German Paul Cáceres

* German Paul Cáceres

Politólogo de la Universidad Nacional de Colombia. Especialista en Control y Gestión de Políticas Públicas y Magíster en Ciencias Sociales con orientación en Educación por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO-Argentina). Actualmente trabaja en México en temas de evaluación de políticas de desarrollo social

El reciente paro nacional del magisterio colombiano finalizó con un saldo a favor para los maestros; los resultados de la negociación fueron satisfactorios en temas relativos al financiamiento de la educación con la concertación de una reforma al sistema general de participaciones, avances para la nivelación salarial, bonificaciones al salario, cobertura de preescolar, mejoras en la implementación de la jornada única, cambios reglamentarios que afectaban la labor docente, formación docente, acuerdos para revisar el régimen de aseguramiento en salud del magisterio, entre otros temas1.

Sin embargo, hubo una ganancia de mucha importancia que destaca: un notorio apoyo social a la movilización política organizada del magisterio y a sus demandas; un cambio significativo en la percepción de la opinión pública colombiana sobre la lucha gremial y sindical.

Pareciera evidente pensar que las reivindicaciones de los maestros tendrían siempre amplias simpatías en la sociedad, pero bien saben los maestros colombianos y, en especial, los sindicalizados en Fecode, cuan difíciles han sido sus luchas en un país cuya opinión pública es, generalmente, desconfiada de la oposición política y la protesta social, lo que mutualiza con la repetida práctica del régimen político de tratar de resolver los conflictos sociales y termina criminalizando la protesta.

Por el contrario, en esta oportunidad, los maestros ganaron el reconocimiento de que su paro era necesario y justo y acumularon una legitimidad a sus demandas, tan esquiva para los sectores sindicales en un país como Colombia, lo que les dio ventaja en la mesa de negociación con el Gobierno.

Hay que preguntarse qué fue diferente en esta oportunidad para que los intentos gubernamentales por desinformar, desvirtuar y desmovilizar el paro del magisterio2no tuvieran éxito.

El Gobierno Nacional quedó aislado, ante un conjunto de apoyos al paro provenientes de distintos sectores sociales y políticos e inclusive con los grandes medios de comunicación dando exposición mediática a los maestros y, hábiles en leer el clima de la opinión, revelando el interés que causaba el paro en padres de familia, estudiantes y opinión pública en general. Clima que fue claro en los medios alternativos de comunicación y en las redes sociales, que cada vez logran condicionar más el discurso mediático predominante.

El papel más torpe lo cumplió, como ya nos tiene acostumbrados, el Alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, señorito del privilegio que es fiel representante de esa vieja y retardataria mentalidad contra la protesta social, acostumbrado al autoritarismo de las elites. Él apareció en la escena con el escuadrón antidisturbios, para golpear a los maestros y disolver las movilizaciones en la Capital, convencido de que, como casi siempre, el “restablecimiento del orden” le sería reconocido en la sociedad autoritaria. Pero algo pasó, y se llevó una sorpresa (y algunos también nos la llevamos), cuando constató que el ataque a la movilización docente generó una respuesta colectiva de indignación y otro golpe a su ya precaria favorabilidad. Lento de reflejos, al obligado pedido de disculpas sumó la amenaza: “que quede claro que aquí no vamos a permitir que se bloqueen las líneas de transporte masivo, no importa qué tan justificadas sean las causas de la protesta3; pero la movilización con ocupación de vías continuó y ya no volvió a la escena el señor Alcalde.

Por su parte, el Gobierno Nacional, de por sí débil y desprestigiado en su conjunto, ya habría entendido las condiciones desfavorables con las que contaban para echar mano de la represión y estigmatización de la protesta. También recientes movilizaciones en el departamento del Chocó y en el puerto de Buenaventura, habían minado su capacidad de presión y lo dejaron contra las cuerdas y con el público en contra para enfrentarse a los maestros, pues estas movilizaciones, también ganaron el amplio respaldo de la opinión pública. En el paro de maestros, el Gobierno quedó obligado al diálogo.

En unas cuantas semanas, masivas protestas sociales de diferentes sectores4 ganaron apoyo como pocas veces, al tiempo que no funcionó la fórmula favorita del autoritarismo de la élites de criminalizar, reprimir y disolver.

Chocó, Buenaventura y el paro del magisterio, mostraron un nuevo clima social favorable a la movilización social.

Quizá solo las evidentes injusticias que causaron las reclamaciones recientes concitaron la solidaridad, pero para algunos no deja de sorprender, de forma positiva, que la discusión pública se haya concentrado casi exclusivamente en el fondo de las reclamaciones punto por punto y no en las perturbaciones en la movilidad de las ciudades, la legitimidad misma de la protesta social, la presunta infiltración guerrillera en cuanta manifestación se convocaba, el asedio mediático contra los dirigentes sociales para que se disculparan y levantaran medidas de hecho, entre otras astucias, muy frecuentes en nuestro país para no reconocer el conflicto social y doblegar la voluntad de los sectores movilizados.

El paro de maestros sirvió para que se volviera la atención en torno a preguntas clave sobre la educación pública, su calidad, la responsabilidad en su deterioro de los sucesivos gobiernos, el nocivo modelo de financiación, entre otros temas primordiales.

Es pronto para llegar a conclusiones sobre las razones a las que obedece este cambio en la opinión pública o si este será duradero y propicio para el escenario de posconflicto que se está abriendo, pero su ocurrencia no debe pasar desapercibida en las reflexiones y balances de los sectores sociales organizados del país sobre estas últimas semanas. El tiempo dirá si algo fundamental está pasando en la cultura política nacional o si solo fueron tres golondrinas tratando de hacer verano.

  1. Los temas acordados no son nuevos en la agenda y desde el Ministerio de Educación se ha dicho que han avanzado proyectos y decisiones al respecto; sin embargo, para los maestros era de mucha importancia conseguir compromisos y la incorporación de sus puntos de vista al respecto. Por supuesto, que queda pendiente el cumplimiento de los compromisos pactados. Además, hay que advertir que el acta de acuerdo no fue firmada por el Ministerio de Hacienda, representado por el viceministro Andrés Escobar. Si bien, esto no la invalida, si es muestra reiterada de acostumbradas prácticas de éste ministerio para luego justificar el incumplimiento de acuerdos por razones presupuestarias. Ante esto, deben estar atentos los maestros.
  2. En repetidas ocasiones, durante el paro, el Gobierno Nacional intento desinformar al magisterio y la opinión, sobre supuestos acuerdos que no se habían ratificado e inclusive llegó a anunciar unilateralmente el levantamiento del paro, lo que fue desmentido por la dirigencia de Fecode. Además de insistir, que las demandas eran injustificadas sobre todo en materia salarial (véase la entrevista a la Ministra de Educación en, http://www.semana.com/educacion/articulo/paro-de-maestros-entrevista-ministra-de-educacion-yaneth-giha-sobre-paro-de-maestros-en-colombia/525238)
  3. http://www.noticiasrcn.com/tags/alcalde-enrique-penalosa
  4. Protestas que por su puesto y no podrían ser de otra manera, perturbaron el “orden” y la vida cotidiana.