La afirmación no es de Heinrich, es de Carlos Marx en carta escrita a Becker en 1867 refiriéndose a la publicación del tomo I de El Capital1. Heinrich señala que se trata de una afirmación petulante de Marx pero que tiene mucho de verdad.

En el marco del IV Seminario Internacional sobre los 150 años de la publicación del primer tomo de El Capital, celebrado en Bogotá entre el 2 y el 6 de octubre de 2017, el profesor Michael Heinrich de Alemania presentó una ponencia sobre la obra inconclusa de Marx, que ofreció información y análisis muy interesantes. Heinrich nació en Berlín en 1957,  es doctor en Ciencias Políticas, estudioso de El Capital desde los 17 años, miembro de una corriente llamada la “nueva lectura de Marx”, autor de “La Ciencia del Valor” (desafortunadamente no disponible todavía en español) y de dos libros que constituyen, en mi opinión, las mejores introducciones a la lectura de El Capital: “Crítica de la Economía Política. Introducción a El Capital de Carlos Marx”2 y “Cómo leer el Capital”, ambos publicados en español por la editorial Escolar y Mayo de Madrid.

 

El misil de Marx

El Capital es una crítica profunda de la economía política y del modo de producción capitalista que muestra, en lo fundamental, que se trata, por una parte, de una sociedad anárquica donde los hombres han creado un sistema que los controla y, por la otra, de una sociedad basada, como el esclavismo y el feudalismo, en la explotación de unas clases por otras, bajo una forma muy particular que oculta dicha dominación. Es comprensible, por tanto, que las instituciones defensoras del capitalismo reaccionen para impedir que el misil no dé en el blanco. Desde la propia aparición de El Capital, este fue objeto de una estrategia de indiferencia y exclusión, especialmente en el campo académico. Con el triunfo de la revolución rusa, la reacción fue aún mayor y de hecho condujo a la prohibición de literatura marxista en muchos países. En el campo de la economía se dio el cambio hacia la teoría de la utilidad marginal, que dejaba de lado la teoría del valor trabajo de los clásicos, teoría que condujo a conclusiones revolucionarias y peligrosas para el sistema. Actualmente en Colombia, El Capital no se estudia seriamente en ninguna universidad y mucho menos en las facultades de economía donde con suerte se le dedican unas sesiones en un curso sobre historia del pensamiento económico. La mayoría de estudiantes de economía son prácticamente analfabetos en cuanto a la teoría del capitalismo desarrollada por Marx. Pero tampoco hay programas de estudio de El Capital en partidos políticos o fundaciones de izquierda. El escudo antimisiles contra El Capital ha logrado su cometido. Es un triunfo ideológico enorme. La idea de que El Capital es un texto anacrónico, irrelevante y nada pertinente, predomina, incluso entre algunas personas de izquierda.

Por lo anterior es estimulante tener la oportunidad de escuchar en Bogotá a alguien como Heinrich, quien junto a algunos otros investigadores, como David Harvey, que también estuvo en el mismo evento, han dedicado parte de su vida al estudio de El Capital y continúan enseñándolo. Presento a continuación algunas ideas sobre el particular planteadas por Heinrich.

 

Sobre la vigencia y características de El Capital

Con la desaparición de la Unión Soviética se ha planteado que también cayó la teoría de Marx. Sin embargo, en ninguna parte de El Capital se presenta una teoría del socialismo, de hecho Marx afirmó enfáticamente que él no había construido ningún sistema socialista; por tanto, no es coherente señalar que perdió vigencia una teoría que nunca existió. Se señala también que El Capital se refiere al capitalismo inglés del siglo XIX y por tanto que no tiene vigencia ni aplicación a otras realidades y en particular a la situación colombiana. Esta afirmación desconoce que El Capital es una obra teórica, donde se construye el concepto de modo de producción capitalista y se exponen las leyes que rigen su organización y funcionamiento; se encuentran partes y capítulos con ilustraciones históricas en El Capital, pero no es una obra histórica.

De otro lado se afirma que El Capital es un texto economicista y determinista.  Sobre  esto señala Heinrich que posiblemente podrá hacerse esta crítica a algún o algunos autores seguidores de Marx pero no a El Capital. En efecto, hay algunos párrafos donde Marx señala el inevitable paso del capitalismo al socialismo, pero la lectura de conjunto de su obra no comparte esta postura. De otra parte, El Capital se enfoca en la dimensión económica del capitalismo pero tiene como perspectiva el modo de producción en su conjunto que abarca dichas dimensiones; por esto, se encuentran en El Capital elementos para la comprensión de la política y del Estado, así como un análisis y crítica de las categorías cotidianas e ideológicas dentro de las cuales operan y piensan los agentes; Marx tenía proyectado además de los primeros tomos de El Capital escribir otros sobre el Estado, el comercio internacional y la competencia. Es curioso ver cómo mientras que por una parte se acusa a El Capital de ser una obra economicista, por la otra,  se señala que no es propiamente una obra de economía.

 

Sobre El Capital y la obra inconclusa

El Capital presenta tanto una crítica de la economía política como una descripción y explicación del funcionamiento real del sistema capitalista. Heinrich destaca en su libro la crítica de la economía política, que es precisamente el subtítulo de El Capital, por las siguientes razones:

  1. Marx no es un economista político más. Construye El Capital con base en su concepción materialista de la historia y de una lectura crítica de los economistas políticos, especialmente de Adam Smith y de David Ricardo, pero no se queda en un análisis de sus resultados sino que cuestiona sus fundamentos y las preguntas sobre las cuales se organiza. Un ejemplo se encuentra en la teoría del valor. Marx reconoce que los clásicos, partiendo de los precios investigaron su fundamento y lo encontraron en el trabajo como sustancia y fuente del valor y el tiempo de trabajo como sustento de la magnitud, lo cual constituyó un avance en el pensamiento económico. Pero se detuvieron ahí y nunca se preguntaron por qué el trabajo toma la forma del valor del dinero y del precio. Aquí radica una diferencia fundamental.
  2. Marx por su parte, encuentra que dentro de las relaciones capitalistas y de mercado, organizadas a partir de propietarios privados y aislados, la sociedad se estructura expost, es decir, no es el resultado de una decisión consciente de los seres humanos, que distribuyen los recursos y los productos de acuerdo a un plan, sino la consecuencia de la interacción de individuos independientes, aparentemente, que producen con la perspectiva de obtener un ingreso y una ganancia. En este tipo de sociedades, por tanto, el intercambio genera el valor y el dinero, y el trabajo, que es algo claro y evidente en otras formas de sociedad, aparece bajo dicha forma que oscurece su comprensión.
  3. La consecuencia es que una sociedad creada por los seres humanos termina siendo un objeto que domina a los propios seres humanos. De aquí la denominación de Marx sobre el fetichismo de la mercancía, por analogía con la religión, donde una creación mental de los hombres –los dioses- terminan por ser los creadores y dominadores.
  4. Señala Marx que, por tanto, la conciencia de los hombres dentro de la sociedad capitalista está afectada por este fetichismo y por un conjunto de mistificaciones que ocultan la realidad sobre el funcionamiento del sistema. La propia economía política y la economía marginalista opera con las categorías de los agentes prácticos y, por tanto, se queda en un nivel superficial del análisis y de la comprensión.
  5. Adicionalmente, la sociedad capitalista se basa también en una relación de explotación entre clases, donde una clase es propietaria de los medios de producción y la otra (la gran mayoría de la gente) solo cuenta con su fuerza de trabajo. Pero a diferencia de otros modos de producción como el esclavismo, el feudalismo, donde la relación de explotación es clara y comprensible para los agentes y se garantiza por la fuerza abierta, en el capitalismo está oculta detrás de la ilusión de la libre relación contractual entre los capitalistas y los trabajadores. Por tanto, la dominación en el capitalismo es impersonal, garantizada por las propias relaciones económicas y no necesariamente por la fuerza; señala Heinrich que mientras que en el esclavismo los esclavos tratan de escapar de sus amos, en el capitalismo los trabajadores buscan ansiosamente a sus patrones para que los exploten.

Son estos algunos de los elementos que nos plantea Heinrich. La obra de Marx es fundamental para entender el capitalismo actual, para comprender las relaciones sociales particulares en las cuales estamos inmersos y para saber quiénes somos. La crítica de la economía política, de las categorías cotidianas, de las ideas comunes es un elemento fundamental como arma para luchar contra el capitalismo.

Igualmente, señala que la relevancia de la crítica sigue teniendo vigencia en los debates actuales, planteando una distinción muy interesante entre las ciencias acríticas y críticas, sobre lo cual afirma: “Por ‘acrítica’ habrá de entenderse aquí una ciencia social que está al servicio de las relaciones de dominación existentes en tanto contribuye a una mejora del funcionamiento de éstas. Una tal ciencia puede aparecer como efectivamente crítica o radical, pero lo decisivo para el juicio de si es acrítica es la prueba de que el horizonte de sus planteamientos de las cuestiones y sus intereses de investigación permanecen presos en el espacio de dominación que es definido por lo efectivamente existente. En contraposición a ello, puede denominarse “crítica” a aquella ciencia social que hace de este mismo espacio de dominación el objeto de su investigación.”3

 

Leer El Capital en su proceso y flujo de creación

Por todo lo anterior señala Heinrich, es necesario y útil estudiar El Capital. Pero no como una obra acabada, como un texto inmutable, como una Biblia. En su exposición señaló cómo Marx continuó investigando hasta su muerte y haciendo cambios al tomo I, para precisar su pensamiento y exponerlo de forma más clara. De hecho, el tomo I que todos conocemos no es el tomo original publicado en 1867. De otra parte, Marx no publicó en vida sino el tomo I; los tomos II y III fueron editados por Engels y no reflejan en algunos aspectos los avances que Marx tuvo, en temas como por ejemplo las crisis. Adicionalmente, Marx construye una nueva teoría, se aleja de los clásicos, pero todavía en ciertos temas y pasajes cae dentro de las concepciones anteriores. Es necesario, afirma Heinrich, estudiar El Capital como una obra en proceso, conocer su flujo, todo esto en la perspectiva de desarrollar el propio pensamiento de Marx.

Para aquellos interesados en conocer El Capital, los textos de Heinrich son muy valiosos; realiza una exposición clara y amena, crítica de la obra en su conjunto, y le añade unas reflexiones sobre las crisis, el Estado y el capital y el comunismo. Es difícil, en mi opinión, encontrar actualmente, un mejor maestro.

  1. El primer volumen de El Capital: “It is without question the most terrible MISSILE that has yet been hurled at the heads of the bourgeoisie (landowner included”). Marx to Johann Philipp Becker, Hannover, 17 April 1867, Marx and Engels Collected Works, Volume 42, p. 358.
  2. Heinrich, Michael, Crítica de la Economía Política. Una introducción a El Capital de Marx. Escolar y Mayo Editores, Madrid, 2008. Heinrich, Michael, ¿Cómo leer El Capital de Marx? Indicaciones de lectura y comentario sobre el comienzo de El Capital, Escolar y Mayo Editores, Madrid, 2011.
  3. Heinrich, Michael, ¿”Cosmovisión” o estrategia? Sobre dialéctica, materialismo y crítica en la crítica de la economía política  en: Alex Demirovic (ed.), Kritik und Materialität, Münster: Westfälisches Dampfboot 2008, pp. 60-72. (Traducción: Clara Ramas San Miguel)