Olga Lucía Espejo

* Olga Lucía Espejo

Politóloga de la Universidad Nacional de Colombia, Especialista en Gerencia Social y estudiante de Maestría en Derechos Humanos, Gestión de la Transición y Posconflicto de la Escuela Superior de Administración Pública - ESAP. Interés en la investigación y acción en temas relacionados con la construcción de paz, los derechos humanos y de la naturaleza, los movimientos sociales, así como el análisis de las dinámicas del conflicto regional y nacional, y la violencia política. Twitter: @olgalues

El conflicto nacional que hoy afronta Venezuela se ha manifestado en la confrontación de dos fuerzas antagónicas: por un lado, un bloque de derecha agrupado en la Mesa de Unidad Democrática (MUD) que ha capitalizado el concepto de dictadura, la ridiculización de la crítica al imperialismo y la tergiversación de la situación humanitaria. Por el otro, un bloque chavista de carácter cívico-militar, con respaldo del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) que si bien ha atravesado por un socavamiento de su capacidad organizativa, parece resurgir en medio de la más fuerte arremetida contra el proyecto bolivariano. El tratamiento que han dado los medios de comunicación nacional e internacional, para reducir el tema a una disputa entre un gobierno tirano y una oposición subyugada, ha desconocido las complejidades estructurales que se relacionan con procesos políticos, tejidos sociales, modelo económico e intereses geopolíticos en el país vecino. ¿Cómo entender que en dos semanas tienen lugar algunas de las más grandes movilizaciones de la historia, la salida de la OEA y la inesperada convocatoria a Asamblea Nacional Constituyente? A continuación algunos puntos de vista.

Durante años, la revolución bolivariana se caracterizó por la autoridad carismática1 de Hugo Chávez, su conocimiento dialéctico de la historia, su capacidad de conducir la política al visualizar tendencias y su manera de comunicar y orientar facultades tácticas que le permitieron consolidar una robusta fuerza social de base. Paralelamente, Venezuela atravesaba por la bonanza petrolera más importante de su historia, que se reflejaba en los altos precios internacionales del crudo. Hasta 1998 (año en el que es electo Chávez) se pagaban 11 dólares por barril, pero a partir de 1999 inicia un aumento exponencial que años más adelante llegaría a superar los 100 dólares por barril. La primera década del milenio parecía ser la época de oro del chavismo y del modelo rentista2, hasta que sucedieron dos acontecimientos determinantes en la crisis interna que se vive hoy y en la configuración del espacio geopolítico internacional: en 2013 muere Hugo Chávez y colapsan los precios del petróleo.

El primer acontecimiento impactó el contexto político del desarrollo del proyecto bolivariano que, con potencia, venía encarnando una alternativa emancipadora para los pueblos latinoamericanos, de resistencia a la hegemonía política-cultural desde la revolución popular y de autodeterminación frente a la imposición imperialista estadounidense. Una nueva coyuntura se abre con la llegada de Nicolás Maduro a la presidencia, que si bien perfila varios rasgos de un liderazgo como el de Chávez (la humildad y sencillez, la bravura para encarar a los detractores, la moral y compromiso colectivo) inicialmente no tuvo la misma aprobación por parte de la ciudadanía3 ni de las Fuerzas Armadas, entre otras cosas por no tener esa retórica abrumadora y tal vez porque no tuvo trayectoria en el campo militar.

El segundo visibilizó la fragilidad de un modelo económico basado en el rentismo petrolero[Cerca del 96% de divisas en Venezuela han sido provenientes de la exportación de petróleo y han ingresado a través del Estado.] que no previó la cíclica fluctuación de los precios, con el agravante de que las políticas y programas que permitieron mejorar las condiciones de vida, alfabetización, tenencia de la tierra y aumento del ingreso, precisamente eran impulsados a partir de los altos precios del petróleo, y no se contó con un fondo de reserva como colchón ante el eventual colapso económico. De entrada, Maduro enfrentó la responsabilidad de gobernar un territorio asentado sobre la mayor reserva de hidrocarburos del mundo, en un contexto internacional en el que el petróleo significa poseer un botín en medio de una disputa por asegurar el monopolio energético y, de esta forma, conservar el poder hegemónico mundial.

Los ajustes económicos que hoy tienen lugar en Venezuela han desmantelado progresivamente la inversión social, medidas cada vez más neoliberales como la creación de las Zonas Económicas Especiales (ZEE) que lejos de ser emporios del desarrollo socialista como lo ha manifestado Maduro, constituyen una estrategia al servicio del capital transnacional y una amenaza sobre el territorio al abrir la posibilidad de desplegar la explotación capitalista, permitir la apropiación de los recursos naturales4 y sobrellevar el aumento de vulneraciones en términos de derechos humanos y derechos colectivos que trae consigo la presencia de empresas extractivistas. De una Revolución Bolivariana que desafió de frente los mandatos del Consenso de Washington aludiendo al poder soberano, paulatinamente se ha venido pasando a una flexibilización económica frente a la regulación del capital que lleva en aumento una relación de dependencia con potencias asiáticas como Irán, Rusia o China.

El intervencionismo político es otro factor determinante en el devenir de la crisis. Ha estado presente desde el mismo nacimiento del proyecto bolivariano y se recrudeció con la muerte de Chávez. Que la guerra interna reviente es un propósito funcional para posicionar al gobierno de Venezuela como una amenaza para la seguridad nacional y regional,5, y posteriormente, desde la política exterior, intervenir y darle paso al mandato imperialista. Este panorama general no se aleja mucho de experiencias como las de Irak, Afganistán o Siria en su historia reciente, países que Estados Unidos ha catalogado de la misma manera y en los cuales conocemos las consecuencia de tal cosa. Con el discurso de la crisis humanitaria se ha insistido en la necesidad de ‘restituir la democracia’ a partir de acciones intrusivas en la soberanía, por tanto, la decisión de Venezuela de retirarse de la OEA no responde a algo coyuntural sino al histórico proceso de criminalización, y desestabilización constitucional en el que también la élites regionales han tenido gran responsabilidad, especialmente los gobiernos colombianos6.

Como vemos, han sido varios los frentes desde los cuales históricamente la derecha neoliberal ha arremetido contra el gobierno. Entonces, lo específico de esta crisis es su sincronía: el terrorismo mediático, el uso de la manipulación colectiva, el asedio internacional y, más recientemente, la vía violenta como producto de la ruptura de la cohesión socio-política que se logró configurar con el surgimiento del proyecto bolivariano, bajo el supuesto que en el país se atraviesa por una dictadura. Cabe recordar que la vigente Constitución de Venezuela tuvo lugar en medio de una crisis política, pero se cimentó a través de referendo consultivo, con la participación y validación de la mayoría de sectores sociales y políticos.

¿Es la Asamblea Nacional Constituyente una alternativa de superación de la crisis?

La convocatoria del presidente Nicolás Maduro a la Asamblea Nacional Constituyente del pasado primero de mayo se presenta como un mecanismo institucional para contener la desintegración nacional, y en su argumentación se apela al proceso de 1999 como referente del proyecto bolivariano, pero a diferencia de esta, la manera como se convocó en aquel entonces sí inició con un referendo para decidir si la ciudadanía estaba de acuerdo o no con la ANC. La grave situación de violencia que en las últimas semanas ha derivado en personas heridas y muertas, actos inhumanos, daño a bienes públicos, almacenes saqueados -todos hechos registrados-, también ha dejado en evidencia la dinámica de lucha social en la que se perfila una reaparición de la Marea Roja que, a pesar de los tiempos difíciles, continúa reivindicando el legado chavista de “unidad, lucha, batalla y victoria”, consagrado en la vigente Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

A nivel coyuntural se hace apremiante solventar problemas de urgente atención a través de medidas desde el nivel táctico como programas o políticas con enfoque integral que permitan retornar a una estabilidad sin descuidar la defensa del proyecto bolivariano. Posiblemente no sea la Constituyente la que solucione la crisis de desabastecimiento de alimentos o suministre medidas para estabilizar la inflación; en este sentido, es también difícil imaginar, por ejemplo, que la Constituyente resuelva la violencia entre chavistas-opositores que tiene lugar las calles. Sin embargo, la ANC sí es un escenario favorable para enfrentar los problemas de nivel estructural que han contribuido a la crisis, a partir de la reafirmación de los pilares de la Constitución de 1999 frente a la defensa de la soberanía nacional y la posibilidad de establecer nuevas bases del desarrollo económico.

En definitiva, abril de 2017 es un mes que se recordará en la historia contemporánea de Venezuela por la decisión de Maduro de transformar el discurso socialista en hechos concretos como el retirarse de la OEA; de abrir una contienda decisiva para la revolución bolivariana a partir de la Asamblea Nacional que, casi 18 años después, de nuevo ofrece la posibilidad de que desde el poder constituyente del pueblo se desafíe al poder constituido dándole un margen al proyecto bolivariano de resurgir con un perfil más radical al profundizar las bases de Estado Comunal y dar el salto a un modelo económico propio que no sólo se distancie del rentismo petrolero, sino que constituya una real alternativa frente a la fuerza de destrucción del modelo capitalista, sus formas de colonización de los recursos y los conflictos por el uso de la tierra. Considero que hay una necesidad histórica de emprender este proceso toda vez que Venezuela puede reinventarse con las claves de Chávez. El presente no puede ser un tiempo de desesperanza sino de avance contundente hacia la refundación de la República Socialista.

  1. Según Weber, un líder carismático posee “dones específicos del cuerpo y del espíritu estimados como sobrenaturales” y su autoridad es visible en momentos de alta complejidad en el que tienen lugar dificultades psíquicas, físicas, económicas, éticas, religiosas o políticas. (Weber, 1997 (1922))
  2. https://www.aporrea.org/energia/a230770.html
  3. Cuando Nicolás Maduro le gana las elecciones presidenciales de 2013 a Henrique Capriles, apenas marca una baja diferencia de 1.49%, teniendo en cuenta que en la última elección de Hugo Chávez marcó una diferencia de 10.76% votos, siendo ésta apenas 5 meses antes.
  4. Uno de los proyectos que más genera preocupación a este respecto es la puesta en marcha del “Arco Minero del Orinoco” en el Estado Bolívar, que implica la destinación de más de 112.000km/2 para la megaminería a cielo abierto
  5. http://www.bbc.com/mundo/ultimas_noticias/2015/03/150309_ultnot_eeuu_venezuela_sanciones
  6. Andrés Pastrana reconoció legítimo el Golpe de Estado contra Chávez por parte de Pedro Carmona de 2002; Álvaro Uribe lideró estrategia para el derrocamiento de Chávez desde el Plan Colombia con la firma del acuerdo de las Bases Militares estadounidenses, y desde el Plan Patriota y el Plan Consolidación que agudizaron las acciones desestabilizadoras en la frontera.