Luis Alejandro Delgado Restrepo

* Luis Alejandro Delgado Restrepo

Politólogo de la Universidad Nacional, candidato a Magister en Estudios Sociales Agrarios de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales-FLACSO, sede Argentina. Investiga temas de ruralidad, pueblos indígenas, partidos políticos, paz y derechos humanos.

Se terminó el año y con éste se han ido decantando quiénes van a disputarse la sucesión de Juan Manuel Santos. El panorama aún no es claro, las fricciones y facciones en las derechas, las divisiones de las izquierdas, más un centro difuso, no permiten plantear un ganador definitivo para las presidenciales, lo que ha llevado a que se propogan coaliciones como la salida al momento que vive el país, aunque según los hechos recientes, parecen más colisiones.

 

El fantasma del NO del plebiscito aún persiste.

Los momentos previos al referendo del 2 de octubre de 2016 reviven en el actual escenario. Los sectores más retardatarios de la sociedad se alinean una vez más a través de una fórmula que les resultó beneficiosa para oponerse a la refrendación de los Acuerdos de La Habana: “la defensa de la familia”, la “ideología de género”, la amenaza del “castrochavismo”, las cadenas masivas confundiendo y desinformando por redes sociales, entre otros. Ya sin las FARC en armas y con los diálogos de Quito entre el Gobierno de Juan Manuel Santos y el ELN adelantándose, los sectores opositores a la salida política al conflicto armado siguen empecinados en su estrategia de regresar al poder. Aunque no sin tensiones al interior.

Hasta el momento hay acuerdos entre los expresidentes Álvaro Uribe Vélez y Andrés Pastrana con compromisarios del candidato Iván Duque del Centro Democrático, y de Marta Lucía Ramirez, candidata del sector pastranista del Partido Conservador. Muy cerca está Alejandro Ordóñez Maldonado del Movimiento La Patria de Pie, deseoso de ingresar a la coalición, pero por las condiciones propuestas por el sector del expresidente Pastrana de no tener investigaciones en curso, se complica la participación en la coalición del exprocurador, ya que tiene investigaciones en el Consejo de Estado y la Corte Suprema de Justicia.

El mecanismo para la elección del candidato no es una diferencia menor ni la única. La consulta abierta, que propone el candidato Iván Duque y con el que está de acuerdo Ordóñez; o la encuesta, mecanismo preferido por Marta Lucia Ramírez. Él –Duque- cuenta con listas para Senado y Cámara que le pueden movilizar votación el día de elecciones a Congreso el 11 de marzo, situación que lo hace ganancioso. Por su parte, la buena ubicación de Ramírez en las encuestas, más su votación de 2 millones en las pasadas elecciones, son su principal acumulado para optar por este mecanismo. A pesar de que Iván Duque es el de Uribe, aún es desconocido en parte de la opinión pública nacional. De no ser la consulta abierta la forma de elección de quien represente a ésta coalición, Alejandro Ordóñez ha afirmado ir sólo a la primera vuelta con su movimiento de base ultraconservadora, católica y cristana.

Las diferencias radican también en otras cuestiones: los diálogos con el ELN, en momentos que se discute la continuidad de éstos, han mostrado matices en los candidatos de esta coalición. Ramírez ha afirmado continuarlos poniéndole más condiciones. Por su parte, Duque y Ordóñez plantean el sometimiento a la justicia de la guerrilla. Es decir, levantar la mesa de Quito. Los derechos para parejas del mismo sexo, a los cuales Ordóñez se opone, tendrían la aceptación de Duque y Ramírez tal como han sido reconocidos por la Corte Constitucional. Situación similar ocurre con los derechos de las mujeres, sexuales y reproductivos. Duque y Ramírez los reconocen tal como están, mientras Ordóñez se opone. La agenda de las iglesias cristianas se involucra en las propuestas de Ordóñez: su fórmula a la vicepresidencia es David Name Orozco, pertenenciente al Ministerio Profético Dunamis, organización conocida por la formación de pastores y brindar conferencias en muchas iglesias en Colombia y en el exterior1. Ordóñez conoce la capacidad de movilización y de disciplina que tienen las iglesias, asimismo sus posturas, por eso su discurso y su posición conservadora. Las propuestas de las iglesias cristianas también están siendo impulsadas por Viviane Morales, reconocida cristiana y famosa por promover el referendo contra las familias mono y homoparentales en Colombia, situación que la alejó de las directivas del Partido Liberal, del cual es hoy Senadora. Se da por sentado que lance su candidatura a la presidencia, incurriendo así en doble militancia.

El anterior bloque, que podría denominarse la Coalición del NO, a pesar del voto afrimativo de Morales en el plebiscito, busca realizar alianzas en torno a la modificación de los acuerdos con las FARC, principalmente en los puntos de Justicia, Reforma Rural Integral y Víctimas2. Coincidencia que comparten con German Vargas Lleras, el más aventajado de los candidatos y quién presentó su candidatura con más de 5 millones ochocientas mil firmas y, oficialmente, para sorpresa de nadie, candidato del Partido Cambio Radical: el clientelismo y la maquinaria movilizándose a su favor. Sin embargo, coinciden en continuar con las recetas dictadas por los Organismos Multilaterales: FMI, BM, OMC, OCDE, y en aplicar las políticas del Consenso de Washignton en cuanto a la reducción del Estado en tamaño y en gasto; además, la baja de impuestos a las empresas para “incentivar” la inversión en el país y procurar “mejoras” salariales importantes para los trabajadores. A este grupo se podría sumar Juan Carlos Pinzón, Exministro de Defensa de Santos, quien reconoció recientemente votar NO en el plebiscito a pesar de haber hecho campaña por el SÍ, como lo muestra un video que circula por las redes sociales.

 

SÍ en el plebiscito, no en ser gobierno.

En algún momento se puso en el debate nacional la posibilidad de conformar un “gobierno de transición” en Colombia. Tras la derrota del plebiscito para la refrendación de los Acuerdos de La Habana, las modificaciones hechas a los mismos y firmados por segunda vez en el Teatro Colón de Bogotá y posteriormente aprobados en el Congreso de la República, se pensó en la creación de un gran frente que defendiera los acuerdos, su implementación, gobernara al país y realizara los cambios estructurales que requiere la construcción de la paz en Colombia, dejando atrás los gobiernos de la Seguridad Democrática, del neoliberalismo y del extractivismo, beneficiarios de los grupos paramilitares, de la corrupción, el clientelismo y la ilegalidad en el país. Discusiones por redes sociales y medios de comunicación entre los candidatos y candidatas minaron la posibilidad de construir confianzas y construir un acuerdo común, haciendo trizas los deseos de unidad.

La Coalición Colombia, conformada por el movimiento Compromiso Ciudadano, el Polo Democrático Alternativo y la Alianza Verde, eligió a Sergio Fajardo como su candidato, esto luego de consensuar su candidatura con los precandidatos Jorge Robledo del PDA y Claudia López de la Alianza Verde. A pesar de buscar la elección del candidato a través de una consulta abierta en el mes de marzo, definieron a principios de diciembre erigir a Fajardo como el candidato, tras analizar los registros de intención de voto en las encuestas publicadas en los meses finales del 2017. La coalición de los “NiNi”, ni Santos ni Uribe, ha puesto su acento en la lucha contra la corrupción y el clientelismo y en la búsqueda de la reconciliación nacional. Sin embargo, siguiendo el acuerdo programático, no pretende cambios en la estructura del Estado que permita la garantía de los derechos a la ciudadanía, ni cambios en el modelo económico, con cuestiones discutibles en tiempos donde los asuntos ambientales han cobrado relevancia en la agenda nacional, como, por ejemplo, “la moratoria” frente al uso del fracking, técnica cuestionada por los daños ambientales que trae su uso, esto a pesar de reconocer el principio de precaución.

Humberto de la Calle, candidato del Partido Liberal y jefe del equipo negociador del Gobierno en La Habana, quien recientemente mostró interés en una consulta abierta con Sergio Fajardo para atraer al centro político del país y ampliar la Coalición Colombia, ha sido descartado por los co-equiperos de Fajardo, Robledo y López, argumentando los cuestionados apoyos de candidatos a Congreso en las listas del Partido Liberal. De La Calle también pone su énfasis en el cumplimiento de los Acuerdos de La Habana y la negociación con el ELN, sin cambiar las estructuras que han consolidado la desigualdad en el país. Frank Pearl, también del equipo negociador del gobierno y con poca intención de voto en las encuestas, prioriza el cumplimiento de los acuerdos para la terminación del conflicto armado sobre los cambios que requiere el país para superar los conflictos sociales.

Clara López, Carlos Caicedo y Gustavo Petro, que conformaron la Lista de la Decencia para presentar candidatos y candidatas a Senado y Cámara, plantean por su parte una coalición amplia que vaya más allá de cerrar el paso a quienes se han lucrado del Estado y del erario, que pueda sacar a Colombia del modelo extractivista, rentista, dependiente de los hidrocarburos y de la minería, y pueda recuperar el agro y la industria nacional, devastados por tratados de libre comercio desiguales, garantizando el acceso a la educación pública de calidad y poniendo al Estado como garante de los derechos y a los bienes públicos por encima de intereses particulares. Esta coalición ha planteado el cambio a la generación de energías limpias que remplacen el carbón y el petróleo, y puedan mitigar las afectaciones del cambio climático. Piedad Córdoba, también defensora de la paz en el país, decidió ir sola hasta el final argumentando que su “acuerdo es con el pueblo”. Rodrigo Londoño irá con el nuevo partido FARC hasta el final.

Hay tiempo de converger, aún con las diferencias aquí expuestas. Los “egos” y los protagonismos no son ahora los mejores consejeros. Las redes sociales son buenas para confrontar y debatir, pero son necesarios otros espacios para construir confianzas y acuerdos. Voces de distintos sectores, incluso al interior de la Coalición Colombia, esperan se consolide la coalición a favor de la paz del país, más allá de un pacto por la decencia y contra la corrupción, que plantee cambios estructurales, garantizando los derechos de la mayoría de la población, la defensa del ambiente y los recursos naturales. Los sectores democráticos del país, no aguantan una frustración más, no una que podemos evitar.

 

  1. Ver en: http://lasillavacia.com/silla-santandereana/con-la-maquinaria-cristiana-de-name-ordonez-despega-63796
  2. Ver en: http://images.etn.eltiempo.digital/uploads/files/2017/11/24/CARTA%20GRAN%20ALIANZA%20DE%20CENTRO%20URIBE-PASTRANA%20-PDF-.pdf