Mauricio Rivera

* Mauricio Rivera

Periodista, escritor, realizador de video y fotografo. Doctor en Comunicación y Periodismo de la Universidad de RMIT de Melbourne, Australia; Magíster en Comunicación Profesional con especialización en Escritura Profesional de la Universidad de Deakin de Melbourne, Australia; Comunicador Social y Periodista de la Universidad de La Sabana de Bogotá, Colombia. Actualmente dicta la clase: El Periodismo como 'arma democrática' en la era digital de la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá. Otras muestras de su trabajo pueden verse en los blogs: http://elmr2.wordpress.com/ (español) y http://mr2blog.com/ (inglés)

Si hay un personaje que reúna la esencia de lo que podría considerarse un impulso global, como lo fue el período de revoluciones liberales de finales del S. XVIII y comienzos del S. XIX, ese es Alexander Von Humboldt. Hay muchos lugares: condados, pueblos, ríos y montañas, que llevan su nombre. En su momento, se llegó a decir que era más famoso que Napoleón. No obstante, hoy en día, se trata de un personaje más bien olvidado. Más que un adelantado de la edad moderna, Humboldt fue, tal vez, el último gran genio renacentista.

El legado de Humboldt está marcado por una gran ironía. Si bien varios de los nombres que sobresalen en la lista de quienes forjaron el mundo moderno, desde líderes políticos como Thomas Jefferson y Simón Bolívar, hasta científicos como Charles Darwin, lo reconocieron como una de sus principales influencias, fue ese impulso hacia la especialización que en gran medida define al mundo moderno, lo que llevó a que una visión holística como la de Humboldt haya sido desplazada a un segundo plano.

Dentro de esa potencia emergente (y caótica) que ha sido denominada ‘civilización occidental’, Humboldt fue el individuo que comprendió que todos los ecosistemas y todos los seres vivientes estamos interconectados dentro de una suerte de macro-organismo, extremadamente complejo, al que décadas más tarde el geólogo austriaco Eduard Suess llamaría ‘biosfera’. Humboldt llegó a su momento de epifanía gracias a sus exploraciones en las selvas y montañas de Sudamérica. En ese entonces, antes de que comenzara el proceso de industrialización que marcó el destino de los últimos dos siglos (y continúa marcando el del presente), Humboldt fue capaz de darse cuenta de los efectos que el ser humano causaba sobre estos mundos extraordinarios.

Con cada año que pasa, se hace más evidente que el gran reto para la humanidad del S. XXI es lograr un entendimiento colectivo de eso que Humboldt comprendió hace más de 200 años. Sin embargo, resulta prácticamente imposible imaginar cómo dejar atrás los estamentos burocráticos que surgieron con el mundo moderno, dentro de los que sobresale el Estado-Nación como un anacronismo que al día de hoy se ha convertido en, quizás, el principal enemigo de esa visión ecologista que Humboldt nos dejó como herencia. Pero, más allá de los obstáculos que representan los intereses nacionales y corporativos (o multinacionales), el que, a mi entender, es el mayor problema tiene que ver con aquella ironía que marca su legado: además de ser un gran científico, Humboldt también fue un gran humanista, defensor del republicanismo y de los principios que hoy conocemos como derechos humanos, los cuales se basan en un ideal de individualismo que, con el paso del tiempo, se fue degradando hasta convertirse en ese consumismo patológico que hoy gobierna la economía del planeta.

Ante lo que parecen síntomas inequívocos de la decadencia de esa ‘civilización occidental’ que se erigió sobre el intelecto de personajes como Alexander Von Humboldt (ninguno más inequívoco que el ascenso político de Donald Trump) y lo que parecen ser alternativas funcionales provenientes de regímenes autoritarios como la China y (en menor medida) la India, se podría concluir que, lo que a día de hoy conocemos como democracia, va en contravía de las soluciones que, como especie, tenemos que concebir y llevar a cabo para sobrevivir al S. XXI. Por otro lado, ejemplos como las consultas populares en contra de la minería y la extracción de hidrocarburos en varias regiones de Colombia, como Santurbán o La Macarena, demuestran que la defensa del agua y de las diferentes especies de flora y fauna hacen parte de una lógica natural de supervivencia. A fin de cuentas, sin desmerecer el gran aporte de Alexander Von Humboldt, su gran revelación no fue más que el principio fundamental en el que, por milenios, las civilizaciones precolombinas basaron (y siguen basando) su existencia.