado) y los demás con menos de 2% cada uno1. Además por primera vez se diferencia el voto blanco y el voto nulo: estos alcanzaron respectivamente 1.78% (659.997 votos) y 0.78% (289.337 votos), es decir, aunque parezcan mínimos, más que varios de los pequeños candidatos. Entre M. Le Pen y Mélenchon, hay menos de 600 000 votos de diferencia, mientras entre Macron (primero) y Mélenchon (cuarto), poco más de millón y medio.

El resultado de los candidatos está bastante cercano a lo anticipado en los sondeos, a pesar del alto grado de indecisión que se presentía. En cambio, cabe resaltar que la abstención, que alcanza 22.7%, es menor de lo anunciado: se vislumbraba entre 28 y 30%. El atentado del 20 de abril en Paris, que dejó un policía muerto y uno gravemente herido, pudo haber tenido efecto en la participación, aunque también ésta dimensión estaba sujeta a la indecisión del electorado. En todo caso es menor a la del 2002 (entonces fue del 28%), cuando se presentó una situación similar: la presencia del Frente Nacional en la segunda vuelta. Lo cual permite dudar que sea la abstención la que favorece a Le Pen.

La principal novedad, además de la eliminación de los dos partidos tradicionales, provino de la segunda posición de Le Pen, que alcanzo 21.3%, lejos del 27 % que tuvo en los sondeos de la mitad de marzo, aunque su bajada venía registrándose en las dos semanas anteriores a la elección. El resultado es ambivalente: ella logra 4% más que en 2012, pero su resultado es menor de lo esperado entre sus partidarios. Sin embargo, no debe minimizarse su fuerza. La segunda vuelta no esta jugada.

Contrastes y sesgos locales o regionales

Se observa una serie de contrastes regionales y un fuerte sesgo urbano/rural. Al nivel regional, el mapa de Francia evidencia una clara división, que no es nada nueva. Por un lado hay una parte Noroeste, que incluye Bretaña y Normandía, y gran parte del centro de Francia, que fueron conquistados por E. Macron2: son zonas de tradición agrícola, pero de agricultura extensiva y agroalimentaria. El suroeste es un poco más contrastado: es en gran parte favorable a Macron también, aunque algunos departamentos más rurales dieron mayoría a Mélenchon (Dordogne, Ariège). Todas esas regiones, que son de afiliación católica dominante, tradicionalmente votaban por partidos de derecha como Los Republicanos. Este resultado puede explicarse, a pesar de la “novedad” de Macron en el espectro electoral, en parte porque uno de sus principales aliados políticos ha sido F. Bayrou, un centrista liberal moderado, procedente del suroeste de Francia, que drena este tipo de votación. En cambio, F. Fillon, de la derecha tradicional, parece haber perdido fuerza en este campo.

Por otro lado, la región noreste, más marcada por el desarrollo industrial pasado que ha sido abandonado y ha dejado mucha pobreza y precariedad laboral, y la costa sur mediterránea, también empobrecida principalmente en las áreas periféricas de pequeñas o medianas ciudades con mayor desempleo, son claramente favorables a M. Le Pen. Estos son sus bastiones tradicionales tanto en el ámbito nacional como en escrutinios locales y regionales3. Esto obedece a que su electorado se compone de una población que se siente marginada socialmente, afectada por la globalización, aunque también recoge, en el Sur, un grupo de electores más bien favorecidos, principalmente jubilados, y sectores hostiles a la inmigración.

El sesgo urbano/rural es también marcado, aunque cruzado con los matices regionales. Macron consigue un mejor resultado en las grandes ciudades y Le Pen es más fuerte en la parte rural y periurbana, sobre todo en ciudades del sur de Francia. En dos de las tres más grandes ciudades, Paris y Lyon, E. Macron es primero, seguido por F. Fillon. M. Le Pen obtiene resultados inferiores a sus contrincantes en Paris, Lyon, Burdeos y Toulouse; no obstante ella es segunda en Marsella y Niza y tercera en Montpellier.

Cabe destacar la principal sorpresa de este escrutinio: J.-L. Mélenchon llega primero en cuatro grandes ciudades de provincia como son Lille, Toulouse, Montpellier y Marsella, en las que ha logrado vencer el Frente Nacional. Mélenchon también ha logrado recuperar terreno en algunas ciudades más pequeñas del sur de Francia, donde el FN había conseguido fuerza en los últimos años: este es el caso del departamento “Le Gard” (Nîmes), en el sureste, antigua zona minera y con una fuerte parte rural empobrecida, que ha mostrado un claro predominio del Frente Nacional en escrutinios nacionales y locales pasados.

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Derecha e izquierda tradicional derrotadas: ¿la implosión del bipartidismo?

Estos breves apuntes, aunque no alcanzan a reflejar la complejidad de esta primera vuelta, nos permiten afinar las hipótesis mencionadas en la anterior entrega4: ¿hasta dónde podemos hablar del fin del bipartidismo tradicional?

Un hecho ineludible es que los dos partidos mayoritarios tradicionales, los Republicanos5 y el Partido Socialista, perdieron aunque no en la misma proporción. F. Fillon aún logra una quinta parte de la votación, pese a los asuntos que afectaron su imagen y a su puesta en examen el 14 de marzo por desvió de fondos públicos. Es decir, a pesar de la supuesta “persecución” judicial y mediática que tanto denunció, alcanzó la tercera posición. Si bien su derrota es simbólica, máxime cuando la derecha tenía todas las de ganar, su impacto es más que todo un asunto partidista interno: se observa desde ya un incremento de las divisiones entre diversas corrientes y figuras de los Republicanos, que pelean por el liderazgo y la renovación de su línea política. Para F. Fillon, es obviamente un golpe fuerte, más aún después de haber afirmado durante meses que él lo lograría gracias a su determinación. Con él, N. Sarkozy, ex presidente, y A. Juppé, ex ministro y alcalde de Burdeos, ambos derrotados por Fillon en la primaria, quedan debilitados. Algunos “pesos pesados” de la derecha salieron del primer plano.

La cosa es mucho más grave para B. Hamon, por un lado, y para el partido socialista por otro lado. El resultado del Socialismo es el más débil desde 1969. Es el fruto de la división evidente del partido socialista, cuya ala liberal decidió apoyar a Macron antes de la primera vuelta, mientras la izquierda más radical apoyó a Mélenchon en vez de Hamon. Esa fractura cuestiona la misma existencia del partido: el socialismo francés, o lo que queda de él, enfrenta su propia disolución. Hamon aceptó su fracaso en convencer, y deberá definir su propio futuro, ante un partido que lo abandonó. Este tema necesitará ser analizado a cabalidad.

El bipartidismo tradicional está entonces en una posición más que vacilante, se vislumbran fuertes sacudidas en un corto plazo, pero a pesar de un cierto movimiento de retiro, voluntario o forzoso, de la vida política de parte de algunos dirigentes tradicionales, no vemos aun claramente cuál será el panorama.

Sin embargo, el sesgo izquierda/derecha sí se mantiene, contrario a lo aducido por los medios, y queda clara la correlación de fuerzas: de un lado la derecha, entre Fillon (corriente conservadora) y Macron (corriente liberal) representa un 44% del electorado. Cabe mencionar que N. Dupont-Aignan (“De pie Francia”, soberanista), quien decía ser afín a la herencia política del General De Gaulle, acaba de pasar un acuerdo de gobierno con M. Le Pen, aportándole sus 4.7% de votos, por lo que ella representaría un 25% del electorado. Mientras que la izquierda (entre socialismo, Mélenchon y dos pequeños candidatos P. Poutou y N. Arthaud) representa un 28% como máximo y queda muy dividida. Y eso que Mélenchon logró su mejor resultado, venciendo en muchas partes al Frente Nacional.

Pero desde la primera vuelta, los sondeos que daban ventaja a Macron están decreciendo, de 62 a 59% por él – por ende suben de 38 a 41% por ella – mientras la abstención prevista se incrementa. Le Pen puede contar con un desvió de votos a su favor, desde diversas partes del espectro político, sea entre las filas de los Republicanos, de movimientos de derecha como “Marcha para todos” que se opuso al matrimonio gay, o de una parte de los electores de Mélenchon. En efecto, alrededor del 18% de los electores pro Mélenchon estarían dispuestos a apoyarla, y M. Le Pen no ha dudado en retomar incluso gran parte de la retórica de Melenchon.

Pero también existe un grupo de electores de Mélenchon que prefieren abstenerse (un 33% más o menos)6 o votar en blanco, y una parte está pensando en votar por Macron. ¿Qué peso tendrá finalmente cada grupo? Esta será una de las incógnitas de la segunda vuelta. Cabe destacar que Mélenchon había recuperado una parte de las categorías sociales que votaban por el Frente Nacional por descontento, en particular entre la juventud y los desempleados: estos podrían vacilar entre volver al FN o abstenerse.

Enfrentar el Frente Nacional: una encrucijada mayúscula

Ahora Francia está de nuevo en la encrucijada del 2002: ¿cómo enfrentar el Frente Nacional y evitar su ascenso al poder? ¿Macron tiene posibilidad de vencerlo? De allí surge la principal inquietud: ¿qué electorado puede movilizar, cuando incluso una proporción significativa de sus partidarios de la primera vuelta lo escogieron sin convicción? Dicho de otro modo, cabe determinar a quién representa efectivamente E. Macron, que resaltó, el 26 de abril: “no soy ni de izquierda ni de derecha y las combato”7.

Aun así, no podemos obviar que Macron recibió antes de la primera vuelta el apoyo de casi todo el estado-mayor del partido socialista, y desde el 23 de abril, el respaldo de casi toda la derecha, además de una apabullante mayoría del mainstream mediático. En otros términos, ¿en dónde queda la renovación de la política que él pretendía encarnar? Macron representa, en cierta medida, la opción más difícil de identificar, al menos frente a su actual contrincante, claramente de extrema derecha. De tendencia más bien liberal, ha logrado hablarle a una clase patronal compuesta incluso de pequeños y medianos empresarios que se alejaron de F. Fillon. No hay duda de que Macron impacta en una clase media urbana venida a menos que se identifica con sus sueños de riqueza, cuando él propone a los jóvenes aspirar a ser multi-millonarios. En contraste, él plantea, al igual que Fillon aunque en menor grado, una restricción de los servicios públicos y de las ayudas sociales.

Por ende, la izquierda se divide en cuanto a apoyarlo. Pues están los que argumentan que votar Macron “no es necesariamente apoyar su proyecto” sino “votar contra M. Le Pen”, y que se ha vuelto “la única opción”. Pero también están los que consideran que Macron representa la vertiente neoliberal, lo que conduce a reforzar tarde o temprano el Frente Nacional, el mismo que se alimenta de los “perdedores de la globalización” a los que Macron no “para bolas”; o sea votar Macron hoy no evitará tener a Le Pen en cinco años, y quizás incluso la reforzará aún más.

Francia está entonces en una encrucijada mayúscula. Aun así, como lo habíamos anticipado, aunque existe un discurso predominante en los medios para votar por Macron y estigmatizar a los que vacilan o quieren abstenerse, el “Frente Republicano” anti-Le Pen no consigue la misma eficacia que en 2002, si se observa la casi ausencia de fuertes movilizaciones anti-FN: más bien surgen marchas “ni Macron ni Le Pen” entre sectores de la juventud, incluso colegiales ni siquiera en edad de votar.

Si examinamos estas dos opciones un poco más de cerca, vemos que ninguna representa una verdadera renovación política. No lo es Macron en su intento de posicionarse por encima de los sesgos partidarios, pues en realidad se asienta en los dos partidos tradicionales y sus dirigentes, como F. Bayrou, F. Hollande o M. Valls. Además, su trayectoria lo asemeja a la clase privilegiada, en especial su experiencia en el Banco Rothschild. Si se juzga por su fulgurante ascenso político, de consejero presidencial de F. Hollande a Ministro de Economía y candidato presidencial, es cierto que no ha seguido el mismo recorrido que los demás y no tiene la misma longevidad en política. Pero su juventud e inexperiencia no son sinónimo de renovación. Más bien, parece ser el perfecto receptáculo para una clase política oportunista que buscará reacomodarse en su entorno.

Le Pen tampoco representa ninguna renovación, pues viene de una familia adinerada que ha organizado un verdadero clan político alrededor de su padre, J.-M Le Pen, quien provino de la franja colonialista que promovió la tortura en Argelia durante la guerra de independencia (1954-1962) y creó el Frente Nacional. M. Le Pen, que ha seguido los pasos tradicionales para su ascenso político, incluso al nivel europeo, también es sospechosa de varios asuntos judiciales, entre ellos el empleo ficticio de sus asesores en el Parlamento Europeo, varias infracciones a la legislación electoral en diversos escrutinios locales y la sub-declaración de sus ingresos y patrimonio, igual que F. Fillon. Su programa tampoco garantiza renovación alguna, aunque sí promueve unas reformas institucionales mediante el escrutinio proporcional. Ni es favorable socialmente a las clases más pobres, aunque ella logra convencer parte del electorado de lo contrario. Esta impostura quedó una vez más en evidencia este 26 de abril cuando fue a visitar a los empleados de una empresa, Whirlpool, a punto de ser deslocalizada en Polonia, mientras votó en contra de un proyecto de ley europeo que pretendía impedir la deslocalización8.

En pocas palabras, ante la segunda vuelta que se avecina, la renovación política aparenta ser el menor de los problemas de Francia. Sin embargo, la reedición agravada del dilema de 2002 y de la trampa ante la cual está de nuevo el electorado, nos recuerda que la carencia de una profunda renovación política e institucional sí es asunto de todos. Tarde o temprano se pagan los platos rotos. Ante la falta de alternativas verdaderas, o más bien la eliminación de ellas por un electorado desubicado, la desesperación, el asombro, la ira crecen en una población cada vez más impotente e impaciente. “Salvar la Republica” no puede ser un mero lema que reaparece cada tanto, para luego ser desechado apenas el candidato del sistema recupera su predominio. Macron se ha equivocado, y mucho, primero al creer haber ganado desde el 23 de abril, como lo refleja su discurso insípido de aquella noche; luego, al dejar que su adversaria recuperara el electorado descontento y, peor aún, al estigmatizar a los que dudan en apoyarlo. Errores poco dignos de un candidato presidencial a la altura de los acontecimientos.

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1J. Lassalle, 1.21% ; P. Poutou 1.09% ; F. Asselineau 0.92% ; N. Arthaud 0.64% y J. Cheminade 0.18%.

2Según el mapa electoral sobre el voto por E. Macron, publicado el 24-04-2017 por France Culture: https://www.franceculture.fr/politique/miroir-inverse-du-vote-fn-les-cartes-du-vote-macron

3A primera vista, no parece que la reforma administrativa que remodeló las grandes regiones, cuyo número se redujo de 22 a 13 en 2015, haya afectado su electorado. Aunque dicha reforma tuvo impacto en escrutinios locales, al modificar las circunscripciones electorales.

4Massal Julie, “Elección presidencial reñida en Francia: una inédita incertidumbre en un panorama electoral trastocado”, Palabras al Margen, 20 abril 2017, columna exprés: http://palabrasalmargen.com/index.php/articulos/internacional/item/eleccion-presidencial-renida-en-francia-una-inedita-incertidumbre-en-un-panorama-electoral-trastocado?category_id=139

5Aunque este nombre es reciente, este partido se puede rastrear desde los 1970, bajo diversas apelaciones, principalmente el RPR y la UMP. Sus representantes fueron el ex presidente J. Chirac y el ex presidente N. Sarkozy.

6Revista Challenge: “Como van a votar los insumisos de Mélenchon en segunda vuelta ?”, 26-04-2017. (entrevista a F. Dabi, Director IFOP France): https://www.challenges.fr/election-presidentielle-2017/presidentielle-2017-comment-vont-voter-les-insoumis-de-melenchon-au-second-tour_469510

7Ver el análisis de M. Combes in Blog Mediapart: “Frente al peligro Le Pen, el irresponsable Macron fabrica abstención”: https://blogs.mediapart.fr/maxime-combes/blog/280417/face-au-peril-fn-lirresponsable-monsieur-macron-fabrique-de-labstention

8Basta Mag, “Whirlpool : cuando Marine Le Pen rehusaba luchar contra las deslocalizaciones”, por Ivan du Roy 26 de abril de 2017 : https://www.bastamag.net/Whirlpool-quand-le-FN-refusait-de-lutter-contre-les-delocalisations