El sistema educativo colombiano refleja la situación de un país que por años ha sido manejado con desidia por las mismas clases sociales acomodadas en el poder desde el nacimiento de la Republica (siglo XIX), donde se relega a la educación al último de los planos posibles y se piensa en el país desde las frías cifras del llamado crecimiento económico.

Desde tiempos de la colonia, donde la administración pública se hacía desde la Corona Española, la educación en Colombia era un asunto casi sin importancia. Llegada la República y el nacimiento de los partidos políticos a mediados del siglo XIX, la situación no cambió y la instrucción se le otorgó a la iglesia católica, quien gustosa asumió la tarea para conseguir mantener el statu quo por medio de las escuelas que estaban a su cargo, y con currículos que más parecían catecismos que planes de estudio. La educación pública en Colombia nace ya entrado el siglo XX, en condiciones deplorables tanto para los niños y niñas como para los y las docentes. Las condiciones económicas del país, la industrialización tardía, el crecimiento de las ciudades, el entorno internacional, y la agitada vida política de la primera mitad del siglo XX, hizo que se colocara a la educación como uno de los temas de debate.

Es solo hasta 1936, en el primer gobierno de Alfonso López Pumarejo, que se da inicio a la separación Iglesia–Estado en el manejo de la instrucción pública. Durante los gobiernos liberales, que se mantuvieron hasta 1946, hubo tímidas reformas en la educación con una constante: la falta de presupuesto.

Tanto la situación de la educación en Colombia en general, como de los maestros y maestras en particular, son asuntos que aún hoy requieren ser pensados de manera fundamental. Una rápida radiografía de la educación secundaria (pública) en Colombia, muestra el abandono del que esta ha sido víctima:basta fijarse en las profundas diferencias en cuanto a la calidad de la educación entre instituciones públicas y privadas. Mientras que las segundas cuentan generalmente con el músculo financiero, producto de las familias que tienen la posibilidad de asumir los altos costos económicos de matrícula y pensión, la educación pública depende del presupuesto que el Estado destina para su funcionamiento. Así, la solidez financiera de la educación privada hace posible que cuenten con instalaciones adecuadas y personal docente y administrativo suficiente, lo cual redunda en planes de estudio que consiguen estándares de calidad altos en la presentación de pruebas nacionales. No está de más recordar que las clases dirigentes, empresarios, actores y deportistas reconocidos, no tienen a sus hijos adscritos a la educación pública.

Puede sumarse a este hecho, que la educación pública urbana tiene profundas diferencias con la del sector rural, ya que ésta cuenta con menores recursos. En las regiones del país que resultan más alejadas de los centros urbanos, las escuelas sobreviven gracias al impulso de los mismos pobladores; niños y niñas van a estudiar después de varias horas de camino, en la mayoría de los casos a pie; no cuentan con sillas ni mesas para escribir; en ocasiones no hay servicio de agua o de luz y, en otras, ni siquiera hay maestros nombrados, por lo que las escuelas permanecen varios meses del año sin clases.

La situación de los y las docentes no es mejor. En las regiones apartadas se encuentra la figura de Etnoeducadores, quienes son contratados por las gobernaciones o por los municipios con contratos de 7 u 8 meses por año, lo que hace que la escuela no cuente con maestros por algunas épocas del año. De allí el empobrecimiento económico de los mismos, pues no tienen garantías de estabilidad laboral.

Según la legislación vigente, existen dos estatutos para el ejercicio de la profesión docente: el 2277 de 1979 y el decreto 1278 de 2002. En el primero hay un escalafón de salarios que depende del tiempo de servicio del servidor público. Este escalafón va del grado 1 al grado 14, éste último obtiene el salario más elevado, que a la fecha es de $3´120.000 (aproximadamente 1.040 euros) En otros términos, se puede afirmar que un docente dedicado al servicio de la educación, en Colombia, con 30 o más años de servicio, no puede aspirar a devengar más de 1.000 euros mensuales, pues es el tope salarial que se estipula en el escalafón 14 del decreto 2277.

En el caso de los docentes adscritos al decreto 1278, la situación no es mejor. Dicho escalafón está dividido en tres niveles (1, 2 y 3); a su vez, cada uno de estos está dividido en cuatro sub niveles (a, b, c y d). Una vez terminados los estudios de licenciatura, al inscribirse al escalafón docente (requisito para poder ejercer) el profesor queda automáticamente en el escalafón 2A con un sueldo de $1´624.511 (aproximadamente 540 Euros) y su mayor aspiración salarial es de 6´137.000 (es decir, aproximadamente 2.100 euros) Pero, para que esto se haga realidad, no solo se tiene en cuenta el tiempo de servicio que puede llegar a los 30 años, sino que debe tener especialización, maestría y doctorado. Sin embargo esto no es lo peor: para llegar allí, debe además pasar una serie de concursos y pruebas donde, según la política establecida, se promueve al 20% de los aspirantes. Este 20% que superará las pruebas debe esperar a que el Estado garantice los recursos con que se le va a pagar dicho salario; si los recursos no están, no se le hace efectivo el incremento salarial.

A este panorama del salario de los y las docentes se suman otra serie de problemáticas: un sistema de salud deficiente, plagado de corrupción; el proyecto de implantar una jornada extendida de clases (llamada jornada única) pero sin adecuaciones en infraestructura y sin destinar más recursos; el número de estudiantes por curso que oscila entre 40, y 50 estudiantes; la ausencia de infraestructura y de herramientas básicas para garantizar un nivel adecuado en la adquisición de aprendizajes (para dar un ejemplo de los muchos que existen: el acceso a internet en las instituciones educativas es limitado o inexistente). En últimas, la educación en Colombia, como en el siglo XIX, sigue siendo precaria.

Motivados por estas situaciones, y otras que por motivos de espacio no se desarrollan, la Federación Nacional de Educadores (FECODE), organismo que asocia a todos los sindicatos de docentes del país, ha llamado a la huelga en todo el territorio colombiano. Son ya tres semanas de huelga, donde más de 8 millones de niños y niñas se encuentran perjudicados, pues han dejado de recibir clases y se escuchan las voces de apoyo de muchos padres y madres de familia que se solidarizan con la lucha de los docentes en busca de mayores recursos para la educación (en la actualidad, se destina el 3.8% del presupuesto nacional a la educación; los maestros exigen por lo menos el 7.5%). Hay que recordar que según las pruebas PISA de 2012, Colombia quedó entre los diez países peor educados a nivel internacional. De otra parte, los medios de comunicación masiva, que obedecen a sectores económicos definidos, se han encargado de invisibilizar la protesta y a pesar de que todos los días se organizan marchas, mitínes y plantones todos los días en las principales ciudades del país, los informativos no las registran, dejando como único medio de información, las redes sociales. Sin embargo, cuando se mencionan las multitudinarias marchas, se hace alusión a que los y las docentes son indolentes al mantener a los y las estudiantes sin clases.

La lucha del magisterio colombiano es de largo aliento, es por la dignidad docente, es por el derecho a la educación, es porque el Estado ha relegado a la educación a un segundo, tercer o cuarto plano, es porque a los educadores nos importa más el país que a los políticos. En palabras de Paulo Freire: “Cuanto más pienso en la práctica educativa y reconozco la responsabilidad que ella nos exige, más me convenzo de nuestro deber de luchar para que ella sea realmente respetada. Si no somos tratados con dignidad y decencia por la administración privada o pública de la educación, es difícil que se concrete el respeto que como maestros debemos a los educandos”.

Referencias

Herrera C., Martha Cecilia, (sin fecha): Historia de la educación en Colombia la republica liberal y la modernización de la educación: 1930-1946 Por: en: www.pedagogica.edu.co/storage/rce/articulos/rce26_06ensa.pdf

www.fecode.edu.co

Decreto 2277 de 1979

Decreto 1278 de 2002

Henao Mejía, Oscar (24 de febrero de 2011) ¿Escuela pública vs Escuela privada? En: periódico El Colombiano: www.elcolombiano,com

Periódico El país, (Mayo 1 de 2014) Sigue siendo amplio el abismo entre educación publica y privada. En www.elpais.com

Revista Semana, (02 de Octubre de 2016) Colombia se raja otra vez en educación. En www.semana.com.