Edgar Ricardo Naranjo

* Edgar Ricardo Naranjo

Maestrante del programa de Antropología Social en el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) estado de Chiapas, México. Politólogo de la Universidad del Rosario. Ha trabajado como asistente de investigación en el marco del proyecto “Escuela Intercultural de Diplomacia Indígena” en el que participó como tallerista en la ciudad de Valledupar y las comunidades de Besotes y Guatapurí en la Sierra Nevada de Santa Marta. También posee conocimientos de los siguientes temas: Movimiento obrero y movimiento indígena en Colombia, Derechos Humanos, Conflicto armado, Desplazamiento forzado, Movilización legal y litigio estratégico. A su vez ha utilizado las herramientas teóricas del análisis del discurso propuesto por Ernesto Laclau para comprender los campos discursivos de los movimientos sociales. Actualmente se encuentra trabajando aspectos relacionados con la ocupación y el despojo de territorios indígenas.

Caminando por las vías principales de la ciudad capital del departamento del Chocó, Quibdó,  no hace falta esforzarse para encontrarse con alguna lujosa camioneta de las Naciones Unidas, cuyos logos visibles indican el programa específico que cada entidad de esta organización intergubernamental cumple con la población que ellos mismos categorizan como desplazada, vulnerable, entre otros(as). El panorama es muy colorido, en muchos trayectos se ondean las banderas y en otras se pueden observar pancartas de algún programa gubernamental u organizativo financiado  por USAID o la OIM. Si nos adentramos a los barrios ubicados en la zona norte, en los que quedan en la carretera que conduce a Medellín o al corregimiento de Pacurita, podemos encontrarnos con el personal que trabaja por contrato de prestación de servicios para estos programas, los chalecos sobresalen y cada uno de ellos, al igual que las camionetas, mantienen el logo visible de su financiador.  

La feria del logo organizacional me hizo recordar aquellas noticias que retumbaron con fuerza en la escena internacional, escándalos de magnitud en donde se publicaron abusos sexuales promovidos por organismos que discursivamente promueven el lenguaje de los derechos, pero en algunos contextos contradecirían toda su incorruptible misión humanitaria. El más reciente caso fue el de la suspensión de las actividades de la ONG británica Oxfam en Haití tras “la revelación de abusos cometidos por algunos de sus empleados, que contrataron prostitutas tras el sismo que arrasó el país en 2010” (El Espectador, 2018). Haití, unos años atrás, también fue el blanco de la atención mundial cuando se comprobó que soldados de los cascos azules habían abusado sexualmente de hombres y mujeres, situación que obligó salir a las tropas de este país afectado por un desastre natural (BBC, 2017). Sin el ánimo de generalizar y estigmatizar las operaciones de estos organismos en los países en vías de desarrollo con contextos de guerra, se hace importante señalar que en los sistemas siempre existen fisuras y algunas producen enormes grietas que en la mayoría de los casos no pueden contener el peso de lo que las produce.  

Para nadie es un secreto que la cooperación internacional en Colombia haya aumentado a partir del giro mediático que produjo la firma de los acuerdos de paz y el llamado entre súplicas a la comunidad internacional para que verificara el proceso y también para que desembolsara recursos en este procedimiento que mantiene unos costos elevados que un país con ingresos medios no puede financiar. Según la Agencia Presidencial de Cooperación Internacional de Colombia, “se evidencian dos crecimientos importantes para los años 2011 y 2013 donde se movilizaron recursos por valor de US$205 millones y US$186,85 millones, respectivamente” de la Unión Europea. Durante 2016 se registró un monto de quinientos setenta y tres millones ciento treinta y siete mil ochocientos cincuenta y cinco dólares (USD$ 573.137.855) de Ayuda Oficial al Desarrollo dirigida al país” (Agencia Presidencial de Cooperación Internacional de Colombia, s.f).  

Bajo esta coyuntura de ingreso de divisas internacionales ¿por qué es tan importante hablar de paz en un contexto de guerra internacional producida por la economía y la explotación de los “recursos” naturales no renovables? En los tiempos de “paz”, en Colombia, las entidades del Estado pareciesen responder a las orientaciones técnicas de la cooperación internacional que con su capital financiero además de capitalizar los programas gubernamentales, diseñan su implementación en los territorios. Este fenómeno, más allá de dinamizar los procesos históricos de reconciliación, convivencia y unión de las comunidades, interrumpe los tiempos, lenguajes, prácticas y agendas locales sustentadas en otras lógicas que se encuentran ancladas a la realidad cotidiana y no a la ficción de conceptos concebidos desde oficinas y salas de juntas cuyas agendas son definidas en Estados Unidos o Europa.   

En este sentido cabría preguntarnos qué tan colombiano es el discurso de la paz, cuando desde el año 2010  ya se viene anteponiendo una agenda desde la cooperación internacional que ha buscado “empoderar” a las(os) líderes comunitarios en el tan políticamente correcto lenguaje de la cultura de paz. Desde aquí, y si se revisa el documento de la Agencia Presidencial de Cooperación Internacional de Colombia (s.f), la temática que comenzaron a encausar los programas financiados desde el 2013 giraron en torno a: la pedagogía, comunicación para la paz y la reconciliación. Los departamentos focalizados en este caso para tan noble y filantrópico proceso fueron: Nariño, Antioquia, Chocó, Valle del Cauca y Cauca, territorios que poseen elementos naturales tales como los minerales pretendidos por compañías mineras internacionales. Sin embargo, lo que predomina es la intervención de estos programas desde el discurso de lo humanitario, que ponen como principio básico la mitigación de los impactos negativos que ha dejado el conflicto armado en estas zonas. 

Para tomar nota, las cinco (5) principales fuentes de cooperación Internacional de tipo bilateral, son: “Estados Unidos con el 28%, Unión Europea 25%, Canadá 12%, Noruega 10% y Reino Unido 10%.” (Agencia Presidencial de Cooperación Internacional de Colombia, s.f). En paralelo a esto, los países que encabezan el ranking de empresas mineras y petroleras en territorios étnicos son los Estados Unidos de América con 157 casos y Canadá con 74 casos, le siguen Australia con 24 e Indonesia con 23 (Observatorio de multinacionales en América Latina, 2014).  Sobresale de estos casos la empresa Anglo GoldAshanti que recibe capital de accionistas norteamericanos y canadienses (Anglo GoldAshanti, 2018). Así mismo,  se identifica la presencia de las siguientes multinacionales norteamericanas, “ConocoPhillips (44 explotaciones), ExxonMobil (35), Chevron (24) y Apache (19). Y las mineras Southern Copper (17), Freeport-McMoRan (16), Newmont Mining (14), Peabody Energy (14)” (Observatorio de multinacionales en América Latina, 2014).   

Identifico aquí una problemática de carácter estructural que podría responder a una continuación de un relato ya conocido y mencionado por Eduardo Galeano: “las venas de América Latina siguen abiertas”. Es decir, sigue existiendo una intromisión extranjera y el cambio está, como lo he mostrado, en las estrategias de entrada que se están mimetizando en el discurso de lo humanitario y en el marco legal internacional. De manera concreta, para implementar cualquier proyecto (sea de desarrollo minero, agropecuario o social) se debe caracterizar el territorio. Este primer paso lo podríamos rastrear en las intervenciones de las distintas agencias multilaterales y surgen las preguntas ¿qué se espera con esta radiografía de la región? ¿Se busca la intervención social o la identificación de lugar, su población y sus recursos para otros fines? Los mayores decían “piensa mal y acertarás”.  

Para ir concluyendo, esta lógica de poder se ve representada en la dinámica de los protocolos de trabajo impuestos por estos organismos intergubernamentales. Las convocatorias y sus posteriores resultados, llamados “productos”, deben presentar una por una las indicaciones o criterios exigidos, “si no lo hacen como nosotros decimos, sencillamente no hay desembolso”. Bajo esta misma lógica de presión sistemática, se hace visible que los tiempos son condicionados con base en la temporalidad rígida y esquemática que define cada organismo. Todos estos factores nos vuelven a llevar a la afirmación expuesta al principio: este tipo de procedimientos desconocen o más bien niegan las comprensiones culturales, sociales y políticas que han construido las comunidades sobre sus territorios, desvirtúan las percepciones locales no solamente sobre su entorno sino sobre los fenómenos que han alterado su diario vivir, como es el caso del conflicto armado. La realidad no se consigna en una libreta de un investigador que se desplaza al lugar por una semana a realizar un taller, la cotidianidad de la guerra no se documenta, ésta se expresa, se vive, se siente. Nada más aquí y en los análisis planos de documentos que se archivan y se muestran en Europa y Estados Unidos, se vislumbran algunos detalles de un fenómeno que no parece tan social, humanitario e incluyente. ¿La Cooperación internacional es para la paz o para…? He aquí el gran interrogante.  


Referencias 

 El Espectador. (2018). Haití suspende operaciones de Oxfam por dos meses ante escándalo sexual, disponible en: https://www.elespectador.com/noticias/el-mundo/haiti-suspende-operaciones-de-oxfam-por-dos-meses-ante-escandalo-sexual-articulo-740630 

 BBC. (2017). Los cascos azules salen de Haití: 5 momentos complicados que marcaron la presencia de las fuerzas de la ONU, disponible en: http://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-41624098 

 Agencia Presidencial para la Cooperación en Colombia. (s.f). Cifras de la Cooperación Internacional en apoyo a la reconciliación y la Cultura de Paz. Disponible en: http://s3.amazonaws.com/rccolombia/cdocumentos/1487007010.Cifras_APC_Colombia.pdf 

 Observatorio de las Multinacionales en América Latina. (2014). Las principales petroleras y mineras de EE.UU. operan en 370 sitios de pueblos originarios en 36 países, disponible en: http://omal.info/spip.php?article6215 

 Anglogold Ashanti. (2018)¿Quién es anglogold Ashanti?, disponible en: http://www.anglogoldashanticolombia.com/faq/1-quien-es-anglogold-ashanti/