Joanna Castro

* Joanna Castro

Antropóloga Social de la Universidad de Estocolmo. Máster en Antropología Política (Universidad de Estocolmo) y en Estudios de Paz y Conflicto (Universidad de Uppsala, 2016) con tesis sobre la participación de las diásporas en las comisiones de la verdad de sus países de orígen. Ha trabajado en temas de violencia de género y participación política de la mujer. Ha publicado el estudio: ”Situación de la Violencia contra la Mujer en las Comisarías de Familia de Cali (2013). Actualmente secretaria política en el Partido de Izquierda en Suecia, miembro de la Comisión Antirasista del partido. Candidata al parlamento en las elecciones de septiembre 2018. Trabaja temas de construcción de paz, cooperación internacional, antirasisimo, diásporas/migración y desigualdad económica. Twitter: e_joanna

Marzo 2018 ya contuvo el día de la mujer y día de elecciones legislativas. En el uno nos intentaron regalar flores. En el otro, los partidos políticos de izquierda y de derecha ya han logrado que las mujeres, efectivamente, sean contenidas en la mínima expresión de participación que tolera hoy la ley, el 30% de candidaturas y ni una más.

Antes de lograr el derecho al voto en 1957, los opositores del sufragio de las mujeres justificaban que nosotras no éramos “aptas” para votar porque no sabíamos gobernar. Este argumento no se encontraba únicamente en los sectores más conservadores, sino también en los que se hacían llamar liberales o progresistas. Sesenta años después, el partido que se precia de llevar banderas de justicia social e igualdad, el Polo Democrático Alternativo, foguea sus candidatos varones en redes sociales y eventos al mismo estilo de la foto del evento de presentación de candidatos en diciembre: sin mujeres. En el Polo claramente las mujeres son tratadas de relleno de lista, ni siquiera dignas de participar en la foto. Afortunadamente, en otras fuerzas progresistas, alcanzan a ser visibles las mujeres candidatas. Sin embargo, en general, la izquierda colombiana ha tenido una conflictiva relación con las corrientes feministas que, al interior, impulsan los derechos específicos de las mujeres.

La izquierda y las mujeres

Actualmente el país ocupa el onceavo lugar en cuanto a representación política de las mujeres en los parlamentos en América Latina (19% en Cámara baja, 22% en Cámara alta), muy por debajo del primero en el continente, Bolivia (53%) y del promedio regional 26%. Generalmente a la izquierda colombiana le parecen importantes las estadísticas regionales y mundiales en cuanto a desigualdad económica y social, pero poco o nada se interesan por las que hablan sobre la desigualdad en la participación política entre hombres y mujeres.

La exclusión sistemática que la izquierda colombiana ha hecho de las mujeres en sus cargos de lideranzas al interior de sus organizaciones sociales, sindicales y partidos políticos es una evidencia de la falta de formación de las dirigencias en este tema y del conjunto de la izquierda en general.

Las trabas para que las mujeres lleguen a ser parte de las listas de representación del Polo Democrático (y puede aplicar a otros partidos en Colombia) son variadas y surgen en esquemas patriarcales que definen las prácticas al interior de los partidos. El proceso de definición de listas privilegia a un hombre político que se inicia tempranamente en el ámbito de la política, dedicado a tiempo completo a través de las fases de la vida. Esto le da a los hombres una ventaja abismal frente a las mujeres que: 1) no son escogidas desde jóvenes para iniciar la escuela de liderazgos/cuadros en igual proporción que los hombres jóvenes (aquí pueden haber varios factores culturales patriarcales que le estén presentando obstáculos a las mujeres jóvenes, por ejemplo, la cosificación sexual contra ellas); 2) las mujeres cuentan con menos tiempo para dedicarse de lleno al ámbito político pues ellas siguen siendo las principales responsables del hogar. Aquí hay un asunto que los hombres de la izquierda aún no ven como un tema a trabajar: su responsabilidad en las tareas del hogar en igualdad de condiciones con sus compañeras. Generalmente, el hombre político, tiene una esposa en casa que ha cubierto todo ese terreno mientras él puede dedicarse por completo a su carrera política. Finalmente, 3) al ser  los hombres aquellos que son mayoría en las élites del Polo, es natural que ellos escojan y levanten las candidaturas de otros hombres, a quienes ven como sus iguales. Estudios demuestran que esta situación es usual en espacios masculinos y da como resultado que los hombres tengan unas cuotas invisibles, es decir, son privilegiados y premiados en realidad sin mucha competencia por parte de las mujeres, pues son escogidos en procesos de selección cerrados y culturalmente condicionados, por hombres con poder.

 

Algunos argumentos de las izquierdas frente al cuestionamiento de la ausencia de las mujeres en las listas electorales

Partiendo de considerar que las propuestas de la izquierda se basan en construir una sociedad más justa e igualitaria, nos detenemos a cuestionar por qué la representación política en materia de paridad no parece ser una prioridad. Aquí analizaremos los argumentos clásicos que las izquierdas usan para justificar la poca representación de las mujeres y de otros sectores en las listas de candidatos.

 

  1. Las mujeres siempre han estado invitadas a presentar sus candidaturas”

Este argumento es comparable al argumento de la derecha: “en Colombia siempre ha habido democracia”. Frente al argumento de la derecha, la izquierda es buena para analizar las trabas in-oficiales existentes en esa “democracia” y leer entre líneas. Pero hacia el interior, no les preocupa usar un argumento similar en cuanto a las mujeres se trata.

Las mujeres no quieren ni se sienten cómodas para presentar sus candidaturas pues ellas mismas han sido indoctrinadas en lo que culturalmente se ha construido como “las características innatas de un líder social”. Dado que existe dificultad para que las mujeres jóvenes sean entrenadas desde temprana edad en liderazgo y capacitación de cuadros, las mujeres tienen más obstáculos reales e imaginarios para sentirse preparadas y capacitadas, con la autoconfianza suficiente para lanzar candidaturas en igual grado que lo hacen los hombres. Para que haya una real democracia interna en igualdad de condiciones, se debe invertir en un programa de capacitación de cuadros femeninos desde ahora, donde las mujeres sean valoradas por sus ideas, sus aportes a la política y alentadas a participar en todos los espacios. Para esto es posible que se requiera apoyo logístico como cuidadores de niños en las reuniones y apoyo a las mujeres que encuentran dificultades en su casa para poderse dedicar a la política.

 

2- “A las mujeres les falta formación y experiencia”

Se dice que a las mujeres les falta formación política, la cual en la práctica es difícil de alcanzar puesto que el líder innato es moldeado a la vida y el ser de un hombre.  Nosotras nos preguntamos, ¿dónde está la formación en género de los caballeros?

La formación política debe aquí ser revisada desde un punto de vista que sirva para nuestro tiempo y nuestra generación. El ejercicio de la política nos demanda herramientas actualizadas para entender los acontecimientos políticos, sociales y culturales. Cuando se trata de ver nuevos temas, la izquierda sigue privilegiando el leer y formarse con nuevos hombres académicos en temas que consideran claves como lo urbano. Pero ignora y pasa por alto temas como la economía feminista o el feminismo marxista de autoras como Silvia Federici. Se desprecia también el análisis de lo que implica la falta de mujeres en los espacios de liderazgo, de qué forma se nos pierden pedazos importantes de análisis en la dominación económica cuando no logramos ver el rol que cumplen las mujeres al interior de las comunidades, y también las consecuencias de la sobreexplotación que el sistema económico hace de las mujeres, su trabajo y sus cuerpos.

La formación en temas de género, justicia e inclusión brillan por su ausencia en la forma en que fuerzas de izquierda como el Polo Democrático plantearon esta campaña electoral.

 

  1. Internamente las mujeres estamos trabajando en el Polo para lograr en el futuro una paridad”

 

Sale a relucir el argumento que se centra en atribuir la responsabilidad de ser candidatas sólo y exclusivamente a las mujeres. La participación activa de las mujeres en la política es imposible de lograr sin una activa concientización y formación de los hombres en el tema. Para participar en igualdad de condiciones, las mujeres al interior deben construir una autonomía política, es decir, una agenda propia basada en el análisis de su propia condición y situación. La autonomía, nos recuerda la antropóloga Marcela Lagarde, no es algo dado sino que la tenemos que construir en nuestra práctica social con los otros. La autonomía es un asunto relacional y no unilateral.  No basta decir “somos autónomas” si las condiciones no están dadas para ejercerla. Y por ello, los compañeros deben formarse en temas de género y sobre la opresión que los hombres como grupo ejercen sobre las mujeres, si queremos tener una izquierda verdaderamente incluyente. A las mujeres les ha tocado formarse en los temas clásicos de la izquierda ¿Se han puesto los líderes y los cuadros de la izquierda en disposición de aprender sobre las reivindicaciones de las mujeres?

 

4.- “Primero lo primero”: El viejo debate sobre la lucha de clases “electoral” y la relegación de otras demandas.

 

Para este año 2018 las mujeres seguimos oyendo viejos argumentos de que otras luchas son prioritarias: la de clase. Este es un debate que lleva más de 30 años y es uno de los que siguen reflejando la urgente necesidad de formación de los hombres de la izquierda.

 

El sistema de clases no es el único sistema de opresión y es preciso hacer el análisis de las diferentes explotaciones para poder realizar propuestas dirigidas a toda una masa explotada con particularidades. ¿Es igual la vida de una mujer trabajadora a la de un hombre trabajador? Con una población cada vez más urbana donde las mujeres hoy trabajan en empleos precarios, se mueven en espacios urbanos violentos especialmente y realizan trabajo no remunerado en el hogar, donde no está exenta de ser víctima de violencia, la vida de las mujeres trabajadoras se ve impactada de forma diferente por políticas económicas neoliberales y también por el sistema patriarcal donde el hombre trabajador tiene mejor estatus y se le asignan unos derechos sobre la vida y los cuerpos de las mujeres que coartan la libertad y los mismos derechos humanos de las mujeres trabajadoras.

 

La violencia en el hogar que enfrentan las mujeres de todas las clases sociales, se hace más cruel en el caso de la mujer trabajadora sin suficientes recursos para hacer valer sus derechos, irse, o proteger su vida y la de sus hijos. Los derechos sexuales y reproductivos, cuando no están garantizados, tienen un impacto más severo en la mujer trabajadora que es obligada a poner su vida en riesgo en abortos clandestinos, por ejemplo. Cuando lo público (la salud, la educación, la justicia, etc.) no funciona, son las mujeres las que operan de ejército de reserva cuidando niños, ancianos y enfermos en la familia sin ninguna remuneración y sin derechos laborales o con una mínima remuneración y hasta hace poco sin ningún derecho laboral. (En este punto, las mujeres del trabajo doméstico se han organizado y han visibilizado su situación). Son, además, las mujeres las que más se encuentran en el sector público como maestras y enfermeras, y cuando este es recortado, son también ellas las que más sufren al ser despedidas.

 

Es urgente hacer este tipo de reflexiones donde se analicen las intersecciones de la explotación. Estudios de los impactos que las medidas neoliberales tienen sobre hombres y mujeres en la clase trabajadora y en los grupos negros e indígenas, son fundamentales para que tengamos una política verdaderamente para los y las oprimidas.

 

5.- “Las feministas siempre vienen a destruir los procesos”: discusiones históricas del rol de las feministas en los círculos de izquierda.

 

Las feministas siempre somos las brujas. Las mujeres rebeldes en cualquier momento de la historia han sido llamadas brujas. Somos las brujas para la izquierda porque alzamos la voz y problematizamos, exigimos representación y les decimos que les falta formación.

Justo en el tema de género, pareciera que los líderes de izquierda pudieran tomarse de la mano con los sectores conservadores de la política e idear una lista conjunta de todos los motivos por los cuales las feministas deberíamos ser quemadas en la hoguera.

Los procesos de izquierda, siempre logran sobrevivir a las discusiones de las feministas de la única manera que pueden hacerlo: excluyéndonos. Después de cada proceso de debate por las feministas, la izquierda continúa con menos mujeres formadas y con más hombres mediocres, que siguen en los movimientos con claras prácticas reaccionarias no acordes a los ideales de justicia social y con perspectivas miopes de la explotación y dominación económica que produce desigualdad.

 

7.- Las mujeres no somos culpables de nuestra propia exclusión en la escena electoral.

 

La histórica y sistemática exclusión de las mujeres de la política es un hecho que se ve reflejado con vergonzante exactitud cada cuatro años en las listas de candidatos de la izquierda. Ello denota una falta de formación por parte, principalmente, de los hombres de la izquierda que aún no hacen un análisis sobre cómo el sistema patriarcal es funcional al capitalismo. Es cierto que trabajar en contra del patriarcado va a implicar que los hombres de la izquierda, tan acostumbrados a verse oprimidos, hagan un análisis de los privilegios que tienen frente a las mujeres de sus organizaciones y luchar contra ello implica necesariamente cuestionar esos privilegios y dar un paso atrás, desaprendiendo prácticas machistas.

La exclusión de las mujeres de la vida política de la izquierda (a menos que sean para temas de logística, relleno de listas, formar marchas, traer gente, poner votos, etc.) no recae como principal responsabilidad en las mujeres, sino que se debe a un sistema machista que ve en la mujer un ser inferior, en cualidades intelectuales y políticas, al hombre. Y este sistema es reproducido y mantenido por los principales cuadros y líderes de la izquierda. Hasta ahora no vemos un cambio en la dirección correcta. Seguimos viendo hombres cómodos con el statu quo.

Esto es grave para un sector político cuyas principales banderas son la igualdad y la justicia social. La justicia social nunca será alcanzada sin justicia para las mujeres en todos los ámbitos de la vida. Las marchas contra los feminicidios en América Latina el año pasado nos indican que las mujeres se están movilizando. Los feminicidios y la violencia sexual contra mujeres y niñas no es un fenómeno aislado, es la máxima expresión de la subvaloración de la mujer. La lucha contra todos estos fenómenos de violencia pasa necesariamente por elevar el estatus de las mujeres al de ser humano. Con plenos derechos garantizados también en la arena política.

Gina Suárez Gil

Cientista Política. Estudiante de Maestría en Género, Miembro Congreso de los Pueblos, Suiza

 

Joanna Castro

Antropóloga. Candidata al Parlamento por el Partido de Izquierda Suecia