Mauricio Rivera

* Mauricio Rivera

Periodista, escritor, realizador de video y fotografo. Doctor en Comunicación y Periodismo de la Universidad de RMIT de Melbourne, Australia; Magíster en Comunicación Profesional con especialización en Escritura Profesional de la Universidad de Deakin de Melbourne, Australia; Comunicador Social y Periodista de la Universidad de La Sabana de Bogotá, Colombia. Actualmente dicta la clase: El Periodismo como 'arma democrática' en la era digital de la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá. Otras muestras de su trabajo pueden verse en los blogs: http://elmr2.wordpress.com/ (español) y http://mr2blog.com/ (inglés)

Partiendo del supuesto de que en los próximos meses no va a ocurrir un evento que provoque una crisis de proporciones planetarias, como, por ejemplo, lo sería una declaración de guerra entre los Estados Unidos y Corea del Norte, pienso que es un buen momento para jugar a predecir algunos de los acontecimientos que pueden marcar el destino del 2018. Incluso si llegamos a evitar el inicio de una etapa apocalíptica y podemos disfrutar de una temporada navideña en paz, creo que no me equivoco al concluir que el 2017 ha sido un año que, en términos generales, invita a la desilusión y el pesimismo.

Dentro del panorama geopolítico, ejemplos que van desde las marchas de neo-nazis y supremacistas blancos en los Estados Unidos y los triunfos electorales de la extrema derecha en Austria y (en menor medida) Alemania, hasta los sucesos relacionados con el movimiento independentista catalán, confirman un (re)surgimiento del nacionalismo, similar al que se vivió durante la primera mitad del Siglo XX, el cual ya se venía manifestando desde (por lo menos) el 2016, con casos como el Brexit y la elección de Donald Trump.

Ahora, el 2018 nos espera con un mundial que ha de jugarse en la Rusia de Putin. Por consiguiente, cabe preguntarse si este mundial habrá de recordarse como se recuerda el de Italia de 1934 o las olimpiadas de Berlín de 1936. A diferencia de lo sucedido en dichos eventos deportivos, es muy probable que este mundial cuente con la presencia de barras bravas de países como Inglaterra, Alemania o Polonia (sin mencionar a los hooligans locales que ya causaron estragos en la Eurocopa de Francia de 2016). Más allá de las barras bravas, los organismos de seguridad rusos han de estar preocupados por un posible ataque terrorista. Las recientes amenazas publicadas por el Estado Islámico no hacen más que confirmar una intención que, tras la participación de Rusia en la guerra de Siria, era fácil de pronosticar. Lo curioso es que, ante cualquier eventualidad, ya sea que el mundial ocurra sin ningún contratiempo o que haya algún ataque que lamentar, pareciera que la posición de Putin (tanto en el contexto interno como en el internacional) terminará viéndose favorecida.

Ahora, respecto a la crisis del Medio Oriente, las manifestaciones políticas y militares en contra del referendo que promueve la creación de un Estado kurdo independiente, indican que el 2018 será otro año más marcado por el sectarismo y la barbarie.

Dentro del panorama colombiano, estaremos en medio de una nueva elección presidencial. Este proceso, como anticipé en otra columna publicada en este mismo espacio, coincidirá con la euforia que ha de despertar la participación de la Selección Colombia en el mundial. Aunque no cuento con datos para corroborar mi hipótesis, a mi entender, la campaña de reelección de Juan Manuel Santos, basada en un mensaje optimista en torno al proceso de paz, se vio favorecida por el positivismo que despertó la experiencia mundialista en Brasil. Esta situación, por su parte, generó una disonancia con la negatividad en la que se basó la campaña de Óscar Iván Zuluaga (valga recordar las burlas que generó el comercial de la loca de las naranjas). Hablando quizás más desde el deseo que desde la razón, reconozco que un fenómeno similar podría jugar en contra de la candidatura de un Germán Vargas Lleras que, al parecer, va a terminar siendo ‘el que diga Uribe’. Sin embargo, como expliqué en la columna antes mencionada, también hay que tener en cuenta (y vigilar) el vínculo que hay entre varios jugadores de la selección y algunas de las congregaciones religiosas que se manifestaron en contra del proceso de paz.

Por último, hay que hablar de un problema que, además de ser el más importante, durante los últimos años también se ha convertido en el más urgente, porque hay que estar preparados para nuevas tragedias relacionadas con los efectos del cambio climático. Desde el 2014, cada nuevo año ha roto el récord de ser el más caliente jamás registrado. Al respecto, cabe aclarar que, al parecer, el 2017 va a ser ligeramente menos caliente que el 2016. No obstante, lejos de ser un indicio esperanzador, la escasa diferencia entre las temperaturas registradas durante el año pasado y aquellas registradas durante el primer semestre del presente, resultan alarmantes, puesto que las temperaturas de este año no han sido influenciadas por el fenómeno de El Niño. Ante esta situación, el Ministerio del Medio Ambiente colombiano, lejos de seguir el ejemplo de otras economías, grandes pero aún emergentes, como las de China y la India -quienes han adoptado políticas que favorecen el desarrollo de fuentes de energía sostenibles- ha tomado la decisión de permitir la fracturación hidráulica (o fracking) dentro del territorio nacional.

Según el horóscopo chino, el 2018 va a ser el año del perro. Sin embargo, existen motivos tanto globales como locales, para catalogar el 2018 como el año del oso. En el ámbito de la diplomacia global, parece que será el año del oso ruso. Así mismo, para los colombianos puede ser el año en que cometamos un nuevo ‘oso’ electoral y terminemos con Vargas Lleras como presidente. No obstante, por muchas que sean las desgracias que el año nuevo tenga guardadas para la especie humana, seguro que a la postre va a ser peor para los verdaderos osos, desde los polares hasta los de anteojos.