Eduardo Gudynas

* Eduardo Gudynas

Analista en temas de ambiente y desarrollo. Integrante del Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES); investigador asociado en el Dpto Antropología, Universidad California, Davis; Duggan fellow del Natural Resources Defense Council de EE UU. Docente invitado en universidades de Uruguay y otros países de América Latina, EE UU y Europa. Acompaña organizaciones ciudadanas, desde grupos ambientalistas a federaciones indígenas, en distintos países del continente. Twitter: @EGudynas

La puja electoral ofrece muchas oportunidades tanto para profundizar en los análisis sobre el desarrollo, como para soñar cambios hacia el futuro. El conocido debate sobre aguacates y petróleo, si en lugar de ser caricaturizado es abordado en serio, es un ejemplo de una de esas oportunidades para pensar sobre alternativas al desarrollo. Además, si así se hace, permite enfrentar una de las cuestiones más urgentes de Colombia: su dependencia en extraer masivamente recursos naturales para exportarlos.

Tres posiciones

Cuando se enfrenta el papel de los extractivismos es posible distinguir al menos tres grandes posiciones 1. La primera corresponde a los que los defienden tal como se practican hoy en día, fuertemente recostados sobre inversores y empresas transnacionales, y que incluso desean profundizarlos. La segunda admite que hay algunos problemas, e incluso se resiste a algunos extremos (como el fracking), pero como entienden que son indispensables para la economía nacional desean mantenerlos, y por eso sólo admite algunos ajustes. Finalmente, en la tercera se agrupan distintos ensayos de buscar alternativas de salida a esa dependencia extractivista, y que pueden denominarse como post-extractivismos.

La primera postura basa su defensa de los extractivismos en considerarlos indispensables para el crecimiento económico, y esto a su vez es entendido como un objetivo esencial del desarrollo. Insisten en que no representan problemas graves en sí mismos, y aunque en algún momento podrían admitir accidentes, siempre repiten que se los podrá evitar con mejores tecnologías. Bajo esta posición no hay urgencia ni necesidad de buscarles alternativas. Es más, las alternativas podrían ser peligrosas ya que interpretan que entorpecerían ese posible crecimiento económico. Esta es la situación que ha prevalecido en Colombia por años.

La segunda posición admite que actualmente se enfrentan dificultades con los extractivismos, que pueden ser económicos, sociales o ambientales, y que por lo tanto son necesarias las alternativas. Aquí esos cambios apuntan a ajustar a los extractivismos, y en especial evitar emprendimientos de alto impacto o socialmente muy resistidos, o repotenciar la coparticipación del Estado, pero no se renuncia a ellos. Posiblemente el caso más claro en Colombia sean las posiciones que rechazan el fracking pero siguen apostando a hidrocarburos y minería.

Sin duda en las campañas electorales esas dos posiciones por momentos se confunden, ya que incluso los extractivistas más fanáticos preservan la corrección política intercalando toda clase de citas a mejorar los controles ambientales o promover la responsabilidad social empresarial. Pero una mirada a la experiencia latinoamericana muestra que los controles sociales y ambientales, sean del Estado o de las empresas, no se han caracterizado por su rigurosidad ni eficiencia, y además están en caída en casi todos los países. Más allá de cualquier dicho, como el objetivo primario es asegurar el crecimiento económico, no es excepcional que se consideren que los controles sociales y ambientales son barreras que los pueden trabar, y por lo tanto deberían ser eliminados.

En la segunda perspectiva se barajan diferentes cambios, que para algunos pueden estar en los recursos o tecnologías (aceptando extractivismos en unos recursos y no en otros, tolerando unas tecnologías pero no otras), y para otros puede ser en la administración o gerenciamiento (donde lo más común es defender una mayor presencia estatal y diferentes regulaciones del mercado). Sin duda todas esas alternativas son muy importantes y sobre todo aquellas que recuperen un control nacional sobre los recursos naturales.

Pero eso no es suficiente, dicen los promotores de la tercera posición. En el caso de Colombia esto es especialmente evidente, ya que hay sectores extractivistas que deberán enfrentar cambios sustanciales. El más claro es la del agotamiento del petróleo exportable en un futuro muy cercano, que algunos estiman en unos siete años 2. Entonces, la exploración de opciones para abandonar la dependencia extractivista debería ser un tema ineludible y central en cualquier campaña política seria. No olvidemos que, por ejemplo, ese agotamiento del petróleo ya estará afectando el tramo final del próximo gobierno.

De alguna manera, debates como el del  petróleo y los aguacates, nos desafían a pensar más allá de los extractivismos. Dicho de otro modo, un post-extractivismo que sea una búsqueda de las salidas posibles para no seguir dependiendo de la exportación masiva de materias primas.

Extractivismos y alternativas post-extractivistas

De forma muy esquemática, los post-extractivismos plantean que una reducción de los sectores minero y petrolero de exportación deben ir de la mano con potenciar otros sectores y que en países como Colombia la prioridad debería estar en la agricultura, ganadería y bosques. Sin dudas eso no puede descansar solamente en los aguacates, pero si se toma esa idea como una salida basada en repotenciar los sectores agroforestales, es esencialmente correcta.

En ello se debe ser muy cuidadoso, ya que tampoco es una alternativa real alimentar una agropecuaria exportadora basada en uno o unos pocos productos, en tanto se caería en extractivismos de otro tipo. El peligro es que en lugar de exportar crudo o carbón se exporten cosechas de monocultivos, persistiendo el rol de Colombia como proveedor de bienes básicos con todos sus impactos.

Ese tipo de reflexiones son muy resistidas. Por ejemplo, la burla del candidato Duque en este tipo de debates revela que no logra entender que hay una diversidad de estrategias de desarrollo y, en cambio, se enfoca casi exclusivamente en el corto plazo (seguir exportando crudo y carbón). Es una preocupación enmarcada en una contabilidad convencional (los ingresos por exportaciones y la rentabilidad empresarial) y que desestima a toda la economía rural agrícola (parecería que no es que la ataque, sino que simplemente se desentiende de ella, tal vez considerándola atrasada). Bajo posiciones como esa no hay alternativas posibles ni necesarias.

En cambio, entre aquellos que discuten algún tipo de cambios es necesario hurgar en sus propuestas y sus consecuencias. En especial es importante advertir si el plan para salir de un tipo de extractivismo en realidad nos sumerge en otra variedad de ellos, y con ello se refuerza la sensación de que no hay alternativas posibles. Un jugoso artículo de Jorge Enrique Robledo permite abordar esto 3. El autor tiene toda la razón cuando alerta que una salida no está en dejar de ser un exportador de petróleo para volverse un gigante en la venta de aguacates, ello requeriría una superficie plantada enorme (a lo que debe agregarse que así se repetirían todo tipo de impactos ambientales, territoriales y sociales). Robledo advierte que es “equivocado proponer como principal política agraria, no la de producir para el consumo nacional, sino la de hacerlo para la exportación, y más si es de un solo producto”.

Los post-extractivismos coinciden plenamente en ello. La apropiación de recursos naturales se debe orientar en primer lugar a las necesidades del propio país y de los países vecinos, y no puede seguir estando subordinada al consumismo de la globalización.

Pero, por alguna razón, Robledo no aplica ese mismo razonamiento para otros recursos naturales exportados. Más allá de reconocer que el petróleo y el carbón son grandes contaminantes, a pesar de todo, sigue apostando a ellos por dos razones: una es que a su juicio “pasarán años” antes de ser sustituidos por otras fuentes limpias de energía; la otra es que se perdería una gran proporción de las exportaciones y ello llevaría a un “colapso” de la economía nacional. Dicho de otro modo, Robledo anula las alternativas a esos extractivismos a partir de limitaciones tecnológicas (no existen otras opciones energéticas) y económicas (fatalidad del colapso económico). Admite que hay problemas y por ello rechaza el fracking, pero no a los otros extractivismos convencionales. Complementariamente, esto se justifica moralmente entre otras cosas con críticas a los países industrializados, dando la idea que las condiciones globales “obligarían” a Colombia a persistir en esas estrategias.

Su posición se corresponde a las posturas del segundo tipo. Lo hace tras un recorrido que invoca algunas ideas de izquierda, tales como la crítica a las condiciones globales, y otras que son ambientalmente correctas, como sus señalamientos sobre el cambio climático, pero termina siendo extractivista una vez más. No sólo eso, sino que su postura sobre las limitaciones tecnológicas y la imposibilidad económica, refuerzan la construcción social de un “sentido común” de la inexistencia de alternativas a los extractivismos. Desde otra postura y otros discursos se termina más o menos en el mismo lugar al que quieren ir los conservadores y los neoliberales, o sea, la permanencia extractivista.

Aquí es importante aclarar que se pueden refutar los argumentos de Robledo. Por ejemplo, sobre los usos energéticos dentro de Colombia, las necesidades no sólo están en cambiar las fuentes sino también en modificar el consumo y para todo ello hay muchas tecnologías disponibles. La cuestión no es solamente reemplazar las gasolinas por paneles solares, sino que se deben atacar usos despilfarradores y consumos opulentos. En ese terreno es fundamental desmontar los llamados “subsidios perversos” que abaratan el costo de los derivados del petróleo; en ese terreno, Petro apunta en la dirección correcta cuando dice que se deben abordar los subsidios energéticos y la discusión debería ser entonces si apoyar, pongamos por caso, el etanol o los carros eléctricos.

En el flanco económico, tanto las cifras como la advertencia de colapso económico que hace no sólo Robledo, sino muchos otros, son muy discutibles. Los sectores minero-energéticos no son los más importantes para la economía colombiana (representaron un 6,5 % del PBI en 2016) y aunque son el principal rubro exportador, su aporte tributario es pequeñísimo (un análisis sistematizado estima que los impuestos de renta, renta para equidad y dividendos de Ecopetrol, en 2015, sumaron 6,3 billones de pesos; en el caso de las mineras, sus pagos apenas fueron el 0,4% del total recaudado por renta) 4

No olvidemos que en las cuentas nacionales no se contabilizan adecuadamente las actividades mineras y petroleras. Sus aportes siempre son positivos porque nadie resta los costos económicos por los daños que producen. Si eso se corrigiera, todo indica que para el país esos extractivismos no son buenos negocios.

Cuando se examinan con detenimiento todas las informaciones disponibles, la necesidad de salir de la dependencia extractivista se vuelve evidente, incluso desde sectores convencionales. Un ejemplo cristalino es Mauricio Botero Caicedo, que desde la revista Dinero dice claramente que “el futuro de Colombia está en la agricultura especializada y no en los hidrocarburos” 5. Por lo tanto el tema urgente es pensar diferentes vías para comenzar a ensayar esas alternativas.

En efecto, los post-extractivismos postulan cambios en los sectores productivos acompasados con adecuadas y efectivas tributaciones, y reclamen el uso de indicadores de costos y beneficios económicos que sean confiables y serios. Una sustentabilidad genuina se lograría sobre todo con los recursos renovables y, en especial, con los sectores agropecuario y forestal, ya que si el suelo y el agua son manejados apropiadamente, ese ciclo tiene muy amplios horizontes de tiempo. Estos, además, requieren mucho más empleo, tienen mayores opciones de encadenamientos industriales, y pueden ser más fácilmente orientados a las necesidades nacionales, comenzando por anular la dependencia alimentaria y la subnutrición. Deben ser ensayados a tono con unas metas de despetrolizar las economías y, por lo tanto, el protagonismo está en la producción orgánica y agroecológica.

Volver a hacer pensables las alternativas

Este esquemático ejercicio intenta dejar en claro la enorme importancia que tiene debatir sobre las estrategias de desarrollo. Intentando una mirada independiente (en tanto no participo de ninguna de las campañas) y con todas las precauciones que un lector debe tener con una mirada desde fuera, apunto a subrayar la necesidad de analizar con detalle los contenidos en cada una de las posiciones frente a los extractivismos.

Las posturas convencionales perpetúan a los extractivismos bajo sus condiciones actuales y con ello se multiplican los impactos sociales y ambientales, se incrementan los conflictos ciudadanos, y se refuerzan las distorsiones en las políticas públicas. Todos esos efectos negativos se seguirán sumando, mientras se pierde un tiempo precioso sin que se busquen alternativas, y por ello todo indica que se dejará un gravoso legado a nuestros hijos.

La segunda postura apuesta a cambios instrumentales dentro de los extractivismos. Esta actitud de alguna manera es hija de una cierta desatención de lo que ha sucedido en los países vecinos en América del Sur. Es que ese tipo de caminos fueron los que ensayaron los progresismos, por ejemplo, en Ecuador, Brasil o Argentina, y en ningún caso resolvieron sus impactos ambientales y sociales, y tampoco desencadenaron un salto cualitativo en sus metas de desarrollo. Por el contrario, a su manera, también anularon las posibilidades de buscar y ensayar alternativas a los extractivismos.

Finalmente, los post-extractivismos postulan desde su inicio la exploración de alternativas para abandonar ese tipo de dependencias. El primer paso está en reconocer que son posibles las alternativas, en permitirse pensar que es posible un país que no siga basando su economía en exportar materias primas. Es ese cambio de posición el que es hostigado desde varios frentes, a veces de manera explícita, otras veces sin intenciones. El rechazo a explorar alternativas se fundamenta de distinta manera, ya que unos lo hacen desde una fe ciega en el mercado, otros lo matizan echándole la culpa a los países industrializados, el imperialismo o el capitalismo, y no falta los que se justifican moralmente bajo el mito de que el crecimiento económico permitiría generar un capitalismo compasivo que ayudaría a los pobres. Sin embargo, todas las historias en nuestros países muestran que eso no es posible, incluso un reformismo bien intencionado nos deja anclados una vez más en los extractivismos. Es por ello que la exploración de alternativas post-extractivistas no sólo es necesaria, sino que es urgente.

  1. En este análisis es clave tener presente la definición específica de extractivismos, como un modo de apropiación masiva o intensa de recursos naturales para ser exportados como materias primas; véase Extracciones, extractivismos y extrahecciones, E. Gudynas, Observatorio del Desarrollo, 2013, http://extractivismo.com/2013/02/extracciones-extractivismos-y-extrahecciones/
  2. La vida de las reservas petroleras es de más de 1.659 millones de barriles para 7,1 años, A. Aldana Paéz, La República, 27 abril 2018, https://www.larepublica.co/especiales/petroleo/cuales-son-las-reservas-de-petroleo-de-colombia-2719429
  3. La vida de las reservas petroleras es de más de 1.659 millones de barriles para 7,1 años, A. Aldana Paéz, La República, 27 abril 2018, https://www.larepublica.co/especiales/petroleo/cuales-son-las-reservas-de-petroleo-de-colombia-2719429
  4. La vida de las reservas petroleras es de más de 1.659 millones de barriles para 7,1 años, A. Aldana Paéz, La República, 27 abril 2018, https://www.larepublica.co/especiales/petroleo/cuales-son-las-reservas-de-petroleo-de-colombia-2719429
  5. De aguacates y de hidrocarburos, Mauricio Botero Caicedo, Dinero, 4 abril 2018, https://www.dinero.com/opinion/columnistas/articulo/de-aguacates-e-hidrocarburos-pro-mauricio-botero-caicedo/2569995