Andrés Felipe López

* Andrés Felipe López

Arquitecto de la Universidad Nacional de Colombia. Realizó un Máster en Urbanismo, Ordenamiento y Transportes en la Universidad Paris-Est. Actualmente se encuentra adelantando estudios doctorales en Geografía y Ordenamiento en la Universidad Toulouse II sobre la propuesta territorial y organizativa de las Zonas de Reserva Campesina

No los estoy invitando a una nueva posición en una canción de reggaetón, ni mucho menos a integrar un movimiento político que en un momento no tan lejano existía como espacio de convergencia de fuerzas progresistas. Esta es una invitación a tomar posición. Hablo, obviamente, del debate presidencial colombiano y lo que en este se está jugando: la posibilidad real de confeccionar un nuevo pacto político más inclusivo o el recrudecimiento del sistema histórico de acumulación y exclusión.

La multiplicación de llamados a una alianza entre las diferentes fuerzas que pudieran ser consideradas como alternativas ha estado saboteada por la vergonzosa campaña adelantada por la llamada Coalición Colombia, que equipara los proyectos del candidato de la coalición de los Decentes, Gustavo Petro con el de Álvaro Uribe y su partido1. Esto viniendo, entre otras, de una de las personas que a través de sus investigaciones y denuncias valerosas había mostrado el funcionamiento de las estructuras paramilitares, su financiación y protección de parte de empresas, dirigentes políticos nacionales y regionales, debe ser leído como una estrategia politiquera que con tal de disputar el tan apetecido « centro », vende sus principios al mejor postor o cadena de noticias. Opinión similar me merece que un reconocido columnista afirme que en segunda vuelta votaría por Vargas Lleras para evitar el « retorno de Uribe ». Entiendo que no sea improbable un escenario en junio entre Vargas y Duque, pero viniendo de alguien que conoce las redes clientelares y parapolíticas en las que este se apoya  en las regiones, huele a acomodamiento. Para referirnos a la coyuntura política, la captura por parte de la Fiscalía de Seuxis Paucis Hernández (o Jesús Santrich) acusado de narcotráfico y anunciando una posible extradición, pasando por encima de la JEP, muestra claramente que la llegada de uno u otro a la presidencia no cambiará gran cosa en la búsqueda de « hacer trizas » el Acuerdo de paz. Para el Fiscal actual, clara ficha del partido de Vargas Lleras y que ha sido defensor del acaparamiento de tierras, no es el primer intento de sabotear el Acuerdo y lo que este podría ayudar a transformar en el escenario político.

¡Ese tal centro… no existe!

Pareciera que este autodenominado centro no quiso entender la esencia del momento histórico y hacer parte del paso que se estaba empezando a dar hacia adelante, para dar unos cinco hacia atrás. Concuerdo con que ese espectro político sólo sirve para frenar verdaderas propuestas alternativas de país y, finalmente, hace juego al otro proyecto político, aquel de los bloques históricos de poder que sí tienen desde hace rato su acuerdo pactado y que nos quieren llevar a tener que decidir en segunda vuelta entre una de esas dos ramas que hacen parte de un mismo tronco2. Porque el paso adelante no consiste en decir qué tan bueno fue el Acuerdo y las reformas liberales que buscaba, sino en lo que traía de fondo, aquello de no buscar más la eliminación física al adversario.

Para retomar la citación que Edwin Cruz hacía en una edición anterior de Palabras Al Margen3 de Estanislao Zuleta y que trae el centro de esta reflexión, el necesario reconocimiento que « el conflicto y la hostilidad son fenómenos tan constitutivos del vínculo social, como la interdependencia misma, y que la noción de una sociedad armónica es una contradicción en los términos. La erradicación de los conflictos y su disolución en una cálida convivencia no es una meta alcanzable, ni deseable, ni en la vida personal –en el amor y la amistad- ni en la vida colectiva ». En otras palabras, y parafraseando a un nobel de paz que hace parte de una de esas ramas del bloque histórico de poder, ¡ese tal centro… no existe! O mejor, sí existe pero como una tercera rama (o tercera vía) de ese mismo bloque de poder, del mantenimiento del statu quo4.

¿Y por qué el llamado a polarizarnos? Porque el mantenimiento de este sistema histórico de exclusión es una continuación de la guerra, llevada desde el poder en una verdadera combinación histórica de todas sus formas de exclusión. Es decir, eliminar al adversario desde el asesinato selectivo, colectivo, la negación de derechos políticos, el no cumplimiento de acuerdos a partir de acciones represivas, judiciales y la puesta en práctica de una propaganda que interiorice en la opinión pública que esas poblaciones son el enemigo interno. Acá la discusión no pasa por que Petro caiga bien o mal, sino que es la única voz audible que ha querido poner en el centro del debate lo que se juega el país este año.

La combinación de todas las formas históricas de exclusión

Para ir a un ejemplo concreto de esta combinación de todas las formas históricas de exclusión que se reproducen actualmente, la Coordinadora Nacional de Cultivadores de Coca, Amapola y Marihuana -COCCAM-, que como expresión del movimiento de pequeños cultivadores se ha acogido en varios departamentos a los acuerdos de substitución de cultivos declarados de uso ilícito, denunció que han sido asesinados en diferentes regiones 29 de sus líderes en un año. Todos ellos suscritos al PNIS (Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos Ilícitos), habían firmado acuerdos y encabezaban dicho proceso en las regiones. A esto se suma el reciente proyecto de ley entregado por el Ministro de Justicia que busca reglamentar el « tratamiento penal diferenciado » para los cultivadores de plantaciones ilícitas en pequeña escala previsto en el Acuerdo de paz, pero que termina excluyendo (así ya hayan suscrito el acuerdo) a aquellos que tengan plantaciones superiores a 1.78 hectáreas. Esto sin tomar en cuenta que el compromiso pactado definió 3.8 hectáreas como área mínima de siembra de cultivos y que los acuerdos con el Consejo Permanente de Dirección del PNIS definieron que los pequeños cultivadores son los que poseen menos de 6 hectáreas, puesto que corresponden al área mínima de cultivo para garantizar a una familia los ingresos mínimos que le permitan subsistir.

Otra de las maneras de exclusión de estos cultivadores que se acogieron a la substitución voluntaria ha sido la continuación, en ciertas regiones del país, de la erradicación forzosa por parte del Ejército colombiano a través de la fumigación, sumado al hecho de que,, esto a pesar de que hay aproximadamente 70 mil familias inscritas al programa.

Estas son situaciones concretas que se repiten igualmente con el movimiento político que conformaron las FARC-EP luego de la firma del acuerdo; hay un incumplimiento sistemático en la implementación y se suma el asesinato de algunos de sus miembros reincorporados y de sus familiares. Además, tenemos el caso de Santrich (a pesar de haber sido uno de los negociadores en la Habana) y su judicialización sin un debido proceso. En la práctica esto significa echar para atrás el acuerdo político firmado en el 2016.

La politización necesaria para lo que se viene

El escenario que se empieza a entrever no parece muy alentador. La promesa de hacer trizas el acuerdo de paz parece que comenzará a ejecutarse desde ya por parte de algunos funcionarios del gobierno actual. Si bien la candidatura de Petro tomó fuerza y se perfila como seria aspirante a pasar a segunda vuelta, pareciera que las tres ramas de ese mismo tronco que representa el statu quo se están combinando para impedirlo y tienen grandes posibilidades para lograrlo. Además viendo alrededor lo que pasa en el vecindario, con el caso Lula da Silva en Brasil, y cómo estas formas históricas de exclusión empiezan a especializarse en procesos viciados en la justicia (o para no ir más lejos lo que pasó con el mismo Petro en Bogotá), muestra que en cualquier caso existe un plan B ante dicha eventualidad.

Pareciera que los monstruos que nos describe Gramsci siguen creciendo y no estuvieran lejos de bloquear definitivamente lo que se empezaba a iluminar de esperanza. Ante esto, lo primero que me parece necesario es reconocerlos como antagónicos, así estos se vistan de predicadores de la esperanza y la reconciliación desde un buscado y falso unamimismo bastante inclinado hacia la derecha. Lo segundo, es asumir los conflictos que se nos vienen con ellos, que si bien la relación de fuerzas sigue siendo desfavorable, la mejor manera de comenzar a invertirla pasa por polarizarnos, por politizarnos en el sentido amplio del término, para volver a politizar la política y que esta no siga siendo el reflejo del neoliberalismo, un escenario aséptico y carente de substancia. Es por eso que el llamado a la polarización, lo es también por el reconocimiento del disenso, de las contradicciones internas que nos atraviesan, tanto colectiva como individualmente. Como lo concluía Estanislao Zuleta en su texto, que en la lucha por una sociedad más justa esta debe ser « capaz de tener mejores conflictos. De reconocerlos y de contenerlos. De vivir no a pesar de ellos, sino productiva e inteligentemente en ellos »5. Entendiendo esos disensos, ¿estaremos en las condiciones actuales en la capacidad de construir un bloque histórico6 que represente una verdadera opción frente al uribismo y las fuerzas que le son aliadas? La primera vuelta en mayo será un momento clave para saber dónde estamos parados y preparar el escenario futuro.

  1. https://www.elespectador.com/elecciones-2018/noticias/politica/los-proyectos-de-uribe-y-petro-conducen-la-destruccion-de-colombia-claudia-lopez-articulo-743578
  2. Ver artículo de Juan David Ochoa “los románticos” https://www.elespectador.com/opinion/los-romanticos-columna-747422
  3. http://palabrasalmargen.com/edicion-125/no-mas-polarizacion-o-las-paradojas-del-miedo-a-la-politica/
  4. http://palabrasalmargen.com/edicion-126/el-centro-una-utopia-de-derecha/
  5. https://estanislaozuleta.com/index.php/su-obra/34-sobre-la-guerra
  6. http://www.eltiempo.com/opinion/un-bloque-historico-contra-el-uribismo-sara-tufano-202334