Daniel Campo Palacios

* Daniel Campo Palacios

Antropólogo de la Universidad del Cauca. Ha trabajado con comunidades negras e indígenas del departamento del Cauca, especialmente con las organizaciones étnicas del norte. Entre sus intereses de investigación están las políticas y dinámicas territoriales de comunidades negras e indígenas. Actualmente se desempeña como miembro del equipo de Planeación de la Cxhab Wala Kiwe - ACIN ("Territorio del Gran Pueblo" - Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca).

En el norte del Cauca, el pueblo indígena nasa tiene una amplia y reconocida trayectoria de lucha y movilización, liderada por un conjunto de cabildos y su forma de asociación zonal, conocida como ACIN. En años recientes, este proceso organizativo ha venido replanteando su proyecto político bajo la premisa de volcar al ejercicio político los preceptos cosmogónicos y espirituales que definen, en buena medida, su identidad cultural, apuntando a la construcción de lo que llaman gobierno propio. Esto significa adelantar transformaciones importantes en el ejercicio mismo de gobierno y en la forma de entenderlo. Aunque los cambios que implica esta apuesta son diversos y de distinta complejidad, una de las manifestaciones particulares, sobre la que quiero detenerme, es la decisión de establecer una transición planificada del uso del calendario gregoriano al calendario nasa, cambio que tendría repercusiones en áreas de la vida social como la educación, la salud y el ejercicio de poder en los espacios de representación.

Considero importante preguntarse qué lleva a este grupo humano, en este momento en particular, a plantearse la necesidad de establecer oficialmente un tiempo público distinto al que rige al país y a buena parte del mundo; a qué apunta instaurar una forma propia de ordenar el tiempo. Qué forma de asociación, qué acuerdos políticos entre sectores, cabildos, veredas, familias, que llegan a un consenso para reconocerse como comunidad, lleva a formularse la importancia de reglamentar un tiempo diferenciado para sí mismos. Las pistas de ello se encuentran en los espacios de toma de decisión que son comunes en el proceso organizativo de los indígenas nasa del norte del Cauca.

En junio de 2017, se celebró en el resguardo de Tóez, municipio de Caloto, un congreso zonal que convocó a los veinte cabildos que conforman la ACIN. El congreso es considerado el lugar más amplio de toma de decisiones que involucra a las comunidades indígenas de estos cabildos y se ha celebrado en tres ocasiones cada siete u ocho años desde 2002. En esta ocasión se reunieron más de ocho mil personas, quienes durante los siete días de trabajo participaron de las discusiones y tomaron decisiones sobre el futuro de la organización y los cambios que se deben adoptar para continuar en el camino del fortalecimiento del gobierno indígena. Las decisiones del congreso son conocidas como mandatos comunitarios y tienen efecto no solo sobre la estructura organizativa, sino también sobre las personas que están vinculadas a los cabildos directa o indirectamente y que habitan en los territorios indígenas.

Uno de estos mandatos es el de la transición hacia el uso del calendario nasa. Aunque con anterioridad se ha venido buscando la posibilidad de orientar los calendarios escolares y el cuidado de la salud, así como la celebración durante el año gregoriano de rituales importantes en todos los territorios de ACIN, no se había dado hasta ahora el paso de la decisión a categoría de mandato. Es así que, como primera muestra de cumplimiento de este mandato, el congreso se clausuró el 21 de junio, solsticio de verano en el hemisferio norte, con la celebración del ritual conocido en nasa yuwe como sek buy, algo cercano a nacimiento del sol en castellano, día en que inicia el año nasa. Al mismo tiempo, como manifestación política de la relevancia de este mandato, se posesionó la nueva consejería de la ACIN, conformada por quienes liderarán la orientación política de la organización hasta el 20 de junio de 2019. Esta consejería, a su vez, que consta de un representante por cada uno de los siete planes de vida en que se agrupan los cabildos que conforman la ACIN, por decisión del congreso pasó a llamarse thuthenas we’sx que en castellano significa algo parecido a quienes aconsejan y comunican. A partir de entonces, el mandato se proyectó hacia los cabildos, los cuales pasarán de posesionarse en diciembre, como lo han hecho históricamente, a hacerlo en el año nuevo nasa. Este cambio ya lo comenzaron a asumir algunas autoridades, quienes extendieron su periodo desde diciembre y harán nuevas posesiones el próximo mes de junio.

Es interesante observar cómo las primeras manifestaciones de la aplicación de este mandato se encuentran en el posicionamiento de los espacios de representación organizativa y de las autoridades de los cabildos. En buena medida, se debe a la autonomía con que estas instancias se pueden definir, ya que solo exigen un consenso interno entre los miembros de la comunidad para definir su concreción. De otra parte, se están abriendo discusiones sobre cómo serán los pasos a dar para definir la implementación del calendario nasa en las distintas esferas de interacción social en los territorios indígenas del norte del Cauca. Esto representa desafíos más importantes, pues hay ámbitos donde la transición del calendario no se limita a un consenso voluntario. En todo caso, es evidente que la definición de un nuevo tiempo público tiene consecuencias importantes para el ejercicio del gobierno propio y, considero, encuentra su correlato en la forma como se erige una razón de Estado en particular.

Me gustaría retomar aquí algunas apreciaciones que Pierre Bourdieu (2014) hace sobre el calendario y la relación de este con el Estado, que pueden aclarar cómo la elección de un tiempo público se relaciona estrechamente con la instauración de marcos lógicos de acción institucional. En sus cursos en el Collège de France, Bourdieu hace un planteamiento que considero tiene relevancia para el caso en cuestión. De entrada, este autor manifiesta que los calendarios normativizan el tiempo público, es decir, constituyen un régimen del tiempo alrededor del cual las funciones públicas se deben organizar. Podemos pensar que es a partir de la consolidación de marcos temporales que se le otorga forma y sentido a un tipo de organización política en particular que involucra a las poblaciones que interactúan con las instituciones y conforman, en un sentido amplio, una comunidad. La función del calendario, entonces, se encuentra en la materialización de ese tiempo público que se convierte en norma universal de una población específica.

Bajo esta mirada, podemos hacer un análisis del caso planteado. La representación del calendario nasa es una particularidad del calendario agrícola que involucra los ciclos del sol y de la luna en esta parte del planeta en específico, que arroja una visión del tiempo en función de los ciclos de la tierra y de los rituales mayores nasa que deben acompañar dichos ciclos. En este sentido, la defensa de la instauración de este calendario en los territorios indígenas del norte del Cauca, está atravesada por un argumento que reivindica una gestión del tiempo que se percibe mucho más cercana al sentir nasa, es decir, que encuentra una correspondencia legitimada con unas raíces culturales que se exhiben como su punto de partida. Así, entiendo que la apuesta política por instaurar como principio de orden del tiempo el calendario nasa, está ligado a lo que Bourdieu reconoce como conquistas sociales, especialmente en el sentido de las reivindicaciones de los derechos a la autonomía y la autodeterminación de los pueblos indígenas en el mundo. Se trata de ubicar una racionalidad específica en el centro del ejercicio del poder, creando una premisa fundamental: el gobierno propio solo puede ser realmente propio si se ejerce en el tiempo correcto.

Es así que el calendario nasa no se propone como uno específico al interior del calendario gregoriano que rige la estructura social colombiana, sino como aquel a partir del cual se debe organizar la vida de la población indígena nasa del norte del Cauca, afectando así de manera concreta instancias sobre las cuales se ejerce el gobierno propio, como el calendario escolar, las festividades, el cuidado de la salud, el trabajo y el descanso. El mandato de la transición al calendario nasa busca una universalidad, esto es, llegar a naturalizarse, en un conjunto de personas más o menos bien definido y sobre un lugar en concreto. Una vez se asume esta naturalización por parte de un cuerpo social, entra en juego la legitimación de un ejercicio de poder.

Ahora, siguiendo con las ideas expuestas por Bourdieu, la instauración de un tiempo público no es suficiente para consolidar su naturalización o su pretensión universal. Debido a ello, como complemento del tiempo público, está la relación pública con el tiempo, es decir, la instalación de estructuras mentales socialmente reproducidas, de personas que en su conjunto aceptan y asumen esta temporalidad no solo en relación con lo público, sino en la concepción de su tiempo privado. Este complemento es fundamental para su aplicabilidad y al mismo tiempo está en directa relación con el funcionamiento del Estado. Lo que busca aquí el gobierno propio indígena es hacer hegemónico un calendario legitimado como expresión de la identidad cultural sobre un sujeto colectivo. Se trata, al mismo tiempo, de impugnar la temporalidad hegemónica vigente (el calendario gregoriano) y que la población adopte definitivamente un marco público distinto sobre el cual organice su vida privada.

Soy consciente que mucho de lo dicho anteriormente es controvertido, sobre todo si hacemos caso a los argumentos que ubican el calendario agrícola –y, por lo tanto, el calendario nasa- por fuera de los debates de racionalidad occidental, etcétera. Pero creo que es válido preguntarse también si lo que hoy se conoce como el pueblo nasa, por fuera de las consecuencias de la colonización, siempre tuvo un tiempo público. Es decir, la pregunta no debe detenerse en si el calendario que se legitima hoy como propio siempre ha sido el mismo y lo que se busca no es nada distinto a una restauración del orden del tiempo una vez vigente, sino que debemos preguntarnos por la decisión política de hacerlo oficial ahora en un territorio y sobre unas personas en particular. Así como la escritura está estrechamente relacionada con la razón de Estado, la oficialización es determinante para hacer cumplir las directrices que se envisten de poder gracias a su acción. En este sentido, el calendario nasa y el mandato de su instalación como principio regidor, es un paso estratégico a la consolidación de un verdadero poder estatal entre las autoridades indígenas del norte del Cauca.

 

Referencias

Bourdieu, Pierre. 2014. Sobre el Estado. Cursos del Collège de France (1989-1992). Anagrama. Barcelona, España.