Emilse Galvis

* Emilse Galvis

Estudiante del Doctorado en Filosofía de la Universidad de los Andes, Magíster en filosofía de la misma universidad y Licenciada en Humanidades y Lengua Castellana de la Universidad Distrital F.J.C. Sus intereses académicos son: Filosofía política contemporánea, Escritura y Política y nuevas formas de Subjetivación Política a partir de autores como Michel Foucault, Jacques Rancière y Simone Weil. Integrante del grupo de investigación Poder, Subjetividad y Lenguaje de la Universidad de los Andes y del proyecto Ecos-Nord “Comprender la subjetivación política hoy: experiencias y conceptualizaciones” en convenio con París Diderot 7

Hablaremos acá de una escena que sucedió en la ranchería La Flor de la Guajira hace algunos meses. Mientras se realizaba una jornada de salud en la Alta Guajira liderada por la Fuerza Aérea Colombiana, una periodista, buscando el momento preciso de máxima expresividad (ojos apagados, mirada triste), dispara su cámara en dirección a una mujer anciana Wayúu. Ella, con su rostro cansado y triste, le responde “De nada sirve que me tomes una foto, de todas maneras seguiré con hambre”1.

Quisiera hablar de esta escena porque me parece que deja al descubierto muchos desaciertos de lo que se ha llamado el “reportaje periodístico” en Colombia: un periodismo irresponsable que se encarga de, por un lado, seleccionar los signos precisos que bastarían para reflejar la miseria de una comunidad; y por otro, reproduce la tradicional adecuación entre imagen y texto que debe dar cuenta de una realidad que ya se sabe de antemano: la pobreza de los indígenas Wayúu y sus respectivas fotografías, coloridas pero miserables. Sin embargo, ¿quién se atribuye el derecho a curiosear en la pobreza, a hablar sobre ella, a ganar dinero con ella, a seleccionar lo que cuenta y lo que no? ¿Qué muestran estos “reportajes periodísticos” y qué no? ¿Qué nos dicen estas fotografías, esos cuerpos, esas historias, esas vidas con hambre? Acaso, ¿no son estas preguntas las que interesan al periodismo más allá del instante lucrativo de un rostro cansado puesto en una “galería online”? ¿Cuáles son los problemas sociales, ambientales, políticos que atraviesan estas comunidades?

Es claro que la periodista espera el momento oportuno para captar el instante de expresividad óptima: el rostro de una madre cansada, los ojos apagados de los niños indígenas, las filas interminables para recibir atención en salud, las manos estiradas de una multitud para reclamar un vaso de agua, los colores vivos de los vestidos wayúu y el contraste con unos cuerpos cansados, inciertos, desesperados, etc. La periodista debe seleccionar entre aquello que le llama más la atención y aquello que no, debe titular su galería de la forma más adecuada, por ejemplo “La Flor de la Guajira, una ranchería que no florece” (un título llamativo, sin duda, pero triste) y por último re-afirmaría la pobreza de estas comunidades y el efecto de las fotografías bajo un “Reportaje gráfico de una jornada de salud” en la que aparecen las fotografías que he mencionado.

Ante esta escena se trata justamente de cuestionar la tendencia de los reportajes periodísticos en Colombia, se trata de tomar distancia crítica de “la obscena práctica por la cual un grupo de seres humanos, llamado revista, a quienes reúne en última instancia el mero incentivo del lucro, se atribuye el derecho de meterse a curiosear en un grupo de personas sin defensa y hacer ostentación del estado de inferioridad, humillación, desnudez de esas vidas”2 (Rancière, 2013, 288). Como si hubiera que exotizarlos, como si hubiese que hacer ostentación del estado de pobreza de estas vidas y de reafirmarlos en su condición de inferiores o incapaces. Como si por el hecho de tomarlos en su aparecer indefensos, ya se hiciera crítica o denuncia de alguna manera. Pero no, se trata más que de un periodismo indiferente/perezoso que se suma créditos en periódicos reconocidos sin informar sobre las condiciones de aquellos a quienes fotografía. Sin advertir en sus luchas, en sus formas de resistencia.

Lo que sucede hoy en la Guajira es un problema de muchas aristas complejas. En primer lugar, hay una crisis humanitaria por muchas razones pero principalmente por falta de agua y comida en esta región, por el abandono absoluto de Estado después de olas de violencia desde los años 90, por la creciente corrupción, por la presencia inminente de multinacionales, por la pérdida de sus costumbres y tradiciones, entre otros.3 En los últimos cinco años han muerto de hambre más de 5.000 niños menores de 2 años y paradójicamente la Guajira  es un desierto a orillas del Mar Caribe, un lugar rodeado por agua y sin agua potable. 4

En segundo lugar, tal y como lo han señalado Archila y García (2015) la Guajira ha padecido oleadas de intensa violencia: por un lado, en los años sesenta durante la bonanza marimbera se desencadenaron disputas por el dominio de los puertos naturales. En los 90, cuando irrumpe el Bloque Norte de las AUC, comandado por “Jorge 40” “la violencia adquirió inmensas proporciones en la región y se materializó a través de la perpetración de masacres”5. Finalmente, desde 1998 las AUC realizaron desplazamientos en los municipios del sur de la Guajira en enfrentamientos con las Farc y el ELN.

Actualmente la Guajira está siendo críticamente amenazada por megaproyectos minero-energéticos y turísticos. En este sentido,  la lucha y resistencia de los indígenas Wayúu es por su territorio y por la  preservación de sus tradiciones y prácticas. Así afirma Karmen Ramírez Boscán “Nuestra cultura ha sufrido muchísimos ataques. Algunos de ellos tienen que ver con la perversión de nuestros códigos de honor y de guerra, así como cambios en nuestras prácticas funerarias ya que son muchos los muertos que no hemos podido enterrar de conformidad con nuestras tradiciones. También se ha visto la afectación de nuestro entorno ambiental causado por los diferentes megaproyectos presentes en la región, que contribuyen a la erosión de nuestros conocimientos tradicionales y a la pérdida irreparable de la biodiversidad de nuestro territorio.”6 Ante este desolador panorama  las comunidades han generado formas de resistencia individuales y colectivas, resistencias en relación con la memoria y diversas expresiones organizativas.7

La Guajira, entonces, se constituye en un escenario complejo en el que se han vivido continuas disputas por el territorio y fuertes oleadas de violencia que han reactivado procesos de reconfiguración de la memoria y defensa de sus tradiciones. No es un lugar para exotizar a los indígenas Wayúu, ni un lugar para hacer foto-reportajes sin sentido que no cuestionan  las condiciones de vida de aquellos individuos fotografiados. Allí hay cicatrices imborrables, historias de vida atravesadas por la violencia, formas de resistencia que una foto estática y colorida no deja advertir.

  1. http://www.eltiempo.com/colombia/otras-ciudades/imagenes-de-jornada-de-salud-en-comunidad-wayu-99540
  2. Rancière, Jacques. Aisthesis. Escenas del régimen estético del arte. Bordes Manantial. 2013.
  3. https://www.elheraldo.co/la-guajira/cinco-causas-de-la-crisis-humanitaria-en-la-guajira-245843
  4.  http://www.eldiario.es/desalambre/indigenas-Colombia-riesgo-inminente-desaparecer_0_662483891.html
  5. Archila, Mauricio; García, Marta Cecilia. Violencia y memoria indígena en Cauca y La Guajira.  Revista Memoria y Sociedad. Enero-junio 2015. http://revistas.javeriana.edu.co/index.php/memoysociedad/article/view/12540
  6. Ramírez Boscán, Karmen, comp. Desde el desierto. Notas sobre paramilitares y violencia en territorio Wayúu de la Media Guajira, Maicao: Cabildo Wayúu Noüna de Campamento, 2007. Karmen Ramírez Boscán.( lidereza indígena, cofundadora de la organización Fuerza de Mujeres Wayúu)
  7. Archila, Mauricio, García Marta Cecilia. Violencia y memoria indígena en Cauca y La Guajira.  Revista Memoria y Sociedad. Enero-junio 2015. http://revistas.javeriana.edu.co/index.php/memoysociedad/article/view/12540