Diana Granados Soler

* Diana Granados Soler

Feminista-activista política. Trabajadora Social y Magister en Antropología Social de la Universidad Nacional de Colombia. Integrante de la Corporación Ensayos para la Promoción de la Cultura Política. Docente universitaria.
Temas de investigación: cultura política, derechos de las mujeres, género, paz y educación.

El 25 de noviembre de 2016 cientos de jóvenes de diversos territorios del país y diferentes procesos organizativos se dieron cita en Bogotá, recorrieron la carrera séptima, enlazadas con otras mujeres se tomaron la Plaza de Bolívar y se encontraron bajo un firme grito: ¡Déjame en paz! Esta consigna junta dos demandas centrales para las mujeres en medio de su diversidad: la paz debe significar el reconocimiento de la violencia estructural de género y la definición de medidas eficaces hacia su eliminación. La apuesta de las jóvenes es extensiva a amplios sectores del movimiento social de mujeres que acompañamos, defendimos, propusimos, salimos a la calle y seguimos dando luchas por defender los procesos de diálogos de paz en Colombia.

La movilización de las mujeres señaló como un aspecto nodal que la paz debía venir acompañada de una serie de medidas tendientes a incidir y transformar, en diferentes niveles, las estructuras generadoras de violencias y reproductoras de un continuum de las mismas durante el conflicto armado y en el post-acuerdo. En fin, la paz además de significar la terminación de la guerra implica una apertura democrática real que, entre otros aspectos, debe afectar las estructuras que sostienen el patriarcado y reproducen las violencias.

El Acuerdo de La Habana a partir del importante trabajo de la Subcomisión de Género y el movimiento de mujeres, representó un valioso aporte para la reivindicación de los derechos de las mujeres y el reconocimiento de las afectaciones diferenciales generadas por el conflicto armado y la desigualdad social y económica. No obstante, un año después de la firma del Acuerdo de Paz entre las FARC- EP y el gobierno colombiano y casi 18 meses de haber sido anunciada la fase pública de negociación entre el gobierno y el ELN, tres síntomas nos advierten sobre el disociado matrimonio entre el avance en el proceso de paz y el aseguramiento de acciones y condiciones tendientes a eliminar las violencias hacia las mujeres.

Primer síntoma: Ideología de género, política y religión.

La instrumentalización de los derechos de las mujeres y LGBTI a través del discurso sobre la “ideología de género” puso en el ojo del huracán una falsa contradicción según la cual estos derechos promovidos por el Acuerdo de Paz atentaban contra el modelo tradicional de familia que, en la opinión de estos sectores, ha sido “consensuado socialmente”. Bajo este discurso antiderechos, sectores políticos de derecha promovieron un sentimiento policlasista defensor de la heteronormatividad y la presencia de la religión en la política que llevó a una enorme movilización contra la educación sexual y posteriormente a votar por el No en el plebiscito que consultó al país sobre la ratificación de lo pactado en La Habana.

Los ganadores de este pulso fueron los sectores políticos ultraconservadores que afianzaron en diversos sectores sociales un caudal electoral, capaz de votar en contra de la primera versión del Acuerdo de Paz de La Habana y con enormes posibilidades de expresarse en el próximo escenario electoral que se avecina en el país para el año 2018.

Aunque el Acuerdo en su versión final conserva un importante enfoque de género, resulta una realidad que en la opinión política los sectores políticos tanto defensores como detractores establecieron un juego político que tendió a deslegitimarlo y reducirlo. Por ejemplo, el presidente Juan Manuel Santos en plena coyuntura post plebiscito señaló que: “Acuerdo ratifica que enfoque de género UNICAMENTE (sic) significa reconocer a mujeres como víctimas para garantizarles derechos”1. Tampoco hubo un gran pronunciamiento de sectores de izquierda en contra de la tergiversación y el uso de la “ideología de género”, es decir, aunque está claro que los derechos de mujeres y LGBTI son importantes en el campo popular, aún no logran ser comprendidos y defendidos ampliamente por quienes apoyan la paz y tienden a declarase como movimientos antisistémicos.

Segundo síntoma. Precaria implementación del proceso de paz.

Diversos medios y centros de investigación2 se han pronunciado sobre el enorme déficit en materia de implementación. A un año, el balance indica que apenas se ha avanzado en un 18%. Puntos nodales como la discusión sobre la Justicia Especial para la Paz y la reforma política, han sufrido serios reveses en las discusiones en el Congreso. El balance en las regiones sigue siendo pesimista, no solo no se avanza en medidas o reformas capaces de empezar a reversar las causas del conflicto, sino que se ha desatado, en muchos territorios, una enorme conflictividad social por un paramilitarismo que se niega a desaparecer, el control de territorios otrora ocupados por la guerrilla de las FARC y el avasallamiento de una lógica extractivista que mantiene un ordenamiento territorial a favor de los poderosos.

En materia de género, entre otros aspectos, la implementación avanzó en la conformación de la Alta Instancia Especial de Género, elegida bajo un proceso de elecciones regionales y nacionales. No obstante, aún no se han promovido las condiciones necesarias para que esta instancia pueda tener dientes y herramientas para garantizar el enfoque de género en la implementación del acuerdo. De otro lado, en una de las instancias más importantes de la nueva arquitectura para la paz, la JEP, el 53% de magistradas elegidas fueron mujeres, un caso excepcional en la participación paritaria. Sin embargo con los debates actuales que cursan en el Congreso para la aprobación de la JEP este porcentaje podría reversarse de ser aprobados cambios relacionados con inhabilidades de personas elegidas por haber representado o litigado en los últimos años en casos asociados al conflicto armado.

Tercer síntoma: feminicidios y violencia política.

El estado continúa sin aceptar la sistematicidad de los crímenes por violencia política ocurridos durante el proceso de paz. En el 20173, las mujeres defensoras y lideresas representaron el 22% de las personas asesinadas por móviles políticos. Al mismo tiempo, el panorama en materia de feminicidios muestra la complejidad de imaginarios sociales que reproducen la violencia sobre los cuerpos de las mujeres como una práctica permanente. De acuerdo al informe mensual del Observatorio Feminicidios Colombia, solamente en Medellín, los feminicidios aumentaron en un 57% en lo corrido del 2017 con relación al mismo periodo del año anterior. En últimas, el transito político que vive el país en medio de acuerdos y negociaciones de paz, no ha generado medidas de protección de la vida de las mujeres, sean estas o no lideresas sociales. Pareciera que los dispositivos sociales militaristas que refuerzan las violencias sobre nuestros cuerpos poco están siendo afectados por medidas y políticas relativas a la implementación de los Acuerdos de paz.

De esta manera, la superación del continuum de las violencias en medio del proceso de paz seguirá representando un enorme desafío que pasa por echar a andar diversas medidas tanto en la implementación de los Acuerdos de Paz como en la transformación de imaginarios militaristas reproducidos socialmente que se traducen en prácticas violentas hacia los cuerpos de las mujeres y que no están solamente ligados a las dinámicas del conflicto armado. Por ahora, las condiciones y garantías para el acceso a una vida libre de violencias seguirá siendo un motor de movilización de las mujeres en el país y una férrea demanda si queremos avanzar hacia la llamada paz completa.

  1. https://twitter.com/JuanManSantos/status/797614986742927360
  2. Observatorio de Seguimiento a la Implementación del Acuerdo de Paz, 2017.
  3. Corporación Humanas Colombia. 2017. “Cumplimiento del Estado Colombiano con la Resolución 1325 (2000). Informe año 2016- 2017”. Disponible en: http://www.humanas.org.co/alfa/dat_particular/ar/ar_45564_q_Infografias_1325.pdf. Consultado el 23 de noviembre de 2017.