Miguel Ramos

* Miguel Ramos

Abogado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, defensor de DDHH, voluntario en el Comité de Solidaridad con los Presos Políticos. Su trabajo se ha concentrado en casos de conflictividad ambiental. Actualmente pertenece al Equipo Jurídico Pueblos

El pasado 16 de octubre se dio una noticia que no tuvo mayor repercusión en estas latitudes: la caída de la ciudad de Kirkuk en manos del ejército de Irak y en desmedro de las fuerzas del Gobierno Regional del Kurdistán, el cual administra la región norte y predominantemente kurda del mismo Irak. El hecho de que esto haya pasado desapercibido no sorprende de ninguna manera a un país como Colombia que, con su acostumbrada ciclotimia, se desvivía por la clasificación al mundial de fútbol y se horrorizaba por la masacre de Tumaco. Sin embargo, esa jugada del ajedrez geopolítico global debe ser analizada cuidadosamente por la fuerzas populares y democráticas que se esfuerzan por sacar al país del oscurantismo y la barbarie.

Lo primero que hay por decir es que se trató de una derrota de dimensiones catastróficas para el pueblo kurdo, pero de ninguna manera fue una derrota definitiva, ellos llevan siglos luchando por su tierra y no hay señal alguna de que pretendan dejar de hacerlo.  Para comprender el tamaño de la derrota valga decir que no solo cayó Kirkuk sino que también se perdieron 14.000 km2 riquísimos en petróleo y gas.  Esos territorios estaban bajo el control kurdo desde 2014, cuando el ejército iraquí abandonó la ciudad por miedo al Estado Islámico.

Justamente, en los últimos tres años, la amenaza del Estado Islámico tuvo bastante ocupado al Gobierno Regional del Kurdistán y a sus fuerzas conocidas como los peshmerga, no obstante, llegado 2017, esa amenaza dejó de tener un carácter estratégico y pasó a ser una simple molestia táctica.  Bajo esas condiciones, el fortalecido Gobierno Regional creyó tener la fortaleza suficiente para convocar un referéndum independentista y efectivamente lo hizo el pasado 25 de septiembre, ese día las votaciones fueron masivas a favor de la separación de Irak. Allí fue Troya, Bagdad no iba a consentir la pérdida de las riquezas al norte de su país y puso en marcha a la élite de su renovado y fortalecido ejército, que además contó con el apoyo de las milicias de Irán, un país vecino que también tiene población kurda y tampoco quiere verles independientes.  Lo que siguió ya es sabido, los peshmerga perdieron Kirkuk casi sin disparar un tiro y la tan ansiada independencia se fue al traste.  Alrededor de la humillante derrota hay distintas versiones de traiciones palaciegas y contradicciones internas, pero el hecho es que se perdió.

Ahora bien, es momento de recordar que el pueblo kurdo no solamente se halla en Irak, también se halla en las jurisdicciones de Siria, Turquía y la mentada Irán. En cada país, la lucha por su existencia e independencia ha tenido sus particularidades, la del proceso en Irak es que es  conducida desde una perspectiva burguesa y capitalista; esta característica, hacía de ellos los kurdos buenos para las principales potencias del concierto internacional, los que tenían embajadas oficiales y eran recibidos como jefes de estado.  Los otros procesos, por el contrario, han sido demonizados y perseguidos, como en el caso de Turquía, que pretende exterminar e ilegalizar al Partido Democrático de los Pueblos (HDP), principal vocero de los intereses comunes del pueblo kurdo en ese país.  Las constantes agresiones llevaron a la finalización de la tregua unilateral que había sido declarada tres años atrás por la guerrilla conocida como el Partido de los Trabajadores del Kuridstán (PKK), lo que se tradujo en miles de asesinatos, desplazados, encarcelados y desaparecidos; sin embargo, el PKK sigue firme en su lucha, lo cual no es de extrañar puesto que lleva décadas enfrentado a uno de los ejércitos más grandes del mundo, el turco.

El de Siria es otro caso digno de análisis, allá los kurdos fueron los primeros que le pararon los pies al Estado Islámico en momentos en que nadie fue capaz de enfrentarlos. El ejemplo más claro de su heroísmo fue la Batalla de Kobane, que se adelantó entre septiembre de 2014 y marzo de 2015; allí los hombres y mujeres encuadrados en la Unidades de Protección Popular (YPG) y las Unidades Femeninas de Protección (YPJ) le infringieron la primera gran derrota al Estado Islámico y marcaron el principio del fin de su soñado califato.  Hoy en día han liberado todo el norte de Siria y también tienen que enfrentar al ejército turco que constantemente cruza la frontera para atacarle.

Lo resaltable de los procesos kurdos en Siria y Turquía es que ambos parten desde una perspectiva popular y contra hegemónica, son feministas, ambientalistas, internacionalistas y, además, se basan en principios libertarios y marxistas para comprender la realidad y actuar frente a la misma, mientras proclaman al Confederalismo Democrático como su base ideológica. Tal vez sea una coincidencia que la opción burguesa para el pueblo kurdo haya fracasado estrepitosamente mientras la opción popular se fortalece y avanza en su liberación; en lo personal, no creo en las coincidencias.