Diego Barragán

* Diego Barragán

Doctor en Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, Magister en Sociología de la Universidad Nacional de Colombia y Contador Público de la Universidad de Ibagué. Se desempeña en tres campos temáticos: sociología de la educación, organizaciones y relaciones del trabajo y sociología histórica. En docencia, ha trabajando en pregrado y en postgrado, en la actualidad es catedrático en dos universidades de Bogotá. En investigación se desempeña como investigador y como evaluador, en universidades, en instituciones y en redes de investigación nacionales e internacionales

En los próximos meses, con la campaña presidencial, los ciudadanos colombianos deben estar preparados para vivir la política colombiana en su máximo esplendor. Deben soportar acusaciones, intimidaciones, acuerdos por debajo de la mesa, alianzas entre los que ayer eran enemigos a muerte y hoy son los mejores amigos; los ciudadanos deben soportar manejos donde la honestidad no existe. Esto no es nuevo, Arnulfo Briceño lo ilustraba en los 70´s con la canción, “¿A quién engañas abuelo?” que en una parte dice: “Aparecen en elecciones unos que llaman caudillos, que andan prometiendo escuelas y puentes donde no hay ríos, y al alma del campesino llega el color partidizo, y entonces aprende a odiar hasta a quien fue su vecino, todo por esos malditos politiqueros de oficio”. La canción de Briceño trata sobre un niño y un abuelo, ellos está en medio del conflicto colombiano y el abuelo no puede explicar a su nieto qué sucede, y menos cómo los políticos, a pesar de que los ciudadanos viven en condiciones deplorables, regresan con sus campañas creando conflictos entre las personas que cotidianamente construyen el país.

Las elecciones hacen parte de un proceso largo, se realizarán el 27 de mayo de 2018 y en caso de segunda vuelta, el 17 de junio. Es decir, faltan varios meses de contienda política y hasta el momento se tiene un número cercano a 30 aspirantes al cargo, cada semana con otro aspirante más (Vargas, marzo 7 de 2017). A pesar de la diversidad de los candidatos, en su mayoría cuentan con algo en común: no tienen propuestas sistemáticas o planes de gobierno frente a los complejos problemas que enfrenta Colombia, desde la insatisfacción de necesidades básicas de grandes sectores de la población, el gradual detrimento de la calidad de vida de los ciudadanos, pasando por una realidad, tomada como eslogan de algunas campañas o representada por otras, como la corrupción, hasta la construcción de vías de comunicación que conecte a un país fragmentado y dividido.

Y ¿cómo sortean los candidatos poder participar en una campaña política sin presentar propuestas? Se pueden tomar dos alternativas. En la primera, algunos candidatos sólo participan para figurar en la contienda, de entrada saben que es imposible ganar, y lo que hacen al participar es desarrollar una estrategia para posicionar su clientela en el concierto regional o nacional, donde por sus alianzas y acuerdos con quienes sí tienen la posibilidad de ganar, en el futuro inmediato recibirán frutos como ocupar puestos o apropiarse de entidades o lugares donde pueden tener dinero y poder. Quienes realmente participan para conseguir la presidencia, deben hacer una red de clientelas en todo el país, negociar con varios caudillos y hacer movimientos estratégicos para convencer o vincular a su campaña a quienes consideran importantes, independiente de su origen o filiación política; al vincularlos a sus campañas fortalecen su participación y le restan poder a los adversarios directos.

En la segunda, se utilizan las redes sociales o los medios de comunicación para construir una visión de la campaña y del país, situándolos en el hoy, sin ver el pasado o sin proyectar el futuro; es lo que dijo X con respecto a Y, quién gritó, quién insultó y quién agredió a otro y dónde se vivió el episodio. La campaña presidencial es un espectáculo vergonzoso, es una especie de reality que debe tener a su audiencia cautiva día y noche, sin dejarlos pensar un poco, simplemente atraparlos como mosca en una telaraña donde se les dice qué pensar y qué movimientos pueden hacer. Además, en las redes sociales la utilización de noticias falsas, alteradas o deformadas ayuda a la consolidación de políticos sin propuestas y sin proyectos.

Respecto a los medios de comunicación, en particular algunos de los candidatos, en el presente y en el pasado, son dueños o están vinculados como periodistas, empleados o asesores de los medios de comunicación de mayor difusión en el país; entonces, dependiendo de la clientela o la capacidad económica, los candidatos pueden tener en radio, prensa, internet y, en especial, en televisión, espacios de audiencias importantes donde se generan y se construyen mensajes para los ciudadanos. Algunos pueden participar en debates, otros no cuentan con las habilidades mínimas para desenvolverse en esos escenarios; el participar sin habilidades implicaría generar una imagen negativa que se representa en la perdida de lugares en el ranking de candidatos, así se mantienen al margen y pagan secciones completas en revistas, periódicos, canales de televisión o medios de información para hacer presencia cotidianamente, para mantener su cuota de participación.

A pesar de que muchos candidatos han sido funcionarios públicos o han estado vinculados a distintos gobiernos, algo que caracteriza a esta campaña es que son muchas las promesas y pocas las realizaciones. En los años de vinculación de algunos de los candidatos, es fácil encontrar los procesos jurídicos en los que se han visto envueltos por malos manejos en asuntos oficiales o los pésimos resultados de sus gestiones en su paso por cargos o entidades de las ramas ejecutiva, legislativa o judicial; es difícil, encontrar candidatos que no se encuentren inmersos en procesos judiciales o que tuvieran una gestión, al menos aceptable, en sus actividades en el escenario gubernamental.  Frente a la trayectoria y las actuaciones de los candidatos, los ciudadanos no necesitan ir lejos, sólo con observar qué hizo, qué ha hecho y cómo se relaciona con las personas, pueden convertirse en una herramienta para entender qué va a hacer y cómo. Son simplemente sus acciones en relación con otras personas las que determinan qué va a hacer cuando llegue a la presidencia.

Ante la pregunta, ¿qué pueden hacer los ciudadanos?, la respuesta es fácil: quienes eligen al próximo presidente son ciudadanos. Elegir es una tarea ardua, los ciudadanos deben documentarse, reflexionar y afrontar sus decisiones dejando al margen los espacios de desinformación, de manipulación. También deben dejar a un lado las redes sociales, que de herramientas de comunicación pasaron a ser los escenarios de conflicto y desinformación que siempre han existido en la política colombiana. Los ciudadanos deben leer diversos periódicos, escritos, consultar distintos medios de comunicación, escuchar a los candidatos o a los analistas de la contienda y, en especial, informarse sobre las propuestas de país que presentan, cómo se podrían lograr y cuáles son las posibilidades de tener un país mejor. Los ciudadanos deben hacer su elección soportada en argumentos, un plan programático, una propuesta de gobierno y dejar a un lado el remolino de odio, rencor y desinformación, en donde el criterio de las personas queda a un costado.

Arnulfo Briceño con la canción “¿A quién engañas abuelo?”, deja un sinsabor: fue hecha durante el Frente Nacional donde clientelas se repartían los recursos y las posiciones  en el Gobierno, al observar las difíciles condiciones de vida de dos generaciones de campesinos y cómo su contacto con el Estado colombiano era únicamente en las elecciones con los “politiqueros de oficio”.  El sinsabor puede desaparecer cuando los ciudadanos asuman su rol, cuando los planes programáticos de los candidatos propongan alternativas, cuando votar a la presidencia se convierta en una decisión que afecta su vida y la de personas cercanas, cuando votar se tome como la posibilidad de tener una aceptable calidad de vida y de construir un país mejor.

 

Bibliografía

Vargas, A. (abril 17 de 2017). Panorama Electoral: ¿cambio o continuidad?. El Colombiano. Consultado el 20 de octubre desde: http://unradio.unal.edu.co/nc/detalle/cat/un-analisis/article/cambio-o-continuidad-en-la-nueva-etapa-pre-electoral-del-pais.html

Silva, R y Villalba, A. (1976). ¿A quién engañas abuelo? Compuesta por: Arnulfo Briceño. Consultado el 20 de octubre desde: https://www.youtube.com/watch?v=x8XG5XyNdtU