Andrea Barrera

* Andrea Barrera

Politóloga de la Universidad Nacional de Colombia con título de maestría en ciencias sociales, especialidad en género, política y sexualidades de la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias sociales -EHESS-. Adelanta estudios de doctorado en sociología y género en la Universidad Paris 7. Integrante del grupo de investigación en Teorías Políticas Contemporáneas -TEOPOCO- y del Colectivo Adelinda Gómez: territorio, género y violencias

Hace un par de semanas, Mauricio Rubio, columnista de El Espectador, publicó una entrada llamada “La doctrina también mata mujeres”. Este texto me llamó la atención, por decir lo menos, por varios asuntos, algunos de los cuales quiero exponer aquí. No es una sorpresa que Rubio escriba columnas sobre “mujeres”, o sobre lo que él considera “feminismo” pues, de hecho, es uno de sus temas de opinión más recurrentes (aquí se pueden consultar sus columnas en El Espectador). Digo que él escribe, frecuentemente, sobre lo que él considera “feminismo” pues, por ejemplo, en la columna a la que hago alusión, Rubio hace referencia al “feminismo de género” (¿?), cuyos contenidos o principales debates no quedan claros al leer el texto. Es curioso, por ponerlo de alguna manera, que un columnista que por el tono de sus escritos pareciera buscar “defender” a las mujeres (sin que esto se traduzca claramente en defender “las causas de las mujeres”), haga referencia a un supuesto “feminismo de género”, en un contexto en el que “el género” parece ser, para muchos sectores de la sociedad colombiana, una invención abominable y monstruosa, que da cuenta de una “ideología” que “quiere acabar con la familia, las buenas costumbres y hasta la humanidad”.

De hecho, no hace falta atar muchos cabos para encontrar relaciones entre la pretendida “ideología de género” (que, como bien sabemos, estuvo en el centro de las estrategias de los sectores que promovieron el voto por el No en el plebiscito) y el supuesto “feminismo de género” al que hace alusión Rubio, pues dicha caracterización pareciera indicar que es este “tipo de feminismo” el que ha creado y divulgado la “ideología de género”, cuya invención, no está de más recordarlo, muy al contrario de lo que podría dejar pensar esta presunta relación, se la “debemos” a la Iglesia Católica y no a los grupos y pensadoras feministas. Es sospechoso, pues, que un “defensor” de las mujeres, decida hablar en uno de los medios de comunicación más leídos del país del “feminismo de género”, acusándolo de ser una “doctrina oscurantista” que recuerda a la “ciencia estalinista” (¡!).

Además, no se contenta Rubio con hablar del “feminismo de género” y de su carácter doctrinario, oscurantista, totalitarista y autoritario, sino que además lo acusa de “matar mujeres” (¡!). Dice Rubio, como para sorprender a las y los lectores con una fórmula “intrépida e irreverente”, a manera de sentencia “bien informada” para decir “lo que nadie se atreve a decir” (de pronto por “miedo” a las “feministas asesinas”): “El machismo puede ser mortal. Pero hay remedios peores que la enfermedad: silenciar diferencias biológicas entre los sexos le estaría costando la vida a miles de mujeres”. Sinceramente, ante semejante afirmación, puede una encontrarse en una situación entre la risa incontenible y un sentimiento de indignación. Tanto esa frase como el conjunto de la columna dan para hacer un par de preguntas y muchas precisiones, incluso dieron, en mi caso, para buscar más “información” en internet sobre el “feminismo de género” (en este link encontrarán un escrito en un blog que resulta muy diciente).

En primer lugar, afirmar que “el machismo puede matar mujeres” es desconocer que 1. el “machismo”, efectivamente, mata mujeres; que 2. más que el “machismo” es un sistema de división y jerarquización social (al que le podemos poner varios nombres dependiendo del énfasis y de la corriente de pensamiento que encontremos más adecuada) el que posibilita el asesinato y la explotación de las mujeres y que, en ese sentido, 3. las violencias contra las mujeres (casi exclusivamente ejercidas por hombres) son violencias políticas efectivas que operan cotidianamente en las vidas de las mujeres.

Resulta curioso, además, que Rubio sostenga que “el remedio es peor que la enfermedad”, pues, según él, “el feminismo de género” se ha “obstinado” en desconocer las diferencias biológicas entre hombres y mujeres con consecuencias mortales, entre las cuales estarían las muertes de casi medio millón de mujeres (no sabemos de qué países, suponemos que de Estados Unidos, y tampoco se dice en qué período de tiempo habrían tenido lugar estos decesos), por el consumo de un somnífero que habría ocasionado “‘exceso de fatalidad’ —por sobredosis, caídas y accidentes de tráfico-”. Más allá de la cifra que expone Rubio sin entrar en mayor detalle, no deja de resultar tremendamente ligera la afirmación según la cual “el remedio es peor que la enfermedad”, pues aun si dichas cifras fueran o sean verdaderas, es imposible afirmar que eso se deba a la “injerencia inapropiada” de los movimientos y las pensadoras feministas en las investigaciones farmacológicas y en “muchas disciplinas”.

Parece que Rubio desconoce las múltiples reflexiones que se han dado desde el feminismo a propósito de la ciencia y los aportes que han hecho en términos epistemológicos y ontológicos, tanto a las ciencias sociales como a las ciencias naturales. Adicionalmente, y sobre todo, no le vendría mal al columnista pegarle una revisada a las cifras sobre feminicidios y violencias contra las mujeres en Colombia, en América Latina y en el mundo. Solo a manera de ejemplo, según datos de Medicina Legal (recopilados por Caracol Radio), en el país, entre 2016 y 2017, 345 mujeres han sido asesinadas, casi siempre por sus parejas o exparejas sentimentales (hombres); 12.100 mujeres sufrieron agresiones por parte de sus parejas o exparejas (hombres). En estos casos, como en muchos otros, las feministas sí que hacen la distinción entre hombres y mujeres (sociales), y no se obstinan, como parece afirmar Rubio, en negar las diferencias (que él califica de biológicas y podemos suponer, entonces, “naturales”) entre ellos y ellas.

Estas cifras muestran que la organización social que permite que se configuren y se mantengan relaciones de jerarquización de los hombres sobre las mujeres, o para ponerlo en los términos del mismo Rubio, el “machismo” sí mata. No solo “puede” matar. Sería importante que el columnista, si de verdad quiere afirmar que el feminismo (“de género”) mata, aportara pruebas en esa dirección: sólo que eso es ciertamente imposible. Hasta donde sé, el feminismo, incluyendo tanto las corrientes de pensamiento y reflexión teórica como los movimientos feministas, no ha matado a nadie. Como lo han dicho varias feministas, entre ellas Marcela Lagarde o Larissa Arroyo, “el machismo mata, el feminismo no”. Es más, una de las grandes cuestiones que plantean las acciones y reflexiones feministas es la necesidad de poner de presente que las violencias contra las mujeres y las violencias de género comportan un asunto capital para nuestras sociedades, justamente porque constituyen una cuestión de vida o muerte, como nos lo recuerda acertadamente Catherine Moore en una columna publicada hace un par de semanas.

Me pareció pertinente escribir respecto de esta columna de Rubio porque me recordó una lectura escrita hace ya varias décadas a propósito de hombres que pretendiéndose “feministas”, avanzaban argumentos abiertamente anti-feministas y me resultó curioso tener un ejemplo tan claro de una situación descrita hace ya un buen tiempo, en otras latitudes, al alcance de la mano. En la lectura que recordé, la autora pone de presente la coherencia que tiene este tipo de postura en términos de la defensa acérrima de los privilegios que el patriarcado (o el nombre que consideremos más adecuado) le otorga a los “hombres”, como grupo social, por medio de la opresión sobre las mujeres. Y es que resulta claro que Rubio es un ejemplo de esta “estrategia” de defensa de sus propios privilegios de clase, valiéndose de una supuesta “defensa” de las mujeres “de ellas mismas”, o mejor, de las “feministas doctrinarias” que “atentarían contra la vida de las mujeres”. Claro, porque aparentemente él sí sabría cómo hay que “defender” a esas “desvalidas mujeres”.

Finalmente y retomando la cuestión de la “ideología de género” con la que arranqué esta columna, quisiera anotar que también la escribí porque al hacer alusión a un “feminismo de género” no sólo se facilita la confusión entre estas dos nociones, las dos bien alejadas de las apuestas políticas y éticas de los feminismos, sino que además pareciera encubrir que el autor de la columna es quien en verdad termina defendiendo los postulados de quienes esgrimen la existencia de la tal “ideología de género”, entendida como una supuesta ideología que al negar el carácter meramente biológico-natural (o divino) de los sexos y los géneros en la especie humana buscan no sólo la “promoción” de la homosexualidad, sino el fin mismo de la sociedad al atacar la familia. Por ello no está de más recordar que los feminismos cuestionan es el carácter supuestamente inmodificable de las relaciones de explotación y opresión de los hombres sobre las mujeres, defendido generalmente al invocar el carácter natural e incambiable de las relaciones entre los dos sexos. En ese camino, muy al contrario de lo que el columnista del Espectador afirma, pensadoras feministas han puesto de presente la importancia de incluir la “variable” sexo, y también la de género, en las investigaciones sociales y naturales. Los feminismos han avanzado serias reflexiones sociales, económicas, epistemológicas, ontológicas y políticas. Eso es feminismo riguroso, no estalinista, oscurantista, doctrinario ni obstinado.

Para terminar, pero no menos importante: hace más de un mes que escribí la última columna para este portal y en ella recordaba que desde hacía más de dos meses Mateo Gutiérrez estaba en prisión. Hoy que termino de escribir esta columna la situación no ha cambiado y ahora son ya más de tres meses que Mateo ha estado preso. Por su vida, por sus sueños, por un país en el que no se criminalice el pensamiento disidente y crítico, esperemos que pronto salga de la cárcel, él y tod@s l@s prisioner@s polític@s. ¡Libertad para Mateo!