Sebastián Espinosa

* Sebastián Espinosa

Integrante del grupo de investigación en teoría política contemporánea (Teopoco).Politólogo de la Universidad Nacional de Colombia y estudiante de la maestría en urbanismo en la misma universidad.Estudiante de filosofía de la Universidad Javeriana. Cumbiero

Las últimas capturas hechas a estudiantes, egresados y egresadas de la Universidad Nacional, acusados y condenadas mediáticamente por ser los supuestos responsables del lamentable atentado al C.C. Andino, han reactivado las discusiones sobre la estigmatización del Movimiento Estudiantil y las universidades públicas, así como la proliferación de acciones de solidaridad y denuncia sobre los casos; un nuevo capítulo en la resistencia histórica de los y las estudiantes en el país. En esta ocasión, la respuesta a la agresión mediática ha sido construida desde el referente de los “falsos positivos judiciales”; expresión que recuerda situaciones como la de los 13 activistas estudiantiles capturados en el 2015, posteriormente puestos en libertad, y que evidencia la muerte social y política de activistas con ocasión de la apariencia de efectividad de la justicia colombiana.

El caso en mención muestra indiscutibles vulneraciones a los derechos más básicos en un sistema judicial: condenas mediáticas, violaciones al debido proceso, ausencia de presunción de inocencia, privaciones arbitrarias de la libertad, etc. Un sin número de modalidades y/o técnicas que hacen parte de las distintas formas de victimización de las comunidades universitarias entre las que además ha de contarse la desaparición, la tortura, los asesinatos selectivos y lamentables masacres como las del 9 de junio de 1954 y la del 16 de mayo de 1984.

Y es que, desde nuestra perspectiva, el caso de los y las capturadas por su supuesta autoría en el atentado de C.C. Andino, tiene que ver con la referencia negativa y estigmatizada de miles de defensores y defensoras de derechos humanos, activistas culturales, artistas, entre otros, que tienen en común ser estudiantes y pertenecer al movimiento estudiantil. Este caso de persecución no es nuevo, hoy fueron 9 capturaros, ayer fueron 13; pero a lo largo de los últimos años han sido miles de personas pertenecientes a la comunidad estudiantil que han sufridos los vejámenes de una guerra que no termina. Creemos que si no se generan procesos y espacios para la investigación del movimiento estudiantil, no se podrá entender a profundidad las formas en las que este sector social ha sido sistemáticamente perseguido, pero, fundamentalmente no se podrá entender qué le ha dicho el movimiento, o los movimientos estudiantiles, a la izquierda, a la derecha, al país, a la teoría social, a la teoría de los movimientos sociales y otros formas de movilización social.

Hay que decir, como sugiere el título de este artículo, que existe una deuda en la producción de investigaciones referida al Movimiento Estudiantil. Deuda en tanto que la ausencia de análisis en torno al mismo tiene de correlato la ausencia de herramientas investigativas que promuevan y alimenten iniciativas de esclarecimiento, justicia y memoria que aborden la sistematicidad de las violaciones a los Derechos Humanos a este sujeto en particular y apunten hacia garantías de no repetición. Con las irregularidades alrededor de este proceso antes señaladas, pero, además, de probarse la inocencia de los y las estudiantes en el caso del Andino, en la que insisten ellos y ellas mismas, sus familiares y amigos y las organizaciones sociales que se han solidarizado con su caso, entrarían a engrosar la larga historia de victimización del estudiantado colombiano.

Un breve estado de la cuestión en las investigaciones sobre el ME

El Movimiento Estudiantil colombiano, así como en la mayoría de sus pares en el continente, tuvo un lugar protagónico en las luchas políticas y sociales que marcaron la segunda mitad del siglo XX en América Latina. Muchos de sus líderes tomaron parte activa en la conducción de los partidos políticos de izquierda, de los partidos tradicionales y muchos otros engrosaron las filas de los proyectos insurgentes. Según datos del CINEP, del total de registros en prensa sobre acciones de movilización de los sectores sociales entre 1957 y 1990, el estudiantil condensa el 18%1. En definitiva, es uno de los movimientos sociales con mayor protagonismo.

Acevedo y Salamanca (2011) desarrollan una revisión de la historiografía producida en torno al movimiento estudiantil que refleja su escasa presencia. Destacan los trabajos precursores de Ivon Le Bot (1984) y Francisco Leal Buitrago (1984), quienes abren una discusión presente en casi todos los análisis: la existencia o no del movimiento estudiantil como sujeto colectivo. Su posición niega esta existencia ante la ausencia de una organización gremial y de carácter nacional permanente, del mismo modo que por adolecer de programas reivindicativos asumidos por el conjunto del movimiento. La misma posición es asumida por Carlos Medina, quien además agrega a estos elementos la incapacidad de sistematizar su experiencia (Medina, 2000). Yepes y Calle contrarían esta idea, planteando que si bien el Movimiento Estudiantil “no tiene ni puede tener una historia en un sentido estricto, si tiene una existencia histórica relativamente autónoma, que trasciende la individualidad propia de las campañas”2. El objeto de estudio para estos autores sería entonces las líneas de continuidad entre los ciclos de movilización del movimiento estudiantil, en las cuales es posible reconocer aprendizajes, identidades, relevos, repertorios de movilización y de reivindicación que dialogan entre sí a través de las distintas generaciones.

Retomando a Acevedo y Salamanca, los autores muestran que no existen trabajos que a nivel nacional hayan desarrollado una obra de largo aliento dedicados a estudiar el Movimiento Estudiantil en el Siglo XX, lo poco que existe son capítulos o referencias en el marco de análisis más generales sobre los movimientos sociales; además, hay una concentración en torno al movimiento en Bogotá y las coyunturas relacionadas con el 8 y 9 de junio y la movilización estudiantil de 1971.

Esta ausencia es contrariada recientemente con el trabajo de Sebastián Cristancho “Esbozo para una historia del Movimiento Estudiantil universitario colombiano…” (2017), en este se aborda un periodo de dos décadas entre los años noventa y la primera década del nuevo milenio cuyo eje principal es la resistencia del movimiento al neoliberalismo. El esfuerzo desarrollado por Cristancho constituye un importante aporte para cualquier investigación, siendo acaso el primer libro que no orbita alrededor de los hitos conmemorativos e intenta tomar como objeto de estudio al Movimiento Estudiantil en el tiempo. No obstante, el resultado es profundamente desalentador por la perspectiva limitada, quizá auto-referida, que le da en términos de sus fuentes y perspectiva de análisis: su principal referencia teórica es lo producido por Jaime Caycedo (dirigente del Partido Comunista – PC), su principal fuente de archivo es el periódico Voz (ligado al PC) y sus entrevistas son a militantes de la Juventud Comunista (organización juvenil del PC). Si algo caracteriza al movimiento estudiantil es su diversidad, pero ésta, en el trabajo de Cristancho, no solamente es negada, sino que cae fácilmente en la trampa – aparentemente consciente – de confundir las historias de los movimientos con las historias de las organizaciones.

No obstante, a este panorama, el 2011 no marcó solamente una reactivación del movimiento estudiantil en la escena nacional, sino que a su vez propició el surgimiento de nuevas investigaciones, revisiones historiográficas y de carácter teórico metodológico, particularmente en el aporte de Yepes y Calle (2014). Por otro lado, se han multiplicado las tesis de grado y posgrado que investigan fundamentalmente fenómenos regionales de los movimientos estudiantiles; un conjunto de investigaciones que deben salir a luz pública y aportar a la comprensión de los problemas y lugares de los estudiantes en la política.

No sobra resaltar el documental “Sur de la universidad” (2013) de Cristian Rodríguez como ejemplo de trabajo audiovisual sobre el movimiento estudiantil. Un importante trabajo que extiende la frontera de la investigación académica, fundamentalmente escrita, a las artes, la música y el video.

Iniciativas de promoción para la investigación: Los archivos del Búho

Sin duda, la promoción de la investigación en este tema requiere compromisos institucionales tanto de las Universidades como de las instituciones que en el marco de la implementación de los acuerdos de la Habana abordan la reparación a las víctimas. No obstante, hay diversas iniciativas individuales y colectivas que afrontan estos retos desde tesis de pregrado y maestría, hasta iniciativas de investigación relacionadas con las conmemoraciones propias del movimiento.

Parte de estas iniciativas de investigación es el proyecto “Los Archivos del Búho: Memorias vivas del Movimiento Estudiantil de la UN”. Producto de una convocatoria del Ministerio de Cultura y el Archivo General de la Nación, un grupo de estudiantes, egresados y ex-activistas estudiantiles se han propuesto convocar a la construcción y descripción de un archivo del movimiento estudiantil partiendo de la identificación de las violaciones a los Derechos Humanos a la comunidad universitaria. El objetivo es la descripción, análisis y difusión del material de archivo que se pueda tener a disposición con la perspectiva de aportar a actuales y próximas investigaciones, apuntando a la construcción inicial de una base de datos sobre violaciones a los DDHH.

Para tal fin convocan un encuentro dirigido principalmente a activistas estudiantiles de las décadas del 70, 80 y 90 interesados en compartir sus archivos personales y su experiencia, a desarrollarse el próximo 9 de septiembre en Bogotá, en el salón Oval del edifico de posgrados de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional. Partiendo de un criterio co-elaborativo, las categorías centrales para el desarrollo del proyecto saldrían de este dialogo.

En articulación con el Departamento de Historia y el Archivo Histórico de la Universidad Nacional funcionará un punto de digitalización durante el evento, destinado a quienes quieran compartir de forma digital y conservar parte del material (documentos, archivo fotográfico, etc.). El 9 de septiembre, por otro lado, coincide con la conmemoración del 40 aniversario de la desaparición de Omaira Montoya tras ser detenida por agentes del F2 en el aeropuerto de Barranquilla, caso que abre una página trágica en nuestra historia en tanto se conoce como el primer caso de desaparición forzada en el marco de la doctrina de seguridad nacional; por tanto, y atendiendo al carácter y tema del evento, durante su desarrollo tendrá lugar un homenaje a los y las desaparecidas.

  1. ARCHILA NEIRA, Mauricio. Idas y venidas, vueltas y revueltas. CINEP y Universidad Nacional de Colombia. Bogotá, 2003. Pp. 183.
  2. YEPES GRISALES, Daniel y Víctor Santiago Calle León (2014). Hacia la historia del Movimiento Estudiantil en Colombia: elementos teórico-metodológicos fundamentales. En: Trans-pasando Fronteras, núm. 6, pp. 217-240. Cali, Colombia: Centro de Estudios Interdisciplinarios, Jurídicos, Sociales y Humanistas (CIES), Facultad de Derecho y Ciencias sociales, Universidad Icesi. Pp. 232