A Helena, Yuilana, Liliana, Rosado, Azul, Amarilla, Mujer de acero, Silencio, Yeyemyá, Libre, Colibrí, Flor silvestre, a las que ya conocemos y a las que aún no hemos nombrado.

Coloquialmente usamos la palabra escándalo para referirnos al momento en que alguna mujer pierde la paciencia y reacciona de forma emotiva en el espacio público frente a su familia o su compañero, sus hijos o sus amigos, es pues el momento vergonzoso, para los hombres racionales, en que una mujer pierde la “razón” y expresa sus emociones, grita, llora, se pone “histérica”. Un escándalo público también se le llama a esos momentos en los que información de la vida privada de figuras importantes se filtra, sin querer, al espacio público, mostrando las claras formas de delimitación entre lo que es público y privado. Pero los escándalos pueden significar muchas otras cosas, en este momento pienso en el que viví el pasado 25 de noviembre en la marcha convocada por La Tremenda Revoltosa – Batucada feminista, en el cual montones de mujeres y hombres marchamos acompañadas por el retumbar de los tambores en el Día Internacional de la No Violencia Contra las Mujeres.

Antes, el 24 de noviembre, asistí al lanzamiento del Informe Nacional de Violencia Sexual en el Conflicto Armado, titulado “La guerra inscrita en el cuerpo” publicado por el Centro Nacional de Memoria Histórica (2017); dicho informe es producto del trabajo de casi 100 mujeres, que a lo largo de tres años de investigación (2014-2017) se comprometieron con la difícil tarea de evocar, elaborar y contar las diferentes formas en que habían padecido la violencia sexual en el marco del conflicto armado. Al lanzamiento asistieron varias de estas mujeres quienes nos compartieron sus relatos, sus experiencias y dolores sobre una guerra que se inscribió en sus cuerpos a través de acciones materiales y simbólicas, y que las convirtió en territorios disputados, controlados, objetivados, ofrecidos, intercambiados, humillados y aleccionados por los diferentes actores armados.

 

Qué nos dice el informe

Varios de los principales hallazgos de este informe se condensan en una radiografía de la violencia sexual en el marco del conflicto armado la cual señala que, a pesar del subregistro y las particularidades de cada una de las fuentes utilizadas, los paramilitares han sido los principales perpetradores de las violencia sexuales con una responsabilidad del 32% de los casos; seguidos por las guerrillas, que han sido identificadas como las causantes del 31,5% de los casos; además se señala que los Agentes del Estado y los Grupos Armados Posdesmovilización – GAPD también son responsables de estos crímenes, aunque en menor medida (CNMH, 2017, p. 25).

Pero más allá de las cifras -o de contar de la mejor manera posible, dadas las condiciones, el número de actos cometidos- la importancia de este informe radica para mí en que no sólo busca hacer memoria respecto a lo sucedido, sino que trata de comprender las razones por las que este tipo de violencias sucedieron en el marco del conflicto armado. Para ello recurre a dos principios que atraviesan el informe: en primer lugar, propone que las violencias sexuales que suceden durante la guerra no son ajenas al tipo de relaciones que existen en una sociedad, en este sentido las violencias sexuales no son únicamente practicadas en contextos de guerra sino que son posibilitadas por las estructuras patriarcales de la sociedad colombiana; en segundo lugar, genera una lectura compleja de la violencia sexual en términos de sus usos políticos y militares, lectura capaz de sobreponerse a las justificaciones tradicionales de este tipo de violencias – ya sea como daño colateral o violencia oportunista – mostrando así la multiplicidad de objetivos e intereses que atraviesan las acciones de los victimarios.

En otras palabras, aunque el informe nos entrega cifras estratégicas que muestran la magnitud del fenómeno -que 15.076 personas han sido víctimas de violencia sexual en el conflicto armado (CNMH, 2017, p. 25)- logra algo que en mi opinión es mucho más potente: nos ofrece una mirada compleja de los contextos en los que estas violencias se ejercieron y las formas en que atravesaron los cuerpos de las mujeres que las padecieron. Al tipificar tres escenarios en los que ocurrió la violencia sexual – de disputa armada, de control territorial, e intrafilas – demuestra que el uso de la violencia sexual no es algo lógico o evidente en el marco de los conflictos, sino que tiene unas orientaciones específicas bajo las dinámicas de la guerra y del control de los cuerpos-territorios[1] de las mujeres:

“(…) la violencia sexual, cuando ha sido ejercida, ha sido fundamental para dibujar las geografías del poder, el control de los territorios, el gobierno de las poblaciones y el disciplinamiento de los cuerpos” (CNMH, 2017, p. 50)

Estas geografías del poder se transformaron conforme a las dinámicas del conflicto, por lo que no es casual que los años en que aumentó fueran los períodos entre el 2000 y el 2005, relacionados con la arremetida paramilitar, y entre el 2011 y 2014 (CNMH, 2017, p. 25),  que coinciden con parte de los diálogos de paz y el aumento del control de los grupos paramilitares, supuestamente desmovilizados, en los territorios. Las violencias inscritas e incrustadas en los cuerpos de las mujeres mantienen tanto connotaciones sexuales como un carácter generizado, lo que ha implicado que ellas se sientan intranquilas no solo en sus territorios, en sus parcelas y casas donde fueron atacadas, en compañía de los miembros de sus familias, frente a las cuales fueron violadas, sino también en sus propios cuerpos.

 

Lo que tenemos en nuestras manos

A pesar del dolor y la tristeza de estas experiencias, de las cicatrices que persisten en las vidas de estas mujeres, las y los asistentes al lanzamiento del informe recibimos el libro de las manos de algunas de ellas, quienes nos miraron a los ojos mientras nos lo entregaban. Sin embargo, no se trató de un regalo, no era un mensaje de nostalgia o melancolía que venía desde sus cuerpos hacia los nuestros después de haber padecido y elaborado el sufrimiento, era sobre todo un llamado: “Hicimos el esfuerzo de hacer memoria, ahora es su turno, es el turno de cada una y cada uno de ustedes, nadie está exento, es hora de entender y de actuar” dijo Mercy Carrión Garzón a un público que tal vez no lograba dimensionar por completo al libro que ahora estaba en sus/nuestras manos.

Este informe no da voz a las personas que no tienen voz, por el contrario, documenta lo que muchas personas han dicho, lo analiza y sistematiza bajo el horizonte de hacernos entender lo que parece incomprensible. Es posible que al leerlo nos sintamos desconcertadas y vengan preguntas como ¿ahora qué hacemos? ¿qué podemos hacer? Sin tratar de resolver estos cuestionamientos tan complejos, creo que el punto fundamental es comprender que las diferentes formas de violencia sexual que se presentan en nuestra sociedad de manera cotidiana, se profundizan durante las dinámicas de conflicto, por lo que debemos combatirlas en todos los escenarios posibles, debemos seguir haciendo escándalos como los del sábado pasado.

Las violencias sexuales y de género que como mujeres padecemos no se acaban solas: hagamos escándalos, ojalá muchos, contra las violencias machistas y patriarcales que nos expropian de nuestros cuerpos-territorios. Que ninguna mujer se sienta sola a la hora de hablar de estas violencias, que sus dolores y tristezas no se queden en el silencio y la privacidad bajo la cual las padecieron o se vieron obligadas a lidiar con estas, que se haga público el sufrimiento de estas mujeres y que su ejemplo de lucha y resistencia nos dé la fuerza para seguir construyendo una sociedad en paz que, entre muchas otras cosas, significa una sociedad libre de violencias contra nosotras.

 

Referencias bibliográficas

 

CNMH (2017) La guerra inscrita en el cuerpo: Informe nacional sobre violencia sexual en el conflicto armado. Bogotá: Centro Nacional de Memoria Histórica

Paredes, Julieta (2008) . Hilando fino. Desde el feminismo comunitario. Consultado online en: http://mujeresdelmundobabel.org/files/2013/11/Julieta-Paredes-Hilando-Fino-desde-el-Fem-Comunitario.pdf

[1] Aquí me refiero a la noción de cuerpo-territorio propuesta por el feminismo indígena y comunitario de América Latina, que habla de las formas en que las mujeres de Abya yala mantienen una relación especial, de continuidad e interdependencia entre su cuerpo y el territorio; ver al respecto el trabajo de Julieta Paredes (2008).