Durante el período en que la guerra fría funcionó como el marco geopolítico en el cual se desplegaban las relaciones internacionales, las derechas del mundo se encargaron de agitar el fantasma del comunismo, presentándose ellas mismas como antídoto contra lo que consideraban una amenaza a la tradición occidental. Caído el comunismo, las derechas tardaron en encontrar un nuevo espectro. Los países del primer mundo acabaron hallándolo en el terrorismo islámico luego del 9-11 neoyorquino. Pero las derechas latinoamericanas, en el contexto de avance de los denominados gobiernos progresistas en el Cono Sur, encontraron un enemigo más cercano y de carácter regional: el chavismo.

Venezuela, y sobre todo “el chavismo”, se transformaron rápidamente, gracias a esa particular eficacia que los medios de comunicación tienen para, a través de la repetición, afectivizar (y afectar) el lenguaje, en palabras de una enorme carga negativa. Venezuela se volvió la referencia de todo aquello que había que conjurar: la “dictadura”, el “Estado desmesurado” y la “ausencia de división de poderes” a nivel político; la “escasez”, el “racionamiento” y la “destrucción de la inversión privada” a nivel económico; la “violencia” y la “división de la sociedad (la famosa grieta)” a nivel socio-cultural. “No queremos ser Venezuela”, fue una frase muy escuchada en las manifestaciones contra el gobierno de la ex presidenta argentina Cristina Kirchner realizadas durante su mandato. “Argenzuela” fue el neologismo acuñado por esos sectores temerosos de llegar a parecerse al país caribeño, sectores de la sociedad civil – pertenecientes a las clases medias y altas – informados en las líneas editoriales de medios de comunicación hegemónicos, nacionales e internacionales1.

Si durante el gobierno de Cristina Kirchner, la Argentina aparecía en estos discursos como la mejor alumna y discípula del chavismo en tanto continuadora de las enseñanzas de la maestra Venezuela, el cambio de ciclo representado por la asunción de Mauricio Macri no sería otra cosa sino el conjuro contra Argenzuela. En este sentido, la derecha argentina muestra a las claras la construcción espectral del chavismo como aquello en lo que, sin un cambio de rumbo mediante, es inevitable convertirnos. Mauricio Macri encarna así la principal oposición continental al gobierno de Nicolás Maduro tanto en declaraciones públicas de tipo: “Qué difícil debe ser irse a dormir con tantas muertes sobre tu cabeza”2 -y la respuesta de Maduro acusando a Macri de “pelele del imperialismo”, “sanguijuela” y “sicario de la oligarquía”3-; en la intención de quitarle la distinción de la Orden del Libertador General San Martín a su par venezolano;o en la intervención de Argentina en la activación de la cláusula democrática del MERCOSUR contra Venezuela y que derivó en la reciente “suspensión” de dicho país.

Si retomamos la metáfora del juego de espejos, y más allá del citado posicionamiento y accionar del gobierno argentino, asombra ver cómo ciertos aspectos de la gestión de la Alianza Cambiemos han motivado a funcionarios, periodistas, políticos e incluso organismos internacionales a insistir con la imagen de Venezuela como un espejo -aunque esta vez en un uso de lo especular que resulta paradójico y complejo- en el cual la Argentina de Macri puede reconocerse. Estos aspectos que admitirían la comparación se centran principal -aunque no únicamente- en materia de derechos humanos y asuntos jurídicos.

Una de las posiciones más contundentes al respecto fue la de Amnistía Internacional. En su visita a Argentina, a fines de junio de este año, Erika Guevara Rosas, directora ejecutiva del organismo, trazó un paralelo entre ambos países. Sostuvo que, jurídicamente, entre la situación de Leopoldo López y Milagros Sala -los dos presos políticos más conocidos de Venezuela y Argentina, respectivamente- no hay diferencias. En ambos casos, aseguró, se trata de procesos viciados de irregularidades, en los que se destacan, además, las múltiples denuncias por torturas y maltrato a ambos prisioneros.

Amnistía Internacional no fue el único organismo en referirse a la detención de Milagros Sala. También lo hizo el Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias de la Organización de Naciones Unidas (ONU) y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). En todos los casos, la detención de la líder social fue calificada de arbitraria, al tiempo que también coincidieron en alertar sobre el “uso en exceso de la prisión preventiva” y la “selectividad del sistema de justicia penal”. Todos estos organismos demandaron la inmediata liberación de la detenida, tal como lo habían hecho en el caso de Leopoldo López.

Estos paralelismos erosionan la autoridad moral que el gobierno de Mauricio Macri se arroga a la hora de intentar que  Argentina encarne la oposición continental al gobierno de Nicolás Maduro. Los conflictos diplomáticos en torno a la detención de Milagros Sala fueron in crescendo, y hasta la propia ex canciller argentina Susana Malcorra, tras su renuncia, admitió que el caso tiene “impacto en el exterior”, y que negarlo es “negar la realidad”. La presión, sobre todo internacional, obtuvo un logro parcial, al conocerse, el pasado 15 de agosto, el fallo del juez jujeño Gastón Mercau, en línea con las demandas de la CIDH, que había pedido “medidas alternativas” a la prisión preventiva. Con esta sentencia, se espera que la dirigente social pueda esperar los juicios que tiene pendientes, cumpliendo una prisión domiciliaria.

Para reforzar la comparación, el vínculo que ambos gobiernos tienen con el poder judicial también ha sido otro aspecto que ha despertado el señalamiento de estas semejanzas. Fue la procuradora general de la Nación, Alejandra Gils Carbó, quien, ante las declaraciones de funcionarios macristas acerca de su posible destitución por decreto presidencial, declaró, sin demasiados rodeos: “Si Macri me echa por decreto, es igual a Maduro”. La Procuradora hacía referencia a la situación de Luisa Ortega Díaz, la procuradora venezolana –con quien se ha mostrado públicamente hace tan sólo algunos días, en el marco de la reunión de fiscales generales del Mercosur- que mantiene una situación tensa con el mandatario caribeño, y que también había realizado declaraciones en el mismo sentido que su par argentina, comparando sus respectivas situaciones.

Tal como muestran las similitudes trazadas entre Argentina y Venezuela en los casos puntuales descritos  Argenzuela sigue operando como una comparación disponible para políticos, periodistas, funcionarios de todo nivel e, incluso, para los ciudadanos de a pie. Una comparación que estaba basada en la afinidad entre mandatarios, miradas comunes de la geopolítica latinoamericana y políticas de gobierno; y que se reactualiza en la supuesta sintonía relativa a avasallamientos jurídicos y de derechos por parte de gobiernos de signos políticos opuestos. En todo caso, una valoración negativa del proceso venezolano signa las dos posibilidades de la comparación, independientemente de las buenas o malas intenciones de sus enunciadores y sus objetivos. Observamos con cierta preocupación la insistencia del juego de espejos propuesto por la idea de Argenzuela en este nuevo contexto, en tanto no hace más que reforzar el sentido común, forjado durante el ciclo kirchnerista en Argentina, respecto a los peligros de importar las características -o tal vez “desgracias”- del chavismo (aplicable también a la “pesada herencia” del kirchnerismo). Más aun, Argenzuela invisibiliza, en el contexto latinoamericano de hoy, las disputas no cerradas –aunque las derechas así lo quieran mostrar- entre gobiernos que defienden los intereses de los sectores más concentrados y gobiernos que, pese a sus aciertos y errores, se articulan en torno a posiciones y demandas populares4.

  1. Cabe citar algunos ejemplos de medios gráficos nacionales e internacionales, “Argenzuela: parte I” (disponible en: http://www.lanacion.com.ar/1723004-argenzuela-parte-i) publicado el 30 de agosto del año 2014 en el diario La Nación y su continuación en “Argenzuela” del 31 de agosto de 2014 (disponible en: http://www.lanacion.com.ar/1723278-argenzuela); y, a nivel internacional, la nota “¿Sigue Argentina el modelo económico de Venezuela?” publicada el 29 de septiembre de 2014 por la BBC (disponible en: http://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/09/140924_argentina_venezuela_argenzuela_vs).
  2. Extracto de la nota titulada “El mensaje de Mauricio Macri a Nicolás Maduro: Que difícil debe ser irse a dormir con tantas muertes sobre tu cabeza”, publicada el 22 de agosto de 2017 en el Diario Infobae (disponible en: http://www.infobae.com/america/venezuela/2017/08/07/el-mensaje-de-mauricio-macri-a-nicolas-maduro-que-dificil-debe-ser-irse-a-dormir-con-tantas-muertes-sobre-tu-cabeza/).
  3. Extracto de la nota titulada “Maduro acusó a Macri de ser un “pelele del imperialismo” y un “sicario de la oligarquía”, publicada el 06 de octubre de 2016 en el Diario Perfil (disponible en: http://www.perfil.com/politica/nicolas-maduro-acuso-a-macri-de-pelele-del-imperialismo-y-un-sicario-de-la-oligarquia.phtml).
  4. En este sentido, nos hacemos eco de las palabras de Enrique Dussel cuando advierte a la intelectualidad de izquierda que tenga mucho cuidado “porque efectivamente nuestros grandes gobiernos que han asumido posiciones populares pueden también, como todo partido político y toda opción, cometer ciertos errores. Pero criticar en esta coyuntura estratégica a Venezuela y su gobierno supone inevitablemente un apoyo a los grupos opositores”. Respuesta de Enrique Dussel al comunicado de intelectuales y pensadores europeos y latinoamericanos que suscribieron el comunicado denominado “Llamado internacional urgente a detener la escalada de violencia en Venezuela” (disponible en: http://albaciudad.org/2017/06/filosofo-enrique-dussel-sobre-venezuela/).