Mauricio Rivera

* Mauricio Rivera

Periodista, escritor, realizador de video y fotografo. Doctor en Comunicación y Periodismo de la Universidad de RMIT de Melbourne, Australia; Magíster en Comunicación Profesional con especialización en Escritura Profesional de la Universidad de Deakin de Melbourne, Australia; Comunicador Social y Periodista de la Universidad de La Sabana de Bogotá, Colombia. Actualmente dicta la clase: El Periodismo como 'arma democrática' en la era digital de la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá. Otras muestras de su trabajo pueden verse en los blogs: http://elmr2.wordpress.com/ (español) y http://mr2blog.com/ (inglés)

Pensando en el tema de las dualidades, me acordé de una escena de la película Torrente: el brazo tonto de la ley, escrita y protagonizada por el actor y humorista español Santiago Segura. En esta escena Torrente, un obeso y desagradable detective privado, entra a un baño público en compañía de su ayudante Rafi –interpretado por Javier Cámara- y al ver cómo éste se dirige directamente al orinal lo detiene y le pregunta: ‘¿no te lavas las manos?’ Esto, a su vez, lo lleva a proclamar una de las frases que a mi entender mejor definen a un personaje de ficción: ‘hay dos tipos de hombres, los que se lavan las manos antes de mear y los que se las lavan después’.

Por mucho que alguien se empeñe en tener una mentalidad abierta, a la larga siempre hay una disyuntiva que lo lleva a decir (o pensar) que en el mundo hay dos clases de personas. Durante mis años de estudiante universitario, escuché a dos compañeros comentar que para ellos el mundo estaba dividido entre los que fuman marihuana y los que no (ambos llegaron a esta conclusión desde la perspectiva contraria).

El escenario político colombiano también está regido por este tipo de primitivismo binario (por llamarlo de algún modo), en donde, a fin de cuentas, solo prevalecen dos posturas: los que están a favor de Uribe y los que están en contra. Lo mismo sucede en los Estados Unidos con Donald Trump. El advenimiento de la llamada ‘tercera vía’ a finales del siglo pasado, en la que surgieron figuras políticas como el entonces Primer Ministro británico Tony Blair, con el tiempo terminó en un nuevo capítulo de la confrontación maniquea entre tories y laboristas.

Mientras desarrollaba este argumento, buscando ejemplos ajenos a la política (la cual parece estar regida por fuerzas centrífugas que terminan empujándonos hacia los extremos) debo reconocer que me costó trabajo encontrar la facultad que me distinga de ese otro que, ya sea por convicción o por impotencia, termina representando lo opuesto a mi persona. Después de pensarlo durante horas, encontré una disyuntiva que para mí divide el mundo en dos tipos de personas: los hermanos mayores y los hermanos menores (en este caso hay que aclarar que los hijos únicos hacen parte del primer grupo y los hijos medios, en familias numerosas, hacen parte del segundo). Ahora, algún lector puede detectar cierto ventajismo de mi parte, ya que esta dicotomía no está cargada de sentimientos conflictivos (al fin y al cabo, yo soy un hermano menor y algunos de mis amigos más cercanos son hermanos mayores). También es posible que no haya encontrado (o no me haya atrevido a explorar) ese rincón de mi cerebro reptil donde se origina mi intolerancia. Tal vez el mundo esté dividido entre los que se atreven a enfrentar sus demonios y los que no.

Más allá de la naturaleza de eso que podríamos llamar la disyuntiva primaria -que por su parte define como pocas cosas la manera de ser de una persona (como en el caso de Torrente, que se lava las manos antes de mear y no después)- cada vez me convenzo más de que ese primitivismo binario es una limitación propia de la naturaleza humana. Quizás por el hecho de vivir en tres dimensiones estamos condenados a reducirlo todo a dos posibilidades (es decir que la tan cacareada tercera vía está por encima de nuestras posibilidades fisiológicas). Por esto, los sistemas de computación digital, por muy rápidos y poderosos que lleguen a ser, no terminan de exceder los límites de la razón humana, ya que a la postre también están limitados por la necesidad de elegir entre un uno o un cero.

Los principios de la computación cuántica, por otro lado, contemplan la posibilidad de ser uno y cero simultáneamente. En otras palabras, plantean la posibilidad de un Torrente que al mismo tiempo se lave y no se lave las manos antes de orinar. O, peor aún, la posibilidad de un uribista mamerto. Quizás de ahí provienen los miedos y consecuentes advertencias del físico Stephen Hawking en contra del desarrollo de la inteligencia artificial. De pronto también es por esto que nos recomienda buscar alternativas de vida en el espacio exterior. Tal vez sea el único lugar donde podamos escapar de semejante engendro.