Diego Barragán

* Diego Barragán

Doctor en Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, Magister en Sociología de la Universidad Nacional de Colombia y Contador Público de la Universidad de Ibagué. Se desempeña en tres campos temáticos: sociología de la educación, organizaciones y relaciones del trabajo y sociología histórica. En docencia, ha trabajando en pregrado y en postgrado, en la actualidad es profesor de la Universidad Externado de Colombia. En investigación se desempeña como investigador y como evaluador, en universidades, en instituciones y en redes de investigación nacionales e internacionales

El texto no va a tratar el presente continuo desde la gramática. Rodrigo Castañeda, un investigador en ciencias sociales, afirmaba que los ciudadanos colombianos vivían en un presente continuo, no tenían memoria, a veces trataban de olvidar su pasado, y menos tenían una alternativa de futuro. Sus realidades estaban y se apoyaban en una acción momentánea, en lo que vivían, en su presente; y aclaraba, en su presente, no en un presente compartido con quienes vivían, era un presente individual: yo lucho, yo hago lo que pueda. No importa lo que suceda con las personas que tienen al lado o lo que acontece en la sociedad, de la que, quiéralo o no, hacen parte.

Vivir este tiempo implica solucionar los problemas de hoy, que son urgentes, como conseguir el alimento, pagar el arriendo (puede ser diario, semanal o mensual), abonar a la deuda con el banco o al agiotista del barrio o del pueblo, pagar de los servicios públicos para evitar que corten el agua, la electricidad o el gas, etc. La situación se complica cuando de una persona dependen hijos, pareja, padres u otras; no es el individuo solo, es el grupo que debe solucionar sus necesidades, no pueden esperar, los responsables deben observar sus condiciones, analizar los recursos disponibles y tomar decisiones que les permita satisfacer las necesidades de hoy, del momento.

Ahora, cuando no es un grupo, sino un sector significativo de la población quienes viven en estas condiciones, se presentan entre ellos luchas permanentes por satisfacer las necesidades del hoy; cuando la competencia aumenta o las condiciones para alcanzar el mínimo vital son limitadas o nulas, la situación no les permite tener los recursos para subsistir; deben idear opciones, buscar espacios alternativos o una actividad económica que permita a sectores significativos de la población encontrar cómo vivir. La primera lucha es con quienes están a su lado, en su misma situación, generalmente, son personas con un bajo nivel educativo, con destrezas laborales similares y con la obligación de subsistir; lo que hacen es transarse en una lucha con quienes están en su misma situación, aquellos que están a su lado.

Lo anterior se puede ilustrar con un capítulo del libro Colombia Amarga, publicado por German Castro Caicedo en 1976, donde describe la violencia y el odio que se generaba entre los colombianos. El autor narraba el conflicto entre dos municipios de Risaralda: La Ceja y Balboa. Eran personas con rasgos similares económica, social y culturalmente1, pero les habían dicho, los abuelos o los padres de los actuales gamonales de la política colombiana, que unos eran liberales y otros conservadores, y con este increíble argumento se transaron en una guerra, una lucha donde sólo se veían muertos y más muertos; durante la década del setenta corrieron ríos de sangre, soportado en los argumentos y el apoyo de los gamonales2. La razón era sencilla, lo mejor para dominar es generar odio entre personas iguales, asegurarse que jamás entre ellos exista respeto, solidaridad o comprensión.  Su horizonte de posibilidades se reduce a los que comparten con los miembros del grupo con el cual, directa o indirectamente, se identifican. Aquí, la competencia para subsistir se hace fuerte.

Cuando tienen contacto con grupos diferentes, les hacen reconocer su posición en las relaciones con los otros; les aclaran, la mayoría de las veces directamente y unas pocas indirectamente, cuál es su lugar en la sociedad a la que pertenecen. Les aclaran que construir el pasado, hacer una historia de la cual ellos o sus antepasados son parte, es algo que no les está permitido manifestar o presentarlo, ellos no son competentes. Incluso, siendo protagonistas de su historia o de una compartida, quienes tienen la facultad de nombrar o crear una visión de la realidad, son quienes hacen parte de los grupos de poder, ubican a los grupos sociales en una realidad inventada por ellos, que sirve para aclarar cuál es el papel y el lugar de los grupos en esta visión particular de la realidad. Un ejemplo, son las ferias del libro, en ellas el gamonal de turno, el negociante o quien tenga el dinero para publicar sus textos, los establecen como herramientas para elaborar la historia de todos. En la feria del libro en Bogotá en 2018, muchos políticos fueron a contar sus anécdotas, sus irracionales actuaciones y sus insignificancias, presentadas como un aporte al conocimiento de la humanidad. Mientras quienes de forma rigurosa investigan la situación social, los protagonistas de la vida nacional, la estructura y los cambios económicos o sociales, las luchas cotidianas; quienes buscan alternativas y construcciones sólidas para explicar los hechos significativos de la vida social, son relegados a la trastienda de la feria y de la sociedad. Lo llamativo, lo que presentan son una serie de anécdotas intrascendentes de gamonales como si fueran vitales para la sociedad.

Sí, la construcción del pasado sólo tiene importancia en estos términos, las posibles alternativas de futuro están orientadas a ciertos grupos, incluso a ciertas personas. Es una estrategia eficaz el decir a la mayoría de la población que no tienen el derecho de pensar en su futuro, les castran la posibilidad de soñar con una sociedad distinta. Es una herramienta poderosa, las manifestaciones de la mayoría de la población pueden tomarse como una estupidez, una herejía o una perdedera de tiempo. ¿Cómo una persona que tiene unas condiciones de vida difíciles puede pensar en alternativas para él o en una sociedad mejor para todos?; es una estupidez debido a que desde niños les dicen que dejen de pensar en asuntos inútiles, que dejen de tener sueños o modelos de vida distintos; deben pensar en su instante, en su realidad, en la forma de subsistir. La herejía es simple: cualquier persona que proponga una alternativa de vida distinta a la que están determinados a tener dentro de su grupo social, de las condiciones económicas o de su ubicación en espacio geográfico, debe ser reprimida, debe ser realista, no deben contaminar a los pensamientos y las prácticas sociales establecidas para su grupo, no puede salirse del libreto que le escribieron para que representen; a quien intenta salir del molde se le llama hereje y se le debe castigar para que ni él, ni otros como él, sueñen con un futuro diferente. Cuando las personas encuentran una alternativa para su vida, los grupos de origen les dicen que es una perdedera de tiempo y tienen razón, en la lucha, que es fuerte, por abrir espacios diferentes en su vida y para las personas cercanas, se deja de desarrollar actividades que les generen recursos para la subsistencia diaria. Tratar la estupidez, la herejía y la perdedera de tiempo como parte del presente continuo al que están designadas personas de ciertos sectores, es una de las formas básicas para anular posibilidades de un futuro distinto, de frustrar la capacidad de soñar, de asombrarse y de luchar por una sociedad más justa e igualitaria.

Frente a las elecciones, concretamente en las presidenciales del 17 de junio, parte de la idea de involucrar a los ciudadanos es mantenerlos en el presente continuo. Se deja claro: cotidianamente su condición no va a cambiar, llegue quien llegue al poder las cosas van a seguir del mismo modo, no existe una propuesta de futuro, no existe una posibilidad objetiva para estas personas, las cosas van a seguir siendo iguales, mañana deben levantarse a luchar por conseguir recursos para comer, para el transporte, para sus hijos, etc. Las posibilidades de futuro son nulas y el statu quose mantiene. Históricamente, la abstención en las elecciones presidenciales en Colombia refleja esta realidad: en 1978 fue del 59,66%; en 1982 fue del 50,24%, en 1986 fue del 53,70%, en 1990 fue del 57,52%, en 1994 (1 vuelta), con nueva constitución, fue de 66,05% y en la segunda vuelta fue del 56,68%…En 2010 en primera vuelta fue de 50,70% y en la segunda fue del 55,65%3. Estos números reflejan una tendencia a que un poco mas del 50% de los electores en 40 años, han estado al margen y han validando los argumentos anteriores, han aceptado no pensar en su pasado y menos soñar con un futuro distinto.

Entonces, ¿qué se puede hacer? La toma de posición se puede basar en hechos irracionales o en mentiras construidas para llegar a sectores poblacionales que quieren escuchar estas incongruencias. La situación objetiva de las personas debe esconderse, no se puede mencionar; si se menciona, si se reconoce, los candidatos deben hacer algo frente a los hechos que cotidianamente viven o enfrentan. Dentro de los argumentos irracionales están los esbozados por miembros de comunidades religiosas, los púlpitos y las redes sociales se han convertido en escenarios para la difusión de incoherencias y mentiras, el hecho de vincular mitos o pasajes provenientes de libros de culto a la contienda electoral convierten a los gamonales en seres mitológicos, guiados por miembros de grupos religiosos, que son un número significativo, y reaccionan de forma irracional frente a cualquiera que pueda poner el riesgo su fe, sus creencias, su iglesia, sus intereses o sus negocios. Para sectores que no tiene creencias religiosas afincadas, lo que se hace es atacar lo que ellos consideran simbólicamente valioso, materialmente no tiene casi nada, pero los vínculos sociales, la pertenencia a un grupo, a un lugar, a una institución, se presenta como si estuviera en peligro; se presenta como si fuera una posibilidad para afectar, aún más, sus lamentables condiciones de vida, las que consideran personas representativas, sus espacios significativos, se ataca lo que simbólicamente se convierte en importante para ellos. Nuevamente, las propuestas, los argumentos y las trayectorias de quienes participan en la contienda no importan.

El borrar su pasado, bloquear su futuro y atacar lo que es importante para las personas en su presente es una herramienta básica para mantener en situaciones de vida precarias, en lamentables condiciones, a grandes sectores de la población. El hecho de presentar un camino, una posibilidad frente a una realidad que se pregona como inamovible, inmodificable, hace que se muevan estructuras en quienes, principalmente gamonales, reproducen una sociedad desigual y violenta. El hecho de buscar alternativas, de tener una opción desde la política para, al menos, efectuar cambios en las condiciones de las personas y en las dinámicas sociales permite soñar, brinda opciones a las personas, ofrece la posibilidad de acercarse e interpretar su pasado para evaluar su presente y proyectar su futuro.

  1.  En otro capítulo narra cómo en 1967, 6 campesinos de Arauca masacraron a 18 indígenas, quienes llegaron a una finca a pedir comida: el argumento de los campesinos fue que los indígenas eran animales que se comían sus cosechas. Un argumento similar esgrimió el presidente de Estados Unidos para validar las medidas que tomó para enfrentar a los migrantes que tratan de cruzar la frontera con México, sus palabras fueron: “…these aren’t people, these are animals” pronunciadas en mayo 17 de 2018. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=Ay1cG3Ztui0. Estos argumentos generan inquietud, en especial cuando son actuales y soportan esta clase de acciones.
  2. Para tener una idea de los gamonales se pueden mencionar dos libros, aunque uno tiene 31 y el otro 43 años, analizan estos personajes que a pesar del tiempo aparecen una y otra vez, con nombres distintos, en la política colombiana. El primero es el Otoño del Patriarca de Gabriel García Márquez, publicado por Plaza & Jánes en 1975 y el segundo es el Último Gamonal de Gustavo Álvarez Gardeazábal publicado por Plaza & Jánes en 1987. Estas obras literarias nos ofrecen la posibilidad de entender como actúan estos personajes y cómo tienen un lugar importante en la realidad cotidiana en muchos sectores de la población.
  3. Barrero,F; Liendo,N; Mejía,L,& Orjuela, G. (2013) Abstencionismo electoral en Colombia: una aproximación a sus causas. Bogotá: Registraduría Nacional del Estado Civil. Disponible en: https://wsr.registraduria.gov.co/IMG/pdf/CEDAE_-_Abstencionismo_electoral_en_Colombia.pdf