Nicolás Jiménez

* Nicolás Jiménez

Estudió filosofía en la Universidad de los Andes y tiene una Maestría en Desarrollo Sustentable y Medio Ambiente en la Universidad de Manizales. Actualmente se desempeña como docente en la Universidad Nacional Abierta y a Distancia.

La semana pasada la campaña de Gustavo Petro y Ángela María Robledo recibió el apoyo de dos referentes mundiales del movimiento por los derechos de los animales. Peter Singer, filósofo australiano conocido por libros como Liberación animal y Una izquierda darwiniana, y John Coetzee, novel de literatura galardonado por obras como Elizabeth Costello y Esperando a los bárbaros, respaldaron públicamente el programa de Gobierno de la Colombia Humana. Este apoyo coincidió con la Declaración Pública Animalista, a través de la cual diversas organizaciones del país ratificaron su apoyo al candidato presidencial que más respaldo les ha dado.

Esto, a mi modo de ver, es una señal de que las cosas están cambiando en la dirección correcta. Que el movimiento animalista y los sectores alternativos, progresistas y de izquierda se encuentren en un lugar común, es un avance significativo y una oportunidad política que debe ser aprovechada.

¿Qué está cambiando?

  • Primero: la izquierda se animaliza

En la izquierda colombiana, y en el movimiento progresista en general, se están cuestionando y modificando algunos principios éticos y políticos: por primera vez en la historia del país los intereses de los animales no humanos ocupan un lugar central en un programa de Gobierno. Todavía falta mucho para que su incorporación sea totalmente coherente, pero se están dando pasos importantes hacia la configuración de una apuesta más incluyente. Hace algunos años el animalismo era poco más que una parodia en los círculos de la izquierda, pero hoy empieza a ser considerado como una fuerza movilizadora y articuladora para el progreso ético y social.

  • Segundo: el animalismo se politiza

El movimiento animalista está reconociendo la importancia estratégica de las alianzas políticas con la izquierda, con los sectores progresistas y con el movimiento social. Se está dando cuenta que debe articularse con aquellos que trabajan por la transformación social. Las alianzas que está forjando con estos sectores son necesarias para construir condiciones más favorables a su lucha. Si no se supera el activismo panfletario y cibernético, el animalismo está destinado al fracaso. Las asimetrías de poder entre quienes defienden a los animales y quienes los explotan son abrumadoras. Por eso, si el juego favorece a nuestros oponentes, debemos cambiar las reglas.

El animalismo no puede ser un escenario de competencias para alimentar personalismos y egos. Debe garantizar un ambiente adecuado para el debate y el disenso, pero también debe ser una plataforma de movilización que tenga capacidad de actuar de manera unificada ante los desafíos que impone la coyuntura.

  • Tercero: las luchas se encuentran

Ya hemos empezado a entender la complementariedad entre la lucha ecologista y la lucha social. Esto mismo comienza a suceder con el movimiento animalista. Las fronteras éticas se están ampliando y algunos sectores sociales y alternativos empiezan a entender que los animales no-humanos también tienen derecho a vivir dignamente. Las causas de la opresión animal son las mismas causas de la opresión humana: el poder acumulado de una clase dominante y minoritaria que impone una cultura antropocéntrica/especista, una política excluyente y una economía desigual. Por ejemplo, sería importante fortalecer los vínculos entre el animalismo y el ecologismo social para construir mecanismos de protección ambiental y territorial coherentes con una ética de liberación animal.

Las luchas se están encontrando en un eje de articulación que ha demostrado ser capaz de convocar multitudes de cara a un proyecto común de país. Ese eje de articulación es, hoy en día, la Colombia Humana.

Una oportunidad para una Colombia Animalista

Gustavo Petro y Ángela María Robledo están liderando una oportunidad única para que todas las causas justas puedan prosperar, incluida la causa animalista. No creo que tengan el programa ideal, pero sí el más adecuado para crear un ambiente favorable a la construcción de una sociedad en donde los animales no humanos puedan vivir con dignidad. Las reformas sociales y económicas que propone la Colombia Humana aportarían una base apropiada para que la política de «protección animal» pueda evolucionar hacia una política de «liberación animal». La posibilidad de construir una Colombia Animalista está en nuestras manos y el momento es ahora.