Julie Massal

* Julie Massal

Doctorado en Ciencia Política, Universidad Aix-Marseille III, Instituto de Estudios Políticos de Aix-en- Provence (Francia). Post-doctorado de la U. Rovira i Virgili, Tarragona (España). Becaria Lavoisier (2001-2002) del Ministerio de Asuntos Exteriores (Francia). Investigadora y profesora del IEPRI-UN desde 2005 e investigadora asociada de FLACSO-Ecuador (desde1999). Ha trabajado sobre los movimientos sociales indígenas y su participación en los procesos de democratización en el Área Andina (Bolivia y Ecuador especialmente). También ha trabajado (postdoctorado y proyectos) en el tema de la migración latino-americana a Europa. Titular de la Maestria Profesional en Oficios de libro de la Universidad de Bourgogne en Dijon, Francia, 2017 (mencion Bien).

La segunda vuelta presidencial ha traído resultados inéditos, así como un sinnúmero de retos a enfrentar, tanto para el nuevo presidente electo como para el conjunto del sistema político electoral y partidario en Francia. La amplia victoria de E. Macron que obtiene 66.1% de los sufragios, frente a M. Le Pen que consiguió 33.9%1, no nos puede engañar o ilusionar. El actual sistema político enfrenta turbulencias fuertes, en un contexto de alta volatilidad electoral, y un fuerte desplazamiento de votos. Se examina aquí semejante resultado: tanto la victoria de Macron como la derrota (relativa) de Le Pen, pero también los fehacientes indicadores que el sistema político está en ascuas.

En este sentido, dos datos adicionales se destacan: por un lado, la abstención de 25.4%, mayor que en la primera vuelta (22.3%) y sobre todo, mayor a la abstención de otras segundas vueltas. Pero más inédito aun, e inclusive histórico, es el nivel de votos blancos (6.25% de los inscritos y 8.5% de los votantes) y nulos (2.21% de los inscritos y 2.96% de los votantes), o sea 9% de los inscritos y 11.5% de los votantes. Este resultado supera ampliamente los niveles alcanzados en otras elecciones presidenciales, incluso la de 2002, cuando la extrema derecha ya estuvo a puertas del poder.

Una victoria contundente y frágil a la vez para E. Macron

Es innegable que Macron ha sido electo en gran parte gracias al contundente rechazo a Marine Le Pen, pero él recibe poca adhesión a su programa2, pues tanto en la primera como en la segunda vuelta, es el candidato del “voto útil”. Así, un sondeo Louis Harris del 7 de mayo (día de la segunda vuelta) evidencia que 59% de los que votaron por él lo hicieron ante todo porque no querían que M. Le Pen fuera presidenta de la República, y 41% porque querían que él lo fuera. Mientras que 60% de los que votaron M. Le Pen querían que fuera la presidenta y solo 39% lo hicieron por rechazo a Macron3.

Tal vez este débil nivel de apoyo se deba al hecho que se conoce relativamente mal dicho programa, y lo que se conoce resulta más bien preocupante: en particular el objetivo de reformar la “Ley Trabajo” (Ley El Khomri) votada en 2016, que tanta oposición recibió, para endurecerla aún más, sin pasar por el debate parlamentario sino mediante un procedimiento de debate acelerado4.

Otra probable dificultad para E. Macron es que, a pesar de presentarse como opuesto al sesgo izquierda-derecha, ha recibido apoyos de la clase política tradicional. En vista a las elecciones legislativas de junio, gran parte de la clase política intenta reacomodarse a su alrededor, como era previsible. De allí que el presidente deberá satisfacer a sus aliados tradicionales, sin traicionar las expectativas de los que votaron por la “renovación” de la clase política y por la superación del sesgo izquierda-derecha. Este equilibrio implicará fuertes negociaciones, pues Macron enfrenta una triple oposición: 1) la de M. Le Pen y el Frente Nacional, pues Le Pen se ha declarado la “única fuerza política de oposición legítima”; 2) la de Mélenchon y su movimiento, “Francia insumisa”, asociados a los oponentes a la Ley Trabajo, y 3) la derecha pro Fillon, cuyos electores se han reportado en un 21% hacia Le Pen, y que busca reorganizarse en una nueva línea política. Esto podría implicar que el presidente no consiga mayoría absoluta, o bien lo haga en detrimento de su principal promesa: salirse del sistema político tradicional.

Contrario a lo que se ha afirmado, Macron no es ningún “outsider”. Él ha aprovechado un panorama político en medio de fuertes turbulencias, tanto en la derecha, deslegitimada por el candidato F. Fillon, como en la izquierda, dividida por cinco años de presidencia de Hollande. De hecho, Macron recibió el apoyo de parte de los partidos tradicionales y del mismo Hollande, así como de la dirigencia europea o de países vecinos como Alemania.

Sin embargo, los electores, incluso en la primera vuelta, lo escogieron más bien por estrategia, o por miedo, votando “útil” para evitar una segunda vuelta “Fillon/Le Pen” o “Mélenchon/Le Pen”. Incluso, al comportarse como vencedor en la primera vuelta, con un discurso vacío ante un cartel que decía “Macron Presidente”, Macron empezó perdiendo apoyo electoral después del 23 de abril. Eso ocurrió, cabe resaltarlo, a pesar del intenso “bombardeo” mediático a su favor, pues los medios tradicionales hicieron un trabajo constante de devaluar o incluso estigmatizar cualquier otra opción, como la abstención, el voto en blanco o nulo, generando una tensión al considerar cualquiera de estos actos electorales como un favor a M. Le Pen, y creando artificialmente un miedo a su victoria; aun cuando, según todos los sondeos, había treinta puntos de diferencia entre ellos: Macron tenía entre 59 y 62%, Le Pen entre 38 y 41%. Pronto el objetivo fue evitar que le Pen tuviera más de 40% o incluso 45%.

Marine Le Pen reorientó su discurso para la segunda vuelta, en aras de conquistar las clases populares que habían votado por Mélenchon, y buscó tranquilizar los que estaban preocupados por su intención de salirse del Euro, pero se produjo una fuerte confusión al respecto, al final de la campaña. Además, en el debate del 3 de mayo, M. Le Pen perdió apoyo incluso entre sus propias filas, al mostrarse insuficientemente preparada, poco clara sobre su programa y agresiva en extremo contra su adversario. Este debate sin duda benefició a Macron, mejor preparado.

Así podemos concluir que Macron, a pesar de su amplia victoria, no tendrá muchos aliados, aunque los partidos tradicionales se reagruparán a su alrededor y algunos dirigentes tradicionales ya le manifestaron un apoyo explícito. Las elecciones legislativas de junio serán claves en la recomposición partidaria actualmente en curso.

¿Una división entre dos “Francia”?5

La derrota de M. Le Pen es relativa: gana menos de lo esperado pero logra un poco más de 10.6 millones de votos, un nivel jamás alcanzado hasta entonces. Inclusive, ella dobla las voces obtenidas por su padre, J.M. Le Pen, en 2002 (5.6 millones de votos) cuando el enfrentó un Frente Republicano unido a favor de J. Chirac, electo con 82% de los votos. Por ende, no se puede desestimar su influencia.

Sus votos se concentran, igual que en la primera vuelta, en sus dos bastiones; el noreste y el sur-este, así como en zonas de gran precariedad laboral y de cierto abandono social. Desde el punto de vista sociológico, el apoyo a Marine Le Pen proviene principal pero no exclusivamente de poblaciones menos educadas y con menores ingresos. Pero ya no es solo un “voto protesta” sino cada vez más un voto por convicción, enraizado.

En cambio, Macron seduce una Francia más acomodada y logra sus mejores resultados con los graduados, con mejores ingresos y entre las poblaciones más urbanas, aunque respecto a la primera vuelta, él recupera un poco de ventaja en pequeñas y medianas ciudades y en la periferia de grandes ciudades. Pero sus mejores resultados los consigue en las grandes ciudades (Paris, Lyon), en todo el oeste y centro del país. Sin embargo, será necesario afinar dicho análisis al nivel local6.

Así mismo, se observa que, aunque Macron es muchas veces alabado por su juventud (39 años) y por su intento de movilizar a los jóvenes, logra más apoyo entre los mayores de 70 años (78%) y los que están entre 60-69 años (70%) y tan solo después entre los 18-24 (66%); mientras Marine Le Pen consigue su máximo (43%) en las poblaciones entre los 35-49 años, en menor grado entre los 25-34 años (40%) y los 50-64 años (36%)7.

Macron obtiene mejores resultados entre poblaciones con mayor nivel de ingreso (75% entre los que ganan más de 3000 euros/mes) y de alto grado educativo (pregrado o licencia en Francia) con un 81% entre los más graduados, mientras Le Pen realiza avances entre los no graduados (sin Bachillerato) o los menos graduados8.

Pero ambos encuentran menos apoyo entre poblaciones desempleadas, y entre el sector público, sectores de educación superior y profesión intelectual. Al parecer, desempleados, juventud y clases populares (obreros) prefirieron la abstención en esta segunda vuelta, aunque aún faltan cifras exactas por categoría. Lo que sí es destacable es el nivel de abstención y el surgimiento histórico del voto en blanco y nulo, que merecen una reflexión más profunda.

Abstención, votos en blanco y nulos: un tercio del electorado rechazó ambos candidatos

El electorado evidencia un fuerte rechazo al estatus quo político. Ni Macron ni Le Pen lograron el apoyo de un tercio de la población.

La abstención alcanza 25.4% (más de 12 millones de personas), superando la de la primera vuelta, que ya alcanzaba 22.3%. Usualmente en la segunda vuelta la abstención es menor, pero por primera vez la tendencia se ha invertido. Abajo se observan cifras que evidencian un nivel superior incluso al que se dio en el 2002 (salvo en la primera vuelta de ese escrutinio), y en todas las demás elecciones, en los últimos quince años.

Debe resaltarse que la abstención, el voto en blanco y nulo constituyen juntos un tercio del electorado inscrito: si se juntan 25.4% de abstención, 6.25% de votos en blanco y 2.21% de nulos, llegamos a 33.86% del total de inscritos. Es decir que los oponentes/decepcionados frente al sistema político obtienen un resultado superior al de M. Le Pen (que logra 22.3% de los inscritos), quien solamente llega tercera de la segunda vuelta.

TABLA 1: Abstención en la Elección presidencial – 1ra y 2da vuelta 2002-2017

105 Massal1

Abstención en % de los inscritos. Fuente: Elaboración propia, desde resultados del Ministerio de Interior (Francia). Sitio web: http://www.interieur.gouv.fr/Elections/Les-resultats

Las categorías que más se abstienen son las más desfavorecidas económicamente, y en cierta medida, los más jóvenes. Esto es debido en parte a que la candidatura de J. L. Mélenchon que recuperó parte de la juventud y de las clases más pobres, al ser eliminada el 23 de abril, dejó sin opción a dichas poblaciones.

En el corazón del movimiento de Mélenchon, “Francia insumisa”, compuesto por los militantes, se realizó una consulta interna para determinar la actitud frente a la segunda vuelta, cuyos resultados se publicaron el 3 de mayo. Unas 243 128 personas votaron, esto es un 3% de los más de 7 millones de electores de Mélenchon, y se evidenció un posicionamiento dividido entre tres opciones (la opción M. Le Pen no estaba incluida): un 34% votaba Macron, un 30% prefería la abstención y un 36% el voto en blanco o nulo9. Pero en la segunda vuelta, los electores de Mélenchon en conjunto (no solo los militantes) actuaron distinto: 53% votaron por Macron, 11% por Le Pen (aunque otro sondeo en IPSOS habla de un 7% solamente) y un 36% se abstuvieron o votaron en blanco/nulo (no se discriminan estos comportamientos en la encuesta)10.

Entre todos los electores que sí acudieron a votar, se encuentran partidarios del voto en blanco y nulo: 9% de los inscritos y 11.5% de los votantes escogieron esta opción. Tradicionalmente no discriminados, porque se consideraban un voto sin “sentido” político, los blancos y nulos ahora si se cuentan por aparte, pero siguen excluidos de los sufragios expresados. Además, persiste un prejuicio según el cual el voto en blanco sí tendría algún significado (aunque no se dice nunca cuál es) mientras el voto nulo resultaría de un “error técnico” o de una incompetencia del elector en realizar adecuadamente el voto.

Esa interpretación, no obstante, no resiste ante el sustancial aumento del voto blanco y nulo entre las dos vueltas, o entre esta y anteriores elecciones. Las cifras a continuación evidencian el nivel histórico de 2017: entre las dos vueltas, el voto blanco y nulo se ha multiplicado por cuatro.

Tabla 2: Voto blanco y nulo en la Elección presidencial – 1ra y 2da vuelta 2002-201711

105 Massal2

Voto blanco/nulo en % de votantes. Fuente: Elaboración propia, desde resultados del Ministerio de interior (Francia). Sitio web: http://www.interieur.gouv.fr/Elections/Les-resultats

El voto en blanco, aunque no se considera un sufragio expresado12, implica una clara decisión de votar puesto que el elector debe preparar sus propios boletines, los cuales deben además ser conformes a las dimensiones oficiales de boletines electorales, dado que no hay boletines blancos en los sitios electorales. Si no lo lleva consigo, el elector debe dejar vacío el sobre en el que pone su voto, lo que equivale a un voto en blanco. El voto nulo en cambio es aquel que lleva un mensaje, dibujo o símbolo alguno o cualquier alteración de la papeleta. Un boletín blanco no conforme a las dimensiones oficiales puede ser anulado, aunque no existe claridad en las reglas y prácticas de un puesto de votación a otro. Por ende, aún existe cierta confusión sobre el conteo y tratamiento dado a estos votos.

Aun así, el repentino aumento y la cantidad de blancos y nulos no pueden ser pasados por altos, ni puede desestimarse su sentido e intención. No hay más electores torpes o incompetentes en la segunda que en la primera vuelta.

Según un sondeo IPSOS, 51 % de los electores que votaron blanco lo hicieron por rechazar escoger entre los dos candidatos. Esa tasa sube a 68 % entre electores de Mélenchon que votaron blanco. Igualmente, los abstencionistas rechazan ambos candidatos a 31 % al nivel nacional y a 50 % entre partidarios de Mélenchon13. Lo que evidencian estos datos es que, contrario a lo repetido a la saciedad en los medios, ni la abstención, ni el voto en blanco ni el voto nulo son sistemáticamente sinónimos de incompetencia o desinterés electoral, sino que expresan, según el electorado de donde proceden, una clara incomodidad frente al sistema político y electoral. Ese sistema se rehúsa a escuchar ese mensaje y más bien estigmatiza dicha inconformidad electoral. Una negación y una sordera propias de un sistema político y electoral agotado, desacreditado y fuertemente cuestionado.

Frente a estos retos descomunales, el sistema político tradicional aun da sus coletazos y se resiste a cambiar, al fingir sus partidarios que Macron ganó por méritos propios. Las primeras manifestaciones en su contra, la noche misma de su victoria, ya enfrentaron la respuesta policial, igual de fuerte que en las marchas contra la Ley Trabajo. El alivio sentido en la noche del 7 de mayo será de corta duración.

  1. Resultados oficiales del Ministerio del Interior sobre un total de 100% de boletines descontados, incluidos los de los Franceses en el exterior (8-05-2017): http://elections.interieur.gouv.fr/presidentielle-2017/FE.html
  2. Por ejemplo en France Inter, el 8 de mayo, la cifra mencionada es de 16%. Cf France Inter “Matinale”: Emisión especial 7h-9H20.
  3. Sondeo L. Harris, 7 de mayo, p.10. Sondeo realizado el día de la segunda vuelta presidencial, sobre una base de 6994 electores inscritos, de una muestra representativa de 7500 electores de 18 años o más (ficha técnica incluida en el documento pdf): http://harris-interactive.fr/wp-content/uploads/sites/6/2017/05/Rapport-Harris-Complet-Sondage-Jour-du-Vote-2nd-tour-presidentielle-M6.pdf
  4. “Nous avons voté pour Macron mais ce n’est en rien un vote d’adhésion”: Le Monde, 8-05-2017: http://www.lemonde.fr/election-presidentielle-2017/article/2017/05/08/des-electeurs-devant-le-siege-d-en-marche-on-n-a-pas-vote-macron-par-adhesion_5124472_4854003.html
  5. Dado que el 93% de los franceses del exterior votaron Macron, se omite aquí un análisis al respecto. Sin embargo, se debería incluir los departamentos y territorios franceses de Ultramar donde progresó la abstención, por ejemplo en la Guyana Francesa (58%), y el voto a favor de Le Pen (47% en Nueva Caledonia).
  6. Ver la introducción al dossier de la Revue Métropolitiques, 9 de mayo de 2017: http://www.metropolitiques.eu/Presidentielle-2017-Les-votes-des.html
  7. “Age, diplôme, revenus… qui a voté Macron? Qui a voté Le Pen?”; de acuerdo a los resultados del sondeo de Ipsos – Sopra Steria sobre la base de 4838 personas entrevistadas entre 4 y 6 de mayo: France Culture 07-05-2017:https://www.franceculture.fr/politique/age-diplome-revenus-qui-vote-macron-qui-vote-le-pen?utm_campaign=Echobox&utm_medium=Social&utm_source=Facebook#link_time=1494187193
  8. “Age, diplôme, revenus… qui a voté Macron? Qui a voté Le Pen?” op. cit.
  9. Ver “Le vote de la France insoumise sur Macron et l’abstention: ce qui l’explique”, Reporterre, 3-05-2017.
  10. “Comment les électeurs de Mélenchon ont voté”: L’Humanité, 9-05-2017.
  11. Desde una reforma de 2014, es la primera vez que se discrimina voto en blanco y voto nulo, en vez de confundirlos en una sola categoría. Por ende en cada elección anterior ponemos una sola cifra (blanco y nulo) y en 2017 diferenciamos las dos cifras (B blanco, N nulo).
  12. “Vote blanc, histoire d’un bulletin toujours invisible”, Libération, 6-05-2017.
  13. L’Humanité, 9-05-2017. Op.cit.