Andrés Felipe Parra Ayala

* Andrés Felipe Parra Ayala

Doctor en Estudios Políticos de la Universidad Nacional de Colombia, candidato a Doctor en filosofía de la Universidad de Bonn, Alemania.

El actual escenario turco se presta para muchas confusiones, sobre todo si buscamos hacer una interpretación unívoca y unilateral de los acontecimientos. El cubrimiento de los medios escritos nacionales no ha ayudado en profundidad a desentrañar el hilo de los sucesos. Sobresale un artículo de la revista Semana1 en donde la situación se muestra como un conflicto entre un gobierno islámico y una sociedad secular, entre las formas religiosas de la política y la buena reivindicación laica. También los medios internacionales han hecho juicios precipitados al hablar de una “Primavera Turca”2 de corte liberal frente a una dictadura tiránica cercana al islamismo radical3.

Este tipo de juicios mediáticos es poco profundo en su forma y en su contenido: imitando pobremente el estilo de la crónica –ausente casi en su totalidad en el periodismo contemporáneo-, se habla de la situación de un país de forma descontextualizada y olvidando patrones históricos fundamentales de la sociedad turca.

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¿Religión vs. Laicismo?

Turquía parece ser una sociedad islámica: alrededor del 98% de la población se declara practicante del credo. Pero la cifra no dice nada en realidad. No toda la población turca pertenece a la misma tendencia del islamismo y no todos asumen su práctica religiosa de la misma forma. La parte oriental y rural del país no experimenta la religiosidad como un asunto privado, mientras que la élite que está asentada en la parte occidental del país –fundamentalmente en la provincia de Estambul- aunque se confiesa musulmana, asume la religión de forma más liberal y laica.

Sin duda, en un país como Turquía es imposible ignorar el rol que tiene la religión en la vida cotidiana de las personas. También es clave entender que el conflicto entre ‘religión’ y ‘laicidad’ parece tener un papel protagónico en la historia del último siglo, sobre todo en su vida republicana. Pero este conflicto no es entre religión y laicidad como conceptos y prácticas puras establecidas desde un punto de vista dogmático y liberal, sino que el lado de la religión es heterogéneo y no consiste, como quiere hacerse ver, en una fila de fanáticos que no entienden las ventajas de ser occidental y laico; mientras que el lado ‘laico’ no es tan liberal y democrático como parece. El caso de Turquía nos da una lección interesante que deconstruye esa oposición entre fanáticos religiosos y laicos liberales pulcros que se ha arraigado en el pensamiento político y en ciertas formas poco atentas de atender a los fenómenos sociales y políticos.

El carácter ‘liberal’ y ‘laico’ de la sociedad turca está enmarcado en una serie de paradojas. Durante el transcurso de la primera guerra mundial y en el tiempo posterior a su finalización, el movimiento nacionalista turco que enfrentó al Imperio Otomano y luego a los ejércitos ocupantes, tuvo un gran auge y acogida por ciertos sectores de la población. Se trataba de un movimiento de élites, principalmente de militares educados en algunos centros de Europa. Como todo proyecto de Estado-Nación, el turco fue concebido por un grupo social específico e implantado en contra de reivindicaciones nacionales y culturales de otros grupos, como los kurdos. Su idea de nación era fundamentalmente europea: laica, con instituciones liberales pensadas alrededor de la conformación de un Estado de Derecho.

Mapa que indica el territorio que tendría un hipotético país kurdo

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Pero los medios de construcción de dicha nación –que en cierto punto se confunden con la nación misma- fueron poco liberales, poco laicos y poco conformes a la idea de un Estado de Derecho. La laicidad y liberalidad de las instituciones fue construida a partir de una fuerte injerencia de los militares en la configuración del aparato estatal. Para ello, por ejemplo, el poder judicial turco en repetidas ocasiones ha prohibido la existencia de partidos contrarios a los planteamientos seculares de los militares con el fin de salvaguardar el carácter secular y plural de la república. El legado de Atatürk que fue un militar con ideas seculares y laicas está a la base de la sociedad turca. Sin embargo, la secularidad, laicidad y el carácter liberal de las instituciones se ha construido y sostenido por medios que son poco laicos y liberales. Hay pues una paradoja en la laicidad que defienden ciertas élites y ciertos sectores de la población, y que es alabada por los medios occidentales.

Mientras tanto, lo que se ha denominado como el sector ‘religioso’ y ‘musulmán’ asociado fundamentalmente en el partido AKP es, en verdad, una amalgama compleja de sectores, intereses y procesos políticos. El AKP en cierta medida intenta encarnar las expectativas de reconocimiento de un sector de la población turca históricamente excluido en un proyecto de nación construido a la europea. Adicionalmente, el actual gobierno ha adelantado un proceso de paz con los kurdos en el que, de llegar a un acuerdo, se compromete a reformar la constitución para otorgarles un gobierno autónomo en algo cercano a un experimento federal. Si bien el proceso ha tambaleado algunas veces debe entenderse que, como en todo proceso de negociación, los kurdos tienen una posición ambivalente con el AKP: si bien no se recogen del todo en sus postulados hasta el punto de haber participado en las protestas, el PKK (Partido de los trabajadores de Kurdistán) sabe y entiende muy bien que un retorno de la élite kemalista (militar y laica) supone un entierro definitivo de las negociaciones.

Pero también el AKP y su primer ministro Erdoğan han consolidado una alianza con el sector empresarial del país, cosa que ha sido sistemáticamente ignorada por algunos medios y que debe tenerse en cuenta para analizar el escenario. El AKP ha sido políticamente ‘conservador’ y económicamente neoliberal: una mezcla que por lo general potencia las ganancias de los empresarios pues, por ejemplo, apelando a la idea de la inferioridad femenina, pueden atenuarse las formas de explotación de las mujeres, lo que se traduce mayores ganancias, tal y como sucede en Turquía4. Así, el importante crecimiento económico que Turquía ha tenido en los últimos años ha venido acompañado de un aumento de la desigualdad en donde los beneficiarios de los frutos del bienestar económico han sido únicamente las élites empresariales. El gobierno ha tenido una práctica privatizadora explícita5 que atañe a empresas de telecomunicaciones que antes eran públicas y que concierne de igual forma a los principales planes urbanos de Estambul y Ankara, la capital. La famosa tala del parque y la intención de convertir la principal plaza pública de Estambul en un centro comercial responde a la mercantilización de los espacios públicos, lo que es propio de un modelo neoliberal de desarrollo y gestión estatal.

Los hilos de la protesta

Lo que hemos mostrado anteriormente es muy esquemático pero permite comprender la pluralidad de los acontecimientos en Turquía. No hay sólo un conflicto y tampoco hay dos bandos y ciertos actores pueden jugar de un lado y del otro al mismo tiempo.

La protesta turca es heterogénea. Toda protesta lo es, es cierto. Pero la heterogeneidad radica en la pluralidad de intereses, grupos y objetivos que no coinciden del todo bajo un movimiento liberal y laico. No puede dudarse de que hay un sector urbano de ideología laica que protesta por las medidas autoritarias de Erdoğan, como la limitación en la venta de alcohol, la construcción de mezquitas con dineros públicos, entre otras cosas. Pero no son el ala principal de la protesta.

No hay que olvidar que la izquierda turca ha tenido una tradición de organización sindical y partidista, además de que el propio PKK tiene, al menos discursivamente y en la influencia sobre la población kurda que los apoya, fuertes reivindicaciones sociales en un país que ha sido tradicionalmente desigual. Las protestas por parte de sectores de izquierda frente al modelo de urbanización neoliberal6 están presentes con fuerza relativa al menos desde el 2011, lo que hace de las protestas actuales no un golpe súbito sino la expresión de un movimiento relativamente disperso y fragmentario que se ha venido cocinando desde hace ya algún tiempo.

Pero el estado generalizado y radical de las protestas responde también a un desgaste del gobierno del AKP a raíz de la cercanía de las elecciones municipales. Este desgaste es aprovechado por todos los grupos que de alguna forma u otra se oponen al gobierno, en donde encontramos los sectores laicos, los kurdos, población urbana excluida económicamente y sectores de tendencias minoritarias musulmanas como los alevíes, que profesan una rama del islamismo chií y se concentran en la zona centro oriental del país.

En su mayoría las protestas no son propiamente contra el carácter musulmán y religioso del gobierno del AKP sino por las fuertes desigualdades sociales y, en especial, el modelo de desarrollo urbano que ha expulsado a miles de personas de sus barrios en Estambul y Ankara para construir viviendas más caras disparando las ganancias de los productores de ladrillo, han creado un clima de descontento popular.

El futuro de Turquía es complejo y es difícil que se avecine un triunfo de la élite kemalista. Por dos razones: la primera, es que no son la mayoría en la protesta. La segunda, es que el gobierno turco ha dado duros golpes a oficiales retirados y activos que hacían parte de la élite militar laica. Aunque en la actualidad, las fuerzas sociales de izquierda turcas comienzan a tener un papel protagónico, en tanto tienen la oportunidad de condensar un importantísimo descontento en la población y crear una cohesión relativa al calor de la protesta y la confrontación, la verdad es que serán las elecciones las que seguirán decidiendo el futuro político de Turquía. Y hasta ahora, si son así las cosas, el AKP goza de un relativo apoyo electoral de sectores que no renunciarán a ser representados por el partido actual del gobierno. Si la izquierda sabe sumar a sus filas a los sectores rurales y orientales de la sociedad turca, las cosas pueden cambiar radicalmente.

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1http://www.semana.com/mundo/articulo/turquia-resiste/345747-3
2http://www.abc.es/internacional/20130612/abci-erdogan-acorrala-taksim-201306120550.html
3http://cnnespanol.cnn.com/2013/06/12/lideres-de-las-protestas-contra-el-gobierno-turco-rechazan-reunion-con-el-primer-ministro/

4http://www.reuters.com/article/2012/11/28/turkey-unemployment-idUSL5E8MGBB420121128
5http://www.oib.gov.tr/program/uygulamalar/privatization_in_turkey.htm

6http://www.jadaliyya.com/pages/index/11978/the-right-to-the-city-movement-and-the-turkish-sum