El resultado de las elecciones al Congreso para la centro izquierda no fue malo, pues se avanzó un poco con relación a las votaciones de hace cuatro años. Sin embargo, este panorama menos peor se ve ensombrecido por la campaña presidencial que arrancó y por la imposibilidad de las fuerzas liberal-progresistas de unirse y, aún más, de conversar y no atacarse. Lo que se ha visto desde el lunes 12 de marzo son agresiones, ataques o declaraciones cuyo principal objetivo por parte de la coalición Colombia (principalmente las declaraciones o trinos de Claudia López y Jorge Robledo) es Gustavo Petro, y por otro lado ataques, respuestas o agresiones (como se les interprete) hacia el discurso de Sergio Fajardo por parte de los seguidores de Gustavo Petro.

 Las razones políticas que dificultan una coalición de centro izquierda

Algunos estamos convencidos que una coalición entre Gustavo Petro, Sergio Fajardo y Humberto de la Calle es la única manera de asegurar un lugar en la segunda vuelta y así tener posibilidades de ganar las elecciones presidenciales contra el candidato de derecha dura que pase, ya sea Vargas Lleras o Duque. Sin embargo, este clamor por una coalición es casi imposible, lo cual se puede interpretar como una pérdida de lucidez, y esto se debe a varias razones.

En primer lugar, el no haber organizado una sola consulta entre esos tres candidatos, sino dos consultas, una designación por acuerdo y ninguna lista unificada al Congreso, cerraron las puertas a esta opción. En efecto, desde el ala izquierda, la candidatura de Gustavo Petro estaba anunciada desde hace varios años. Jorge Robledo se presentó por su lado como candidato del PDA y precandidato presidencial. Decidió acercarse a Claudia López (Alianza Verde) y a Sergio Fajardo para buscar una coalición, en la que decidieron por acuerdo que Sergio Fajardo iba a ser el candidato de la Coalición Colombia (coalición que no representa una fuerza política unificada pues el PDA y la Alianza Verde se presentaron con listas distintas al Congreso). En efecto, Jorge Robledo sabía que no tenía posibilidades de ser elegido y sin su candidatura al Senado el PDA quizás no habría alcanzado el umbral. Al presentarse como pre-candidato presidencial, Robledo afianzó su control sobre el partido, lo que llevó a Clara López a salirse del Polo. Al mismo tiempo Robledo impidió un apoyo oficial del Polo para otro candidato que no fuera el de la Coalición Colombia.

Por otro lado, Humberto de la Calle al participar en la consulta del partido liberal, quedó comprometido con este partido para llegar hasta la primera vuelta. Gustavo Petro por su lado le ganó la consulta inclusión social para la paz a Carlos Caicedo y quedó elegido como el candidato de esta consulta. De esta forma, tenemos tres candidatos que representan una opción frente a la derecha dura pero que no confluyeron en un mismo espacio y que de no unirse probablemente no pasarán a la segunda vuelta.

A pesar de que en el discurso común la principal razón que impide construir una amplia coalición sean los egos, es importante señalar que hay razones ideológicas que pesan en los análisis y en las visiones de país, lo que lleva a no entender la urgencia de unirse para enfrentar a la derecha dura. Para empezar, la Coalición Colombia presenta a su candidato como el de la reconciliación del país, pero sin definir en qué consistiría esa reconciliación, ni con qué políticas concretas se lograría. Pocas veces se oye de boca de su candidato hablar de la importancia de implementar los acuerdos pactados con la ex guerrilla de las FARC o seguir en los diálogos con el ELN. En efecto, para las principales figuras de esa Coalición (Jorge Robledo, Claudia López y Sergio Fajardo) la implementación de lo acordado en el proceso de paz con las ex-FARC no es una prioridad (a pesar de apoyarlo formalmente), ni la continuación de los diálogos con el ELN. En cambio, en el discurso de Humberto de la Calle se entiende que la implementación de los acuerdos de paz es algo fundamental y en lo que el candidato basa parte de su campaña, ya que para este candidato la consolidación de la democracia en Colombia pasa por el fin de la guerra, modo de operar que ha estructurado a la sociedad colombiana. De la Calle coincide en esto con Gustavo Petro aunque no se haya señalado. Para el candidato de la Colombia Humana, el cambio social y la posibilidad de ampliar la democracia pasan por el fin de la guerra que ha permitido los mayores despojos en el país. De la Calle lo ha explicado en repetidas ocasiones desde que se firmaron los acuerdos de la Habana. Para Gustavo Petro y Humberto de la Calle lo que está en juego en estas elecciones es la posibilidad de construir o ampliar la democracia colombiana poniéndole fin a la confrontación del Estado con las guerrillas, y desarticulando el paramilitarismo. Eso no es poca cosa. En cambio, en la campaña de Sergio Fajardo esto no es una prioridad y por ello basa su campaña en una idea de reconciliación que reposa especialmente en la idea de que no haya polarización y en la lucha contra la corrupción. El mayor reto en el país sería la lucha contra la corrupción1, de forma que se podría luchar contra la corrupción, la polarización y  la desigualdad sin enfocarse en el fin del conflicto armado y en la implementación de los cambios contemplados en los acuerdos. Quizás por eso no vean la urgencia de construir una coalición amplia, única posibilidad de poder llegar a la segunda vuelta y continuar con los acuerdos de paz, condición mínima para construir un país democrático a nuestro juicio.

El llamado a no polarizar o el miedo a la democracia

Uno de los argumentos que repite Fajardo para rechazar una conversación con Petro es que el país está cansado de los extremos y que se debe evitar la polarización2. A esto se suman las afirmaciones de J. Robledo y Claudia López quienes dicen que Fajardo es el único capaz de derrotar al uribismo en la segunda vuelta. Esta idea, según la cual Petro sería un extremista que impediría derrotar al uribismo, es compartida por diferentes periodistas y líderes de opinión (las columnas de Daniel Coronell, Maria Jimena Duzán, Daniel Samper Ospina, entre otros van en ese sentido). El problema de esta afirmación, que puede ser cierta para la segunda vuelta, es que olvida que hay una vuelta antes de la segunda y sin una coalición amplia las posibilidades de llegar a la segunda vuelta son casi inexistentes. Según las últimas encuestas, Petro tendría más posibilidades de pasar a la segunda vuelta que Fajardo y De la Calle, pero según ciertos líderes de opinión las posibilidades de que Duque o Vargas Lleras lo derroten en la segunda serían más importantes. A esto agregamos que Petro está haciendo una campaña exitosa convocando multitudes en sus concentraciones. En ese sentido, si consideremos que Fajardo tendría posibilidades de ganar la segunda vuelta sería por un voto de rechazo a la derecha dura más que por adhesión a sus propuestas por parte de una mayoría.

Al decir simplemente que Fajardo es el único capaz de ganarle al uribismo, esos opinadores tratan de borrar a Petro del espectro político, como si bastara no nombrarlo para eliminarlo de la contienda o no contar con él. En ese mismo sentido van los pedidos de coalición entre Fajardo y De la Calle, dejando de lado a Petro. Esta propuesta de alianza entre De la Calle y Fajardo que hacen ciertos líderes de opinión puede leerse como una voluntad de no tender puentes con sectores de la izquierda, particularmente con el candidato de la izquierda que tiene un apoyo creciente dentro de las bases de la Alianza Verde y del Polo. De no estar en una coalición, es claro que Petro recibirá muchos votos en la primera vuelta, lo que reduciría las posibilidades que una coalición alternativa pase a la segunda vuelta. Así, el discurso según el cual Petro polariza y, por consiguiente, no se debe contar con él, tiene como idea de fondo la incapacidad de aceptar propuestas de izquierda en una sociedad que ha estado cohesionada con base en el miedo y un enemigo de izquierda (antes la guerrilla, hoy Petro, ¿mañana quién será?) por la clase dirigente para mantener el statu quo. Es decir, hay una incapacidad de aceptar propuestas de izquierda como parte de la democracia sin considerarlas peligrosas o extremistas. Si el proyecto político de la Colombia Humana es considerado como extremista y se equipara al del Centro democrático es porque las propuestas políticas de izquierda aún son macartizadas en la sociedad colombiana, incluso por ciertos sectores liberales o progresistas que aún no son capaces de dar el paso para construir esa democracia incluyente. En esa medida, los discursos de pedagogía y de no polarización de algunos candidatos no son puestos en práctica por ellos mismos. Por otro lado, analistas y periodistas que en sus columnas habituales abogan por la apertura democrática, no participan de un movimiento que busque frenar el miedo a ciertas ideas (léase el castrochavismo, palabra que no corresponde a ningún concepto teórico o político) a través de explicaciones y debates, sino que ahondan en esta falsa idea. Estos discursos no contribuyen a construir una supuesta reconciliación y fortalecer la democracia. En efecto, que políticos que se presentan como la esperanza y la opción frente a la derecha dura sigan comparando el programa de la Colombia Humana y su candidato como un extremo, similar al Centro democrático, es el resultado de que sigan basando su discurso en la visión amigo / enemigo que prima en una guerra y no quieren renunciar a esos recursos discursivos. Al justificar en el marco de una alianza de fuerzas liberales de centro el cierre del espacio a las fuerzas de izquierda, se impide salir de la retórica de ha primado estos últimos años, pero además se reducen considerablemente las posibilidades de llegar a la segunda vuelta, lo cual constituye una falta de lucidez frente al momento histórico que vive el país.

Aún no es tarde para replantearse estos discursos y esa visión de la política de cara a estas elecciones. Aún se puede construir la coalición que derrote a la derecha dura y defienda los acuerdos de paz y refuerce la democracia, pero para ello es importante contar con lo que representa Petro y no excluirlo. De no lograrse una coalición, se perdería la oportunidad de empezar a construir la paz en los hechos y no solo en el papel.

  1. Ver: “Sobre la necesidad de convertirse en centro”, http://palabrasalmargen.com/edicion-125/sobre-la-necesidad-de-convertirse-en-centro/
  2. Sobre la “polarización” ver este interesante artículo: http://palabrasalmargen.com/edicion-125/no-mas-polarizacion-o-las-paradojas-del-miedo-a-la-politica/