Hernán Alejandro Cortés

* Hernán Alejandro Cortés

Estudiante del Doctorado en Filosofía y Magíster en Filosofía de la Universidad de los Andes; Licenciado en filosofía de la Universidad Santo Tomás. Ha sido profesor de la Universidad de los Andes, la Universidad Jorge Tadeo Lozano y la Universidad San Buenaventura. Actualmente es becario de la Universidad de los Andes e investigador de REC-Latinoamérica. Es autor del libro: El animal diseñado: Sloterdijk y la onto-genealogía de lo humano (2013). Su campo de investigación es la filosofía política y latinoamericana. Su proyecto doctoral se concentra en el problema de lo común en el marco de las discusiones sobre la ontología política en autores como Laclau, Žižek y Castro-Gómez.

Me parece que la agenda que debe movilizarse en la discusión política latinoamericana debe procurar atender tres problemas fundamentales y clásicos cuando se trata de pensar una alternativa. Por un lado, el problema de la propiedad y del uso de la tierra, por el otro, el problema de los liderazgos carismáticos y, finalmente, el problema de una articulación entre una potencia destituyente, que proviene de los movimientos sociales, y una potestas instituyente, que se cristaliza en el Estado. La idea de un republicanismo plebeyo articula estos tres puntos y juega dentro de una lógica de lo político en la que resulta necesario articular una actitud crítica capaz de aportar en el desarrollo de una imaginación política.

Son los trabajos de la filósofa Luciana Cadahia y los de los filósofos como Ernesto Laclau y Santiago Castro-Gómez quienes me han invitado a pensar esta alternativa política. En primera medida, quisiera detenerme en una cuestión teórica. Estos tres pensadores, de una u otra forma, comparten una cierta visión de lo político como una lógica cuyo terreno es el antagonismo; lo político es contingente, trágico y abierto, no apela a un fundamento último y, en esa medida, resulta necesario pensar cuál es la lógica que permite que la vida en comunidad sea posible. Una pregunta difícil en la que hay que tomar elecciones, es decir, asumir el momento instituyente de la crítica como un movimiento positivo, que en lugar de creer en la crítica como un pesimismo sin más, decida asumir la posibilidad de crear y pensar nuevas formas de articulación política.

El problema de la propiedad y del uso de la tierra es quizá el más espinoso de los temas para pensar una agenda progresista de gobierno. Es hasta cierto punto claro que el modelo de expropiación de capitales ha resultado contraproducente y que, en lugar de crear una efectiva redistribución de la riqueza, ha consolidado una serie de pugnas de clase que se han cristalizado en aparatos burocráticos que han centralizado las riquezas paralizando algunos desarrollos productivos. Si le sumamos a eso que las rancias oligarquías latinoamericanas han respondido de manera agresiva y violenta, al desarrollo de la expropiación de capitales para el desarrollo de la propiedad común, podemos considerar que expropiar sin un efectivo plan de desarrollo institucional siempre agudizará las tensiones sin llegar a resolver las demandas. Para que exista una efectiva re-distribución de la riqueza resultará necesario avanzar en una noción de propiedad distinta a la que ha encarnado el capitalismo, y ello resulta difícil porque dicho ejercicio no se decreta en una ley.

Marx y Engels lo sugerían en el Manifiesto del Partido Comunista, se trata de luchar contra la forma de propiedad del capitalismo, esto lleva a pensar nuevas formas de propiedad que estén al servicio de lo común y no a disposición de las minorías para el usufructo de las mayorías. Para ello creo en las ideas del republicanismo, según las cuales habría que repensar la noción de propiedad para garantizar la no-subordinación de ningún sujeto de la sociedad. Pasar de una noción de propiedad como posesión, a una noción de propiedad como posibilidad de no-dominación. Se trata de que los sujetos sean dueños de sí mismos y para que puedan serlo será necesario que las garantías vitales estén cubiertas, de manera que cada sujeto no pueda ser un objeto dentro de una relación de subordinación tal y como sucede hoy en el neoliberalismo. No se trata entonces de suprimir la propiedad sino de repensar las formas de acción de la misma. En este sentido, me parece que movimientos sociales como el MST en Brasil y los movimientos indígenas del Cauca en Colombia han avanzado considerablemente al pensar nuevas formas de propiedad que no pasan por las directrices del capitalismo. Ambos movimientos han logrado extender una idea de la propiedad colectiva que establece un litigio con el Estado y renueva la noción de propiedad y el uso de la tierra de los sin parte.

Por otro lado, creo que la alternativa populista se ha expuesto como un gesto crítico en la forma de concebir lo político. El análisis de Laclau, que se ha extendido desde Política e ideología en la teoría marxista (1978) hasta La razón populista (2014), es una apuesta por pensar esas particularidades históricas que se han configurado en Latinoamérica, donde el liberalismo democrático sirvió como plataforma para la oligarquización de los Estados y no para el desarrollo igualitario de las libertades individuales. Sin embargo, y como bien lo señala Laclau, las experiencias latinoamericanas se han encargado de crear una alternativa a esta forma de gobierno del liberalismo; el populismo como lógica de lo político nos deja entrever que hay otras formas de comprensión de las experiencias políticas y que la institucionalidad y la hegemonía son cuestiones importantes para pensar nuevas apuestas de gobierno que marcan las tensiones en la instauración de una frontera constitutiva que siempre puede desplazarse. El populismo se ha convertido en una forma de pensar el papel de los liderazgos carismáticos y ha asumido dentro del desarrollo de su lógica pensarlos, no como derivas autoritarias y sí como potencias que articulan demandas.

Sin embargo, hoy hay que preguntarse si los liderazgos carismáticos del estilo Chávez y Correa, son suficientes para sostener gobiernos progresistas. Las actuales crisis de los gobiernos de Ecuador y Venezuela son una muestra de que el papel de los liderazgos debe pensarse como importante pero no suficiente; en lugar de estructurar una política emancipatoria en torno a un líder, sea el que sea, resultará necesario ampliar el desarrollo institucional sobre la base de otras formas de articulación gubernamental. Catalizar el descontento puede ser posible a través de la figura de los líderes, pero gestionar el descontento será tarea de instituciones que no pueden ni parecerse a las del liberalismo, ni gestionarse como las del socialismo realmente existente. En este punto hace falta más creación y menos modelos, más paciencia y compromiso por un horizonte en el que los ciudadanos sean parte de las instituciones y no parte del reparto de las mismas, para usar el lenguaje de Rancière.

Recientemente, Luciana Cadahia (2017) ha propuesto pensar las herencias del republicanismo plebeyo en Latinoamérica como una posibilidad para que esos registros históricos puedan activar luchas democráticas en la actualidad. En este sentido, resulta crucial pensar las articulaciones entre republicanismo, populismo y democracia como escenarios de disputa de lo político que no son ajenas a nuestros contextos:

[…] existe una tradición de republicanismo plebeyo, cuyas instituciones están al servicio de las mayorías, es decir, garantizan el derecho a tener derechos. Y creo que esta última forma de republicanismo tiene grandes afinidades con el populismo. Por decirlo de forma esquemática, han sido los populismos realmente existentes los que construyeron instituciones y ampliaron derechos en América Latina (Cadahia, 2017).

Pensar cómo se construyen esas voluntades plebeyas, cómo desarrollan articulaciones para conformar instituciones y cómo se la juegan en la conformación de nuevas formas de gobierno y de organización será una de las tareas fundamentales de la teoría crítica latinoamericana. Es necesario asumir el terreno de disputa ideológica como parte de una batalla cultural y como escenario crucial para entender mejor esas reverberaciones fantasmagóricas, esas reiteraciones que van configurando lo que somos, pero que a su vez van permitiendo que nos situemos en relación con un futuro por venir.

Finalmente, creo que uno de los puntos clave para pensar el republicanismo plebeyo como una apuesta de configuración política tiene que ver con la tensión dialéctica entre la potencia destituyente y la potestas instituyente de la que habla Castro-Gómez en Revoluciones sin sujeto (2015). Para ello habrá que ver que la potencia de los movimientos sociales en su pugna con el Estado no puede cristalizarse nunca, pues es esa movilidad permanente la que logra consolidar una agenda de trabajo múltiple al interior de las instituciones del Estado. Asimismo, habrá que pensar la institucionalidad como un agente creativo que incorpore demandas y sea capaz de trasladar sus preocupaciones instituyendo nuevas formas de relacionamiento político. Para luchar contra la burocratización de las instituciones estas deben dejar de ser patricias y procurarse una forma plebeya.

 

Referencias:

Cadahia, L. (2017). Entrevista con Luciana Cadahia, 2017, disponible online: http://www.redaccionpopular.com/articulo/entrevista-con-la-filosofa-argentina-luciana-cadahia

Castro-Gómez, S. (2015). Revoluciones sin sujeto. México: Akal.