Alberto Maldonado Copello

* Alberto Maldonado Copello

Economista de la Universidad Externado, doctor en Gobierno y Administración Pública de la Universidad Complutense. Consultor e investigador en temas de descentralización, desarrollo territorial y análisis crítico de la economía capitalista.

El capitalismo genera progreso… progreso capitalista y por tanto contradictorio. Puede elevar el nivel de vida de los trabajadores al tiempo que aumenta la parte de la riqueza que corresponde a los capitalistas. Produce extraordinarios desarrollos científicos, tecnológicos y productivos mientras condena a la pobreza y al hambre a cientos de millones de personas. Tiene hoy en día la capacidad de producir lo suficiente para garantizar una buena vida a todos los habitantes de la tierra pero no lo hace porque su finalidad es la ganancia.

El domingo primero de abril, en El Espectador, Rodrigo Uprimny y Armando Montenegro escribieron sobre el libro de Steven Pinker “Enlightmente now1”, donde este autor destaca los progresos alcanzados por el capitalismo.

Señala Uprimny en su artículo, titulado “Dos mundos posibles, dos sentimientos”, que Pinker presenta datos que permiten concluir que: “tenemos el PIB per cápita más alto y la mayor esperanza de vida de la historia, con los menores niveles de pobreza, mortalidad materna o infantil, y los mayores grados de escolarización. Tenemos globalmente los menores niveles de violencia y el mayor porcentaje de seres humanos que viven en sociedades y Estados que pueden ser calificados como democracias razonablemente libres. Hay entonces buenas razones para la esperanza.” Uprimny reconoce lo positivo pero señala también lo negativo y afirma que “Hoy vivimos en Colombia y en el mundo una época semejante: llena de ilusiones y optimismo (que no son ilusos pues están fundados en hechos y tendencias), pero también de temores y pesimismo (que tampoco son meros tremendismos pues están igualmente fundados en hechos y tendencias).”

Dentro de los aspectos negativos menciona el ascenso de populismos autoritarios, la expansión de la posverdad, elementos que muestran un deterioro de la democracia, el predominio de intereses nacionales que se anteponen a la cooperación para enfrentar asuntos como el cambio climático, el auge del chauvinismo, las amenazas de guerra nuclear.  Con relación a la desigualdad afirma que: “las desigualdades se han incrementado en las últimas décadas en casi todos los países con sus graves consecuencias en términos políticos y de justicia”.

Montenegro, en su columna, titulada “Populismo versus progreso”, señala que es necesario reconocer el progreso. Cita el libro de Pinker para señalar a los fatalistas y críticos que “lo primero que debemos hacer es mirar los datos y, cuando haya evidencia para ello, reconocer el progreso.” Y afirma que Pinker presenta evidencia  para concluir que “debemos aceptar que en muchos aspectos de la vida social y económica estamos mejor, mucho mejor que antes, a tal punto que en el mundo (y podríamos añadir que en Colombia) nunca antes se tuvo un nivel de vida más alto, un mayor ingreso per cápita, estándares más elevados de salud y superiores niveles de escolaridad e, incluso, un mayor avance en términos de protección de los niños, mayores oportunidades para las mujeres y un mejor trato para las minorías sexuales y raciales. Todo, esto, por supuesto, sin desconocer que subsisten graves deficiencias y, en algunos casos, intolerables dolencias sociales que deben ser atendidas con urgencia.” Lo mismo que Uprimny, hay cosas buenas, pero también cosas malas; pero, ¿por qué persisten las cosas malas?

Reconocer el progreso capitalista

En este tipo de análisis no se va al fondo de las cosas: como todo en la vida, en el capitalismo hay elementos positivos, hay elementos negativos, pero con esto se elude dar una explicación sobre la estructura económica y social que genera dichos resultados, aparentemente contradictorios. No se trata de dos mundos posibles; es el mismo mundo en el que un polo acumula riqueza y en el otro pobreza. El enfoque intelectual que comparten Montenegro, Uprimny y muchos otros analistas es negar la existencia del capitalismo, más concretamente, ignorar o rechazar cualquier interpretación que destaque lo específico de este modo de producción capitalista. Se trata de mostrar, de alguna manera, al capitalismo como una forma de organización que busca principalmente la satisfacción de necesidades humanas desconociendo lo principal del sistema: que su motor y fuente de desarrollo es la búsqueda de ganancias, que dichas ganancias provienen de una relación social de producción en la cual la gran mayoría son trabajadores asalariados que producen lo que necesitan para vivir y al mismo tiempo producen el excedente que enriquece a los propietarios de los medios de producción.

Efectivamente dentro del capitalismo se concentra enormemente la riqueza y el ingreso, pero puede aumentar el nivel de vida en términos absolutos de los trabajadores como resultado de los grandes incrementos en la productividad. Esto no es ningún nuevo descubrimiento. En El Capital, en 1867, ya Marx había mostrado que todos los métodos de generación de plusvalía relativa –la cooperación, la manufactura, la maquinaria- eran métodos que permitían aumentar sustancialmente el producto por trabajador, lo cual se traducía en mayor riqueza en términos de valores de uso, y en la posibilidad de un salario real más alto, pero con una tasa de plusvalía también mayor.

Por tanto, aún los grupos de trabajadores con salarios más bajos pueden tener acceso a una canasta más amplia de bienes de consumo, incluyendo varios de gran desarrollo tecnológico como computadores, celulares, etc. Esto se ha visto en los países más desarrollados, pero se observa también en las empresas más grandes en Colombia, en muchos casos monopólicas u oligopólicas, donde se pueden pagar salarios reales más altos, con tasas de ganancia mayores. Sin embargo, el mejoramiento material no acaba con la sumisión ni la explotación, ni con las consecuencias negativas en muchas dimensiones del sistema capitalista (el desempleo, la miseria de capas de la población, la crisis y la destrucción de fuerzas productivas, etc.).

De otra parte, en el capitalismo se genera una jerarquía de salarios que corresponde a una jerarquía de actividades y grados de formación diversos. Por tanto, dentro del conjunto de trabajadores asalariados, aquellos situados en las escalas superiores, gerentes, directores, supervisores, ingenieros, etc., obtienen salarios muy superiores al mínimo y pueden por tanto tener un nivel de vida más alto. Adicionalmente, la intervención del Estado para tratar de corregir las “fallas del mercado” permite que se tome parte del producto interno para garantizar ciertos servicios como educación y salud a aquellos trabajadores que no pueden adquirirlos por su bajo nivel de ingreso.

La experiencia norteamericana de las últimas décadas y de Europa es un ejemplo del mejoramiento de dichas condiciones de vida de los trabajadores pero también de la posibilidad de retroceder; ante la competencia mundial y la pérdida de poder de las organizaciones de los trabajadores, los capitalistas y sus servidores en el Estado logran echar para atrás muchas de las ventajas materiales alcanzadas por los trabajadores. El Estado de Bienestar pierde fuerza y extensión, los niveles de vida de los trabajadores se deterioran, las condiciones de trabajo se vuelven más precarias, se acentúa la concentración del ingreso.

Hay progreso…pero progreso capitalista

Efectivamente hay progreso dentro del capitalismo, pero la relación de explotación no se suprime e incluso aumenta la distancia entre los propietarios del capital y los trabajadores. En el mejor nivel al que ha llegado el capitalismo en su historia, como destaca Pinker, resulta que 201 millones de personas no tienen empleo y 1.400 millones tienen un empleo vulnerable2, 795 millones de personas no tienen suficientes alimentos para llevar una vida saludable y activa3, 55 millones de niños padecen de desnutrición aguda, cada día mueren de hambre 25.000 personas en el mundo, “ocho personas (ocho hombres en realidad) poseen la misma riqueza que la mitad más pobre de la población mundial, 3.600 millones de personas”4.  A pesar de todos los avances, 702 millones viven en la pobreza extrema y en 2011 sobrevivían con menos de US$ 3,1 al día un total de 2.200 millones de personas según el Banco Mundial.

El carácter contradictorio del capitalismo se hace aún más evidente al comparar estos datos con el extraordinario desarrollo de la capacidad productiva que ha generado el capitalismo, el desarrollo enorme de la ciencia, la tecnología y la innovación. Existen fuerzas productivas suficientes en el mundo para garantizar un nivel de vida aceptable a todos los seres humanos, pero la dinámica del capitalismo orientada por la ganancia no lo permite.

Montenegro, en el artículo señalado, plantea que el camino son las reformas graduales y critica a los populistas y a los revolucionarios: “Para avanzar no es necesario, como lo sugiere el populismo enardecido, buscar culpables, emprender venganzas y desatar revoluciones purificadoras. Es por el camino de las reformas, muchas veces difícil y lento, contra la resistencia de poderosos intereses, en el marco de las instituciones y las tradiciones democráticas, que estos problemas pueden resolverse.” Efectivamente el camino de las reformas es difícil y lento, por ejemplo la reforma rural en Colombia iniciada en 1936 y que todavía no se concreta o las diversas propuestas de reforma para generar empleo decente. La concepción de Montenegro consiste básicamente en defender un capitalismo sin sus consecuencias, dejando intacta la relación básica de desigualdad y de explotación. Roberto Owen, el utopista inglés, realizó muchas reformas en sus fábricas tendientes a mejorar las condiciones de vida de los trabajadores en materia de salario, educación, cuidado de los niños, etc. Sin embargo, no estaba satisfecho porque a pesar de todos los progresos la situación de sus obreros no era una existencia digna de un ser humano: “Aquellos hombres eran mis esclavos”5.

  1. Pinker, Steven, Enlightment Now, The Case for Reason, Science, Humanism and Progress, New York, Viking, 2018.
  2. http://www.ilo.org/global/about-the-ilo/newsroom/news/WCMS_541144/lang–es/index.htm
  3. https://es.wfp.org/hambre/datos-del-hambre
  4. https://www.oxfam.org/es/sala-de-prensa/notas-de-prensa/2017-01-16/ocho-personas-poseen-la-misma-riqueza-que-la-mitad-mas
  5. Engels, Federico. Del socialismo utópico al socialismo científico, en Obras Escogidas de Marx y Engels, Editorial Progreso, Moscú, p. 423.