Síntesis

En el plan ambiental de la cuenca alta del río Bogotá de la Corporación Autónoma Regional de Bogotá-CAR (1998) se recomendó la implementación de áreas de preservación, una de la cuales incluyó dentro de sus objetivos principales el mantener las conexiones bióticas y físicas entre los cerros orientales y occidentales y los territorios norte y sur que convergen en la parte plana o antiguo lecho del gran lago de Bogotá. El Ministerio del Medio Ambiente en el 2000 aceptó los planteamientos y recomendaciones de una comisión de expertos y trasladó a la CAR el proceso de declaratoria oficial, que se produjo en el 2011. Más tarde se conocieron las propuestas de zonificación ambiental y el plan de manejo. Recientemente la Alcaldía de Bogotá propuso una realinderación del territorio original con el fin de mejorar la movilidad de la ciudad. Con el fin de ilustrar la situación se presentan argumentos sobre los alcances de la idea original y de la propuesta reciente de la Alcaldía.

Origen – historia

La delimitación inicial de un área de protección que permitiera mantener las conexiones bióticas y físicas entre los cerros orientales y occidentales y los territorios norte y sur que convergen en la parte plana o antiguo lecho del gran lago de Bogotá, fue el fruto del conocimiento generado por más de 50 años sobre la flora, la vegetación, la geología, la sedimentación, la precipitación, el balance hídrico, la conectividad hidráulica y, sobre todo, la historia natural de los cambios en la geomorfología que condujeron al escenario reciente. La idea original se fundamentó en la selección del área mínima representativa cuyas condiciones para la época (año 2000) mantuvieran la conexión fluvio-hidráulica entre la zona de recarga (cerros orientales), la zona de reserva (laguitos, lagunetas y pantanos de la parte plana) y el costado occidental incluyendo el drenaje hacia el río Bogotá.

El análisis de la expansión urbana del distrito capital hacia el norte y las posibilidades de conurbación con las localidades cercanas, especialmente Chía, fueron razones de primer orden para escudriñar en el escenario geográfico, así planteado, una franja territorial que incluyera áreas con condiciones biofísicas originales; que estuviera relativamente cerca de centros de germoplasma nativo e indudablemente que su ocupación actual garantizara que no aumentaría el área sujeta a transformación bajo esa ocupación. La documentación de la dinámica hidráulica histórica entre el lecho y los cerros había señalado la precaria condición en cuanto al nivel freático (aguas superficiales) en los cerros por las transformaciones fuertes, productos de obras de ingeniería y asentamientos humanos descontrolados. La desaparición de numerosas quebradas y riachuelos de los cerros (por ejemplo en Chía) es evidencia fuerte de estos cambios que tienen repercusión directa en la economía hídrica de la región.

Si se examina de manera juiciosa la situación del trayecto, por ejemplo, entre la calle 26 y el límite con Chía, la única zona que ofrecía condiciones que cabían bajo estos preceptos fue la que concibió originalmente el grupo asesor del Ministerio de Ambiente, en ese entonces liderado por el Profesor Dr. Thomas van der Hammen. La situación en cuanto a alteración y transformación del territorio en el lecho fluvial es de tal magnitud que las condiciones básicas de conducción y transmisión hidráulica se redujeron o se perdieron porque el ladrillo y el cemento ocupó todo estos espacios y modificó completamente el escenario original.

Es categórica la consideración de que el sitio y la forma como fue seleccionada la unidad de bloque del territorio original de la propuesta del 2000 era la única opción que existía y que hacía viable cumplir con el objetivo del área de conservación. La situación documentada en la fotografía del periódico El Tiempo del viernes 27 de abril del 2018, tomada con un dron, donde se muestra el imponente escenario de los cerros orientales al fondo y en primer plano la situación actual del lecho lacustre completamente lleno de edificios (ladrillo y cemento) es una evidencia categórica sobre la legitimidad de la selección inicial del bloque territorial incluido en la propuesta y documentos del 2000.

La historia de las propuestas

El Ministerio del Medio  Ambiente –MMA–, en los análisis en torno al Plan de Ordenamiento Territorial (POT) de la ciudad de Bogotá y al proyecto de la Avenida Longitudinal de Occidente –ALO– en su tramo norte, conformó en el 2000 una comisión de expertos que le asesorara en la definición de lineamientos de política para el desarrollo integral de la Sabana de Bogotá.  De las propuestas cartográficas (mapas) que se elaboraron, hay una denominada “bordes norte y occidente” que incluye, entre otras, las áreas urbanas, las áreas de expansión urbana y las áreas rurales en torno a la zona de la reserva. Igualmente existe un polígono que se denominó zona de reserva forestal AP-2 y áreas contiguas denominadas parques ecológicos de humedales. En otro mapa “propuesta de uso protección – mapa guía”, aparece la diferenciación entre áreas urbanas y rurales. En el área rural se consideraron las opciones zona de conservación de suelos (zona rural de la reserva), santuarios de flora y fauna incluyendo los humedales de Torca y Guaymaral, humedal La Conejera y cerro La Conejera, bosque de Las Mercedes y una franja de conexión, restauración y protección que se llamó área forestal protectora. Igualmente se consideraron franjas de protección y restauración a los lados de un trazado de la ALO.  Este mapa es un ejemplo claro y didáctico de una propuesta original de clasificación del territorio sobre la base del conocimiento y de los objetos de conservación. Estos mapas y los documentos escritos de la comisión asesora sirvieron para los pronunciamientos del en ese entonces.

Con base en estos mapas y en los documentos de la comisión de expertos, el 17 de mayo de 2000, el Ministerio del Medio Ambiente expidió la resolución 0475, por medio de la cual se opuso a la urbanización general de las cerca de cinco mil hectáreas del borde norte de Bogotá, y declaró como Áreas Protegidas a la ronda hidráulica y la zona de manejo ambiental del Río Bogotá, a los parques ecológicos distritales de humedales (Torca y Guaymaral) y a los sistemas hídricos conectantes con la reserva forestal regional del norte –RFRN-, una franja que conectaba la reserva forestal protectora del bosque oriental de Bogotá con el sistema valle aluvial del río Bogotá –Humedal La Conejera-. Conviene recordar que el Alcalde de Bogotá en ese entonces era Enrique Peñalosa (actual Alcalde), quien no logró convencer con sus argumentos urbanísticos ni contrarrestar los de conservación de la comisión de expertos. Entre esta fecha y el 2011 se elaboraron otros estudios por particulares e instituciones y en el 2011 se declaró oficialmente la reserva con el nombre de Reserva Forestal Regional Productora del Norte de Bogotá D.C. “Thomas Van der Hammen”.

Entre el 2013 y 2014 se produjo la zonificación ambiental por la CAR; el mapa respectivo con fecha octubre de 2014 muestra que el polígono delimitado coincidía bastante con el contenido de la propuesta cartográfica del borde norte y occidente de Santafé de Bogotá (MMA, 2000). La zonificación contempló las categorías preservación, restauración, uso sostenible y protección al paisaje, como es usual en este tipo de trabajos.

La situación actual

La Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca –CAR–, autoridad ambiental con jurisdicción sobre la reserva, no ha tenido la contundencia que era de esperar como encargada de velar por la conservación, protección y restauración de los recursos bióticos y paisajísticos. Fue necesario el pronunciamiento de una autoridad judicial para que se implementaran las recomendaciones del 2000 del MMA. En el 2015 llamó a concurso de mérito para elaborar un plan de uso público para la reserva TVDH. La revisión de los mapas disponibles sobre este ejercicio en el portal de la CAR permite estos comentarios:

Mapa 01 denominado “Recursos de interés ambiental”. Inexplicablemente se cambió la finalidad del plan de manejo de la zonificación ambiental del 2013-2014. En esta versión se incluyen nuevas clases en áreas como turismo científico, especialmente en los alrededores de los humedales, que debe ser una zona con especial cuidado por ser refugio de fauna -especialmente aves migratorias-. Se proponen varias dependencias cuya construcción–adecuación van a significar más impacto y deforestación, oficinas administrativas, parqueaderos vehicular y de bicicletas, centros de interpretación y de cultura. Se adicionan unas categorías en la zonificación, de las que no se sabe como se implementarían, por ejemplo, turismo de aventura o el agroturismo–ecoturismo.

El Mapa 02 denominado “Senderos y señalización”, según la convención, incluye 16 senderos, es decir, 16 áreas pequeñas (fragmentos) de lo que era la unidad original de territorio. También se señalan nuevas intervenciones que es de suponer generarán impactos como un centro médico, una estación de servicio, un jardín botánico y oficinas administrativas.

En el Mapa 03 denominado “Zonificación”, llama la atención la parte conceptual que utilizaron para esta “pretendida zonificación”. Es conveniente conocer las citas bibliográficas que se utilizaron o que sirvieron de fundamento teórico, puesto que las categorías que utilizan son todas relacionadas con la intervención y transformación del entorno natural por parte del hombre. Cabe preguntarse, ¿dónde quedaron las categorías universalmente aceptadas en cualquier zonificación ambiental (zona de preservación, de restauración, de uso sostenible)?

La puntada final: la propuesta de realinderamiento de la Alcaldía de abril de 2018

En febrero 22 de 2018 se expidió la resolución 0264 del Ministerio y de Ambiente y Desarrollo Sostenible, por medio de la cual “los procesos de recategorización, integración y realinderación de las reservas forestales de orden regional serán efectuadas por las corporaciones autónomas regionales y desarrollo sostenible”; prácticamente se generó el espacio para la intervención de la Alcaldía de Bogotá. Del voluminoso informe que presentó la Alcaldía para este fin, se pueden considerar los mapas -que sintetizan como es aceptado en las esferas académicas- las extensas descripciones. Hay un mapa (sin denominación) que incluye un apartado denominado reserva vial, que cuadricula el polígono original y las partes adicionadas (principalmente el cerro de La Conejera), y produce de forma aproximada unas 16 pequeñas áreas que denominan reservas delimitadas y áreas de estudio. Curiosamente las “vías” (ciclorruta, separador, andén perimetral) modifican totalmente el bloque original de territorio. Hay otro mapa (figura 8-25) muy general y sin toponimia que facilite su comprensión, se le llamó zonificación dentro de la reserva redelimitada con dos categorías principales, área de estudio y reserva delimitada y dentro de esta última una zonificación con las clases preservación, restauración y uso sostenible. En preservación únicamente aparece el adicionado cerro de La Conejera. Zonas originales de preservación que incluían cercanías con los humedales (Guaymaral) no se visualizan y en la zona de restauración cada bloque de área queda casi completamente aislado.

Las acciones contempladas en los mapas prácticamente liquidan cualquier posibilidad de adelantar labores de restauración y recuperación de escenarios típicos de la zona plana y de la base de los cerros y mantener la dinámica de los flujos hídricos que fueron y siguen siendo los objetivos de la propuesta original de conservación. Con los diseños que se proponen, se ignoran los principios y recomendaciones básicas de la ciencia de la conservación. Los mapas mencionados, si se evalúan en un ambiente netamente académico, deberían ser una de las causas para que se archive por improcedente, tendenciosa y mal fundamentada la propuesta de realinderamiento.

En cualquier libro de texto sobre conservación de la naturaleza, restauración de la biodiversidad y los ecosistemas, las vías, carreteras, ciclorrutas, etc., son el primer elemento a considerar entre los tensionantes o causas de la transformación y de la pérdida de las condiciones originales. La recuperación y el lento restablecimiento de las funciones ecológicas se logran si se evitan factores de alteración como las vías de penetración y de tránsito permanente; un área protegida con esta cantidad de vías no cumplirá ningún propósito de recuperar y preservar.

Reflexión final

El sitio y la forma como fue seleccionada la unidad de bloque del territorio original de la propuesta del 2000 era y es la única opción que hace viable cumplir con el objetivo del área de conservación y restauración. La situación documentada en diversas fuentes: plan ambiental de la cuenca alta del río Bogotá (CAR, 1998), la expansión urbana de Bogotá (imágenes de Google Earth) y el imponente escenario de los cerros orientales y la situación actual del lecho lacustre completamente lleno de edificios, que muestra el periódico El Tiempo del viernes 27 de abril, constituyen evidencias de mucho peso sobre la legitimidad y pertinencia de la selección inicial del bloque territorial del año 2000.

En conservación y manejo del medio natural no es posible considerar el escenario propuesto por la Alcaldía, es decir, numerosas áreas separadas, con impedimentos de conectividad, que no ofrecen las condiciones de un bloque de territorio continuo. Son incomprensibles las ponderaciones efectuadas para proponer tamaña división arbitraria del paisaje. En la figura 1 se presentan de manera esquemática las situaciones del polígono de la reserva con el momento inicial del documento (A) de la comisión de expertos MMA 2000 y la propuesta de la Alcaldía de Bogotá 2018. Las convenciones tratan de ilustrar la condición de alteración y transformación -espacios en blanco en los cuadros-, hasta la condición final de fragmentación total (C, D), en la cual será inútil cualquier intento de restauración y recuperación de la biodiversidad original. Si se acepta el realinderamiento de la Alcaldía, sus desatinados propósitos lograrán cumplir con la máxima: “fragmenta y extinguirás”.

Figura 1. Representación esquemática del territorio de la reserva T. van der Hammen desde sus inicios hasta la propuesta de realinderamiento 2018.
Fuentes: MMA (2000); CAR (2014); Alcaldía de Bogotá (2018).

J. Orlando Rangel-Ch. Es profesor titular en el Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia. Investigador Emérito COLCIENCIAS