Carolina Garzón Díaz

* Carolina Garzón Díaz

Colombiana. Comunicadora social- Periodista de la Universidad Central y estudiante de la Maestría en Dirección de Comunicación de la Universidad de Montevideo (Uruguay). Defensora de derechos humanos. Experiencia de trabajo con organizaciones no gubernamentales en Colombia y columnista para los medios de comunicación Contagio Radio y Palabras al Margen. Fue bloguera en el portal de internet Kien & Ke y columnista invitada durante un año en el Diario Bogotano. Es integrante del proyecto independiente "Fotógrafo No Fotógrafo". Twitter: @E_Vinna

Hace algunos meses en Buenos Aires, Argentina, conocí la experiencia de Barricada TV, una televisora “alternativa, popular y autogestionada” que, tras la Ley de medios aprobada en 2009, obtuvo un lugar en espectro y ahora transmite en el canal 32.1 de la TDA y el 5 VHF. Luciana, una de las integrantes del equipo, al hablar sobre el sentido de los medios alternativos de comunicación soltó una frase que lleva meses dándome vueltas en la cabeza: la necesidad de trascender el cerco de los convencidos.

Es cierto. Al pensar en varios proyectos, iniciativas y organizaciones sociales, culturales o políticas con las que he trabajado en los últimos años, decenas de veces he escuchado que tenemos un problema para llegar a otros públicos distintos a quienes ya siguen los temas que tratamos. Es decir, parece existir una burbuja en la que continuamente hablamos los mismos de siempre y rara vez otras personas se acercan a los temas que trabajamos o nosotros llegamos a esas otras personas que podrían estar interesadas en ellos.

En temáticas de derechos humanos o bien público, por ejemplo, las organizaciones de la sociedad civil desean continuamente ampliar el alcance de sus informes, denuncias y acciones. Aunque las redes sociales y las herramientas digitales han ayudado a expandir los mensajes y la difusión es mayor, se advierte que existe una línea imaginaria, una frontera o un cerco, que no hemos podido traspasar. Parece que nos quedamos hablando los mismos, los que ya estamos convencidos.

¿Quiénes somos los convencidos?

Los recientes escándalos sobre el manejo de la información por parte de la red social Facebook o el Informe de la Federación Internacional de Asociaciones de Bibliotecarios y Bibliotecas (IFLA) sobre El derecho a la privacidad en la era digital, nos dejan ver que el uso de ciertas tecnologías, junto con la falta de educación digital, política y social, nos ubican cada vez más en burbujas de información.

Al analizar las Fake News y el eufemismo de la posverdad varios académicos contemporáneos coinciden en el aumento de un fenómeno que la psicología estudió en los años 80: el sesgo de confirmación. Se trata de la tendencia a interpretar y favorecer la información que confirma nuestras propias creencias. En esa misma línea, la psicóloga social Ziva Kunda consolidó en los años 90 el concepto de razonamiento motivado: “Existen pruebas considerables de que es más probable que las personas lleguen a las conclusiones a las que desean llegar”.

A luz del incremento de este fenómeno, es aún más difícil abrir espacios para la discusión. También hay un obstáculo para que la información que se produce desde las comunidades, víctimas y poblaciones vulnerables (generalmente replicada por organizaciones o movimientos), trascienda a otros públicos más allá de quienes ya lo conocen y tienen sensibilidad hacia ellos.

La apuesta de los medios de comunicación alternativos y comunitarios

¿Quiénes tienen la vocación de comunicar sobre los temas de derechos humanos? ¿Quiénes escuchan y amplifican a la sociedad civil? ¿Quiénes incluyen en su agenda el análisis de los temas propuestos por las víctimas y las poblaciones? En América Latina, al igual que en buena parte del mundo, lo hacen mayormente los medios comunitarios y alternativos de comunicación. Surgen de las necesidades que pueden identificar en sus entornos, se sostienen por un grupo de personas que trabajan de manera solidaria y viven una constante lucha por su permanencia. Cuando logran consolidarse generalmente son rodeados de estigmas y atacados por la información que logran difundir y va en contravía de los discursos oficiales.

Comprometidos con la democratización de la información y la dinamización de la vida política de las comunidades o grupos de personas con las que trabajan, los medios alternativos y comunitarios llegan siempre hasta ese cerco. Se chocan con la línea invisible que separa a quienes están convencidos y son sensibles a sus temas y un público que, aunque se ve cerca, no se logra contactar.

Retos en la era digital

En el océano de información en el que nos sumergimos día a día, los medios de comunicación alternativos y las oficinas de prensa de las organizaciones de la sociedad civil tenemos cada vez más retos a la hora de comunicar. Las transformaciones que ha traído la era digital como los nuevos formatos, la aceleración de los procesos, el cambio en el ámbito de discusión y la toma de decisiones, así como la legitimidad de los voceros o las fuentes de información, inciden en las estrategias que los medios comunitarios y alternativos se plantean para trascender el cerco.

Por supuesto, no todo se restringe al Internet. Los estudios de marketing desvelan la fuerte permanencia y alcance de los medios tradicionales. Este es un motivo para seguir apostando por la consolidación de televisoras con espacio radioeléctrico, así como emisoras en AM o en FM, y la publicación de revistas o periódicos en papel. Tampoco dejemos de lado la comunicación directa, aquella que se produce cara a cara y sigue siendo el canal privilegiado de la acción comunicativa. El reto está en la convergencia entre lo tradicional y lo digital.

¿Y por qué se hace importante mantener en el panorama lo tradicional o análogo? Entre otras razones, para vencer los obstáculos que nos han revelado los algoritmos de programación en la gestión de la información digital y que vienen a alimentar esa “burbuja de razonamiento motivado”.

Escuchar es la consigna de la comunicación en el siglo XXI

En el Campus “Medios de Comunicación y Mujeres en la política” realizado en Colonia, Uruguay, y organizado por la Fundación Konrad Adenauer en febrero de este año, la profesora Adriana Amado aseguró: la consigna de la comunicación del siglo XXI es escuchar.

Trasladando su frase a las inquietudes formuladas en este artículo, surgen varias preguntas: ¿Cómo lograr ser escuchados fuera del cerco? ¿Cómo escuchar a los “no convencidos”? ¿Cómo incluir eso que escuchamos a nuestras estrategias de comunicación? Y ¿cómo comunicarnos entre medios alternativos y comunitarios para compartir las experiencias que se han tenido, las propuestas y los retos?

Tal vez sea urgente comenzar por la última pregunta y construir las bases para responder las primeras cuestiones.


*Artículo escrito por Carolina Garzón Díaz para Palabras al Margen en el marco del Diplomado en Gestión de la Comunicación digital para el bien público de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO – Uruguay). Mayo de 2018. Más información: www.trascenderelcerco.wordpress.com