Diana Granados Soler

* Diana Granados Soler

Feminista-activista política. Trabajadora Social y Magister en Antropología Social de la Universidad Nacional de Colombia. Integrante de la Corporación Ensayos para la Promoción de la Cultura Política. Docente universitaria. Temas de investigación: cultura política, derechos de las mujeres, género, paz y educación.

En los últimos años, tanto en Colombia como en otros países de la región, la inseparable y renovada articulación entre género, religión y política se ha expresado a través de lo que el Vaticano y los sectores conservadores a nivel internacional llamaron, desde principios de la década del noventa, como “ideología de género”.

Convertida en una apuesta por restaurar su fracturada hegemonía en relación con el control de la sexualidad, la lucha contra la llamada “ideología de género” ratifica el avance de un “gran frente” conservador en defensa de la “familia tradicional” (léase heterosexual) y de la moral cristiana, que se ha desplegado con fuerza a lo largo del continente a través de diferentes estrategias. Este avance lo que muestra, en definitiva, es que hay una agenda ideológica común neoconservadora desde Estados Unidos hasta la Argentina y con una fuerte influencia de movimientos en España, Francia y otros países europeos.

En 2016, en Colombia vivimos un momento de revitalización de la influencia de la religión en la política que se cristalizó a través de la interpelación al género. La movilización contra la llamada “ideología de género”, expresión usada para descalificar y estigmatizar el avance de las luchas en favor de los derechos de las mujeres y la población LGBTIQ, fue constitutiva y constituyente de dos eventos críticos que se convirtieron en epítomes de los “pánicos morales” de la sociedad colombiana.

Por un lado, las marchas contra el documento “Ambientes escolares libres de discriminación. Orientaciones sexuales e identidades de género no hegemónicas en la escuela”, el cual fue elaborado por el Ministerio de Educación, Unicef, el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en respuesta a una orden proferida por la Corte Constitucional a través de la sentencia T-478 tras el suicidio de Sergio Urrego. Este joven estudiante de un colegio de Bogotá fue objeto de múltiples violencias, discriminación y matoneo por su orientación sexual e identidad de género por parte de las directivas del colegio y de la familia de su pareja. Por otro lado, la campaña y posterior triunfo del “No” en el plebiscito por la paz, que cuestionó los Acuerdos de Paz entre el gobierno y las FARC con el argumento de que atentaba contra la familia, promovía la “ideología de género” y el aborto e incitaba a la “homosexualización” de niños y niñas.

Sin duda, su gran eficacia para construir un mensaje público a través de diferentes medios de comunicación, incluso apelando al uso de un “engaño generalizado”, tal como lo estableció el Consejo de Estado, propició la búsqueda de alianzas de estos sectores para concretar una apuesta política conjunta que catapultara y profundizara el logro alcanzado con el “No” en el plebiscito.

De manera que la forma en la que se tejieron y desplegaron ambos eventos en una coyuntura política e histórica determinada abrió las puertas para darle un nuevo impulso a la participación de actores religiosos en la política electoral, quienes asumieron como algunas de sus banderas la defensa de la familia heterosexual y, en consecuencia, el rechazo al matrimonio y la adopción igualitaria. Un sector importante que defiende estos principios cuestionó también los Acuerdos de Paz y configuró un enemigo público tripartito contra el que es necesario luchar: ideología de género, comunismo y castrochavismo.

Sin duda, el panorama de la participación política electoral de estas tendencias defendidas por pastores y pastoras y por figuras políticas de talante conservador y ultraconservador tras las elecciones legislativas del pasado marzo pone en evidencia algunas características que podrían definir los próximos cuatro años del Congreso. En primer lugar, podemos señalar que varios de los líderes que se unieron tras el plebiscito en el llamado “Pacto Cristiano por la Paz” no lograron consolidar un escenario conjunto político-electoral. Algunos de ellos se agruparon en el partido Colombia-Justa Libres, mientras que otros se incorporaron en los listados de partidos como Cambio Radical y el Puro Centro Democrático.

Colombia Justa Libres logró una curul en la Cámara de Bogotá con Carlos Eduardo Acosta y tras su alegato por la falta de conteo de varios de sus votos, se especula que podría obtener tres curules en el Senado. Aún no hay una respuesta definitiva pero según varias fuentes periodísticas la aparición de casi 30.000 votos le permitiría quitarle las curules a Gloria Flórez de la Lista de la Decencia, Soledad Tamayo del Partido Conservador y Jorge Guevara del Partido Alianza Verde. Sus posibles senadores serían Jhon Milton Rodríguez, pastor de la Iglesia Misión Paz a las Naciones y gran figura del Pacto Cristiano por la Paz, así como Eduardo Emilio Pacheco Cuello y Edgar Enrique Palacio Mizrahi, ambos pastores evangélicos.

En el nuevo escenario legislativo está la pastora Claudia Rodríguez de Castellanos de la Iglesia Misión Carismática Internacional quien abandonó las toldas de Uribe y apoyó a Vargas Lleras en su candidatura a la presidencia. Ella resultó electa como segunda en la lista de Cambio Radical con 66.000 votos aproximadamente. Igualmente, Ángela Patricia Sánchez Leal, de la misma iglesia y el mismo partido, será representante a la Cámara por Bogotá con una votación de 31.321 votos.

Es interesante que en su programa político, ambas se refieren a impulsar más oportunidades para las mujeres, flexibilización laboral, participación en “escenarios públicos y privados en condiciones de igualdad”. Sin embargo, a renglón seguido, el programa político de Rodríguez se refiere a reivindicar el matrimonio heterosexual, así como a impulsar una propuesta que con seguridad será uno de los proyectos que encabezarán estos sectores en el siguiente período legislativo: “el Ministerio de la familia y la mujer”.

Sin embargo, no todo fue color de rosa para la apuesta política de estos sectores, que calcularon tener un mayor número de curules a raíz del triunfo logrado tras el plebiscito por la paz. Algunos de los adalides que hicieron campaña con las banderas conservadoras sobre la familia y la diversidad y que no fueron elegidos son el candidato al Senado Jefferson Vega, del Partido Conservador, quien obtuvo 22.624 votos. De igual manera, Alberto Esteban Ramírez, candidato a la Cámara por Bogotá por el partido Opción Ciudadana, quien obtuvo 5.808 votos. Jimmy Chamorro, candidato al Senado por el Partido de la U, obtuvo 59.910 votos y no logró la curul. Tampoco el youtuber y candidato al Senado por el Partido Centro Democrático Ferri Ortiz, alcanzó una curul pues obtuvo 23.586 votos. Karla Enríquez, miembro de la Mesa Nacional de Educación y Autonomía (MENACEA), que lideró las marchas en contra de las “cartillas”, obtuvo 8.607 como candidata a la Cámara de Cundinamarca por el Partido Somos.

La ñapa

Recientemente, la BBC1 publicó un informe sobre el funcionamiento de un círculo bíblico en la Casa Blanca. El círculo está dirigido por el pastor Ralph Drollinger, quien junto con su esposa Danielle, fundó el Capitol Ministries en 1996. Se trata de una institución dedicada a fortalecer ministerios en instituciones gubernamentales a través de la formación a legisladores cristianos. Cuenta con centros bíblicos en varios estados, incluyendo Washington, donde participan políticos de alto nivel como Betsy Devos, secretaria de educación, y Mike Pence, vicepresidente.  Según el informe, los políticos se reúnen semanalmente y, aunque el presidente Trump no asiste, recibe “las impresiones de Drollinger en ocho páginas casi todas las semanas”.

El círculo bíblico de la Casa Blanca es una muestra eficaz de la reconfiguración entre política y religión en el mundo y el despliegue de una visión política conservadora de la sociedad que dentro de sus principales postulados cuestiona los derechos a la igualdad de las mujeres, los derechos sexuales y reproductivos, los derechos de la población LGBTIQ y, por supuesto, defiende el capitalismo como modelo económico a la vez que reproduce una política sexista, clasista, racista y discriminatoria.

  1. Amos, Owen. 2018. Estados Unidos: Cómo funciona y quienes forman el grupo de estudio de la biblia en la Casa Blanca. BBC. Disponible en:  http://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-43689707