Damián Pachón Soto

* Damián Pachón Soto

Doctorado en Filosofía de la Universidad Santo Tomás con la tesis "Francis Bacon: de la reforma del saber al imperio humano sobre el universo. Una lectura a partir del concepto de Forma" (2017). Se ha desempeñado como profesor ocasional de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Nacional, Profesor de Tiempo Completo de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Santo Tomás, donde fue Director de la Maestría en Filosofía Latinoamericana. En la actualidad es profesor de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad Industrial de Santander. Es autor de varios libros, entre ellos, Estudios sobre el pensamiento colombiano, Estudios sobre el pensamiento filosófico Latinoamericano, Crítica, Psicoanálisis y emancipación. El pensamiento político de Herbert Marcuse. Colaborador asiduo como columnista en El Espectador y Le Monde Diplomatique, Edición Colombia. Fue miembro del Grupo de Investigación en Teorías Políticas Contemporáneas, TEOPOCO, de la Universidad Nacional.

Este 5 de mayo el mundo celebra el bicentenario del nacimiento de uno de los filósofos más grandes de la historia: Karl Marx. En este artículo, se esclarece el sentido de su famosa frase: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo; de lo que se trata es de transformarlo”, la cual articula teoría y praxis.   

Las famosas Tesis sobre Feuerbach, en las cuales Marx ajusta cuentas con el materialismo contemplativo y con el descuido de la práctica por parte de su colega alemán, fueron escritas hacia marzo de 1845 en Bruselas. Sin embargo, sólo fueron publicadas por Engels en 1888 como apéndice de su libro Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana. En este texto sostuvo Engels que las tesis de Marx contenían el “germen de la nueva concepción del mundo”, esto es, de lo que se ha conocido después como “materialismo histórico”, expresión que Marx nunca usó, pero que sirve para expresar que: “El modo de producir los medios de vida de los hombres depende, ante todo, de la índole misma de los medios de vida con que se encuentran y que hay que reproducir”1. Esto quiere decir que el hombre concreto, de carne y hueso, se encuentra en un mundo ya dado, con determinados medios de vida, con fuerzas productivas (ciencia, tecnología, conocimientos, vías de comunicación, transportes, etc.,) y relaciones de producción (propiedad, división social del trabajo, relaciones técnicas…) que le preexisten. Esa realidad condiciona la manera como el hombre reproduce su existencia física, de ahí que “los individuos son tal como manifiestan su vida”, lo que implica lo que producen y la manera cómo lo producen. Por eso, es la vida material, la vida real y concreta, la que determina (o mejor, “condiciona”) la conciencia y las producciones objetivas (objetivadas) del hombre, sin que esto implique que el hombre no pueda transformar las circunstancias en las cuales nace, pues como dice en La ideología alemana, coescrita con Engels: “las circunstancias hacen al hombre en la misma medida en que éste hace a las circunstancias”.

La postura de Marx no puede dar lugar a equívocos: el hombre no está fatalmente, absolutamente, condicionado por la realidad, todo lo contrario, tiene una libertad relativa que le permite cambiar y subvertir el mundo oprobioso que lo rodea. De ahí la importancia de la praxis y el papel dado a la revolución en su obra. Es en este contexto donde debe entenderse la famosa tesis 11: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”, según las traducciones más conocidas2. Pero, ¿qué es lo que quiere decir Marx en este apretado aforismo, en esta corta frase? Al respecto, podemos esbozar dos interpretaciones, la primera, la llamaremos la interpretación vulgar-unilateral; la segunda, la interpretación holística-sistemática. Veamos.

La interpretación vulgar-unilateral opone dos cosas: 1) lo que han hecho los filósofos habitualmente, es decir, interpretar; y 2) el llamado urgente a transformar el mundo. Desde este punto de vista, se opone teoría, especulación y discursos, a práctica, actividad, revolución. Es como si dijéramos: ¡basta ya de abstracciones, de castillos teóricos en el aire, pues es hora de lanzarnos a la acción para cambiar, por fin, el mundo que tenemos! Esta lectura es anti-intelectualista, desprecia la teoría, y es producto del voluntarismo político que considera inútil el discernimiento antes de actuar. En el contexto de Marx, era la postura de muchos obreros que no querían saber nada de teorías y abstracciones, y que deseaban afanosamente lanzarse al frenesí práctico. Esta interpretación de la tesis se legitima, para algunos, en la alusión que estaría haciendo Marx a los seguidores de Hegel y a su palabrería mística y vacía, y a la consiguiente invitación de pasar a la revolución. La crítica a sus compatriotas, como se sabe, se formuló en La sagrada familia y en La ideología alemana, libro donde Marx y Engels criticaron “la sumisión a Hegel” y donde recusaron a los neohegelianos por creer que “las ideas, los pensamientos, los conceptos, y en general los productos de la conciencia por ellos sustantivada, eran considerados como las verdaderas ataduras del hombre”3, es decir, por creer que la conciencia determina el ser, cuando, en verdad, es al revés.

Ahora, la interpretación anterior sobre la Tesis 11 no se sostiene porque olvida algo fundamental: la unidad de teoría y práctica en Marx.

La interpretación que llamo holística-sistemática analiza la tesis 11 teniendo en cuenta el corpus teórico de Marx y no sólo el clima de agitación revolucionaria de la época en que fue escrita. De esta manera, se evita apelar al voluntarismo político. Para comprenderla bien, hay que tener en cuenta que hay dos versiones de las tesis: la que escribió Marx en 1845 y la que se publicó en 1888. La redacción es diferente y, como se sabe hoy, Engels introdujo algunos cambios a la redacción original de la Tesis.

La que escribió efectivamente el autor de El capital (según Wenceslao Roses, traductor de Hegel y de Marx al español) es: “Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de distintos modos; de lo que se trata es de transformarlo”. Por su parte, el maestro Darío Mesa de la Universidad Nacional, gran conocedor del filósofo alemán, hizo en 1983, la siguiente traducción: “Los filósofos sólo han interpretado de distintas maneras el mundo; se trata de transformarlo”4. Nótese que la traducción publicada habitualmente conocida dice: “…pero se trata de transformarlo”. Son dos cosas muy diferentes: Se agregó el “pero” el cual es una conjunción adversativa que genera una oposición o una corrección a la primera parte de la oración. Al incluir el “pero” se alteró “ligeramente” el sentido de la primera oración, dando origen a la interpretación vulgar-unilateral ya explicada, pues de esta forma se sugiere que se debe abandonar la teoría y, más bien, abocarse al activismo político.

Como ya se advirtió, esta interpretación en insostenible, pues separa teoría y práctica. En Marx, por el contrario, existe una unidad dialéctica entre ambas: toda práctica es un saber, una manera de hacer que, como bien lo entendió Antonio Gramsci, comporta, implica y requiere un cierto conocimiento. En este sentido, la teoría alumbra, guía y dirige la práctica y, a la vez, la práctica no sólo mide la verdad de la teoría, la “terrenalidad” y el poder del pensamiento, sino que aporta nuevo conocimiento, ofrece nuevo material, nuevos datos, para así poder reformular la teoría. De tal manera que si como investigador social o como revolucionario llevo a la práctica una teoría, y si las cosas no salen de acuerdo con ella, esa intervención fallida realizada sobre la realidad debe dar pie para volver a la teoría y corregirla. Por eso, de esta manera se produce un conocimiento que crece en espiral y que es acumulativo. Este principio básico está en la teoría del conocimiento y también forma parte de la praxis revolucionaria tal como ya lo mostré en mi artículo Praxis y emancipación en el joven Marx de 2013.

Hay que entender, como dice Theodor Adorno, que la unidad entre teoría y praxis no es inmediata5, sino que está mediada por muchos elementos, entre ellos, diría Georg Lukács, la “organización”. Por eso, la praxis sin teoría, bajo la condición más progresiva del conocimiento, debe fracasar, y la teoría que no bebe de la praxis, en el caso de Marx, nos deja tal y como estábamos, en las bellas construcciones conceptuales, en el castillo de certezas del idealismo. Así que ni teoría pura, ni activismo ciego, pues como recuerda Adorno: “Marx no se abandonó nunca a merced de la praxis”6, pero tampoco se refugió en el mero pensamiento.

En esta segunda interpretación se entiende, también, que las filosofías y las teorías, por ejemplo, forman parte del mundo que se quiere transformar, pues lo justifican y lo legitiman, son realidades intelectuales. De tal manera que, si queremos transfigurar el mundo, subvertirlo, etcétera, debemos considerar las teorías (filosofías) como componentes materiales de la realidad, tal como pensaba Karl Korsch en Marxismo y filosofía. Al respecto decía Korsch sobre Engels y Marx: “Jamás dejaron de tratar todas las ideologías, y también por tanto toda filosofía, como realidades efectivas”, pues “incluso la filosofía anterior pertenece a este mundo, y es su complemento, aunque ideal”7, y, por lo mismo, diríamos, conservador y con efectos prácticos reales, verificables.  Las teorías tienen su propio efecto práctico, no son meras fantasmagorías, lo sabía Marx. Por eso era necesario construir una ciencia revolucionaria, comprometida, si se quería derrocar el orden burgués.

La tesis 11 sobre Feuerbach debe entenderse, entonces, desde el punto de vista epistémico de Marx, de la superación que hizo de la dicotomía sujeto/objeto, del papel político que le dio al conocimiento, del papel revolucionario que le dio a la ciencia, y del grado de “cientificidad” que le quiso dar a la revolución. Quien no entiende esto, no ha entendido absolutamente nada. Pensar lo contrario y acoger la simplificada interpretación vulgar, es no percatarse siquiera que la vida misma de Marx oscila entre el activismo y la filosofía; entre la militancia, los planes programáticos y el estudio de la economía política. Por eso tardó tantos años para redactar El capital, pues con esta obra le daba fundamento teórico a gran parte de sus primeras intuiciones filosóficas, a la vez que ponía la ciencia al servicio de la revolución.

Sin la teoría y la práctica, Marx no habría podido hacer la “anatomía de la sociedad burguesa”. Por eso la teoría debía materializarse, hacerse carne por medio del proletariado. Era la única manera de emancipar al hombre, de liberarlo de los “abortos de su cabeza”, es decir, del capital, de la religión y de las falsas filosofías, esas mismas que lo habían esclavizado. Sólo con la diada teoría-praxis es posible construir el comunismo, no como fin de la historia según pensaron algunos8 -idea ajena a Marx9-, sino entendido como el inicio de una nueva sociedad donde, partiendo del desarrollo de las fuerzas productivas actuales y las “condiciones creadas por la producción y el intercambio existentes”10, “surgirá una asociación en que el libre desenvolvimiento de cada uno será la condición del libre desenvolvimiento de todos”11; una nueva comunidad sin propiedad privada burguesa, sin Estado, que haya eliminado la división social del trabajo y la explotación de los hombres; una sociedad donde el ser humano realizará todas sus potencialidades humanas de tal manera que pueda “dedicarme hoy a esto y mañana a aquello, que pueda por la mañana cazar, por la tarde pescar, y por la noche apacentar el ganado, y después de comer, si me place, dedicarme a criticar, sin necesidad de ser exclusivamente, cazador, pescador, pastor o crítico, según el caso”12.

De tal manera que la enseñanza perenne de Marx es que, si queremos cambiar el mundo, debemos comprenderlo, estudiarlo, elevarlo al concepto, llevar la teoría a la práctica, medir su verdad, ampliar la teoría, etc., y proseguir hasta lograrlo, pues no estamos sobre-diagnosticados teóricamente y el mundo no se ajusta perfectamente a nuestras ideas, por lo que la unidad de teoría y praxis es necesaria.

Por último, no hay que olvidar, como dijo Claude Lefort, que “el conocimiento de nuestro mundo no puede ser separado del proyecto de transformarlo”. En esto consiste el compromiso ético de la filosofía con la realidad.

  1. Marx, K. Escritos sobre materialismo histórico (Selección de César Rendueles), Madrid, Alianza Editorial, 2012, p. 44.   
  2. Ibíd., p. 33.
  3. Por eso Marx y Engels dicen que los neohegelianos sólo oponen frases a frases, y “no combaten en modo alguno el mundo realmente existente”. De ahí que, en estricto sentido, son conservadores. La ideología alemana, Madrid, Akal, 2014, p. 15
  4. Darío Mesa, “Las Tesis sobre Feuerbach de Marx”, en: Ensayos sobre teoría sociológica (Durkheim, Weber y Marx), Bogotá, Universidad Nacional de Colombia, 2002, p. 99.
  5. Theodor Adorno, “Notas marginales sobre teoría y praxis”, en: Consignas, Buenos Aires, Amorrortu, 2003, p. 165.
  6. Ibíd., p. 180.
  7. Karl Korsch, Marxismo y filosofía, Barcelona, Ariel, 1978, p. 107; igualmente, pp. 110 y 112.
  8. Damián Pachón Soto, “Camus, Bobbio y la filosofía de la historia en Marx”, en: Repensar a Marx hoy, Bogotá, Universidad Nacional de Colombia, 2013, pp. 301-318.
  9. Marx, Manuscritos, Madrid, Alianza Editorial, 1993, p. 160.
  10. Escritos sobre materialismo histórico, Op. Cit., p. 101.
  11. Marx y Engels, Manifiesto del partido comunista, Pekín, Ediciones en Lenguas extranjeras, 1968, p. 61.
  12. Marx y Engels, “La ideología alemana”, en: Escritos sobre materialismo histórico, Op. Cit., p. 61.