Andrés Caicedo

* Andrés Caicedo

Sociólogo de la Universidad Nacional de Colombia. Estudiante de maestría en filosofía de la misma Universidad y estudiante de la maestría en literatura de la Universidad de los Andes, Colombia. Miembro del grupo de investigación en Teoría Política Contemporánea (TEOPOCO) adscrito a la facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Nacional de Colombia. Dentro de sus principales intereses se encuentran los estudios feministas y de género, los estudios críticos del paisaje y la naturaleza, la filosofía francesa contemporánea y los estudios críticos animales.

Cuatro días antes de que en Colombia se eligiera a Iván Duque como presidente y a Marta Lucía Ramírez como vicepresidenta, en Argentina, en la Cámara Baja de Diputados, se aprobaba la “Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo”. Aunque la aprobación definitiva de esta ley aún depende de la validación del Senado, es importante señalar un aspecto fundamental de lo que se ha logrado hasta el momento: la despenalización del aborto en este país se ha visto sostenida e impulsada por una creciente e intensa movilización social, popular y feminista teñida de verde. Son miles los pañuelos de este color que se han llevado puestos y que se han ondeado en múltiples calles, colegios, universidades, plazas, lugares de trabajo, entre otros. De hecho, el 13 y 14 de junio, día en que se votó la aprobación de la ley, muchas calles alrededor del Congreso se vieron ocupadas por una inmensa marea verde que resonó alegremente en aquellos cuerpos que se enfrentan diariamente al control y a la administración médica-estatal de los vientres de las mujeres. Los pañuelos verdes anuncian no solo el nombre de la articulación feminista que se fue gestando desde el 2003 en el “XVIII Encuentro Nacional de Mujeres realizado en Rosario”, Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal Seguro y Gratuito, sino también una consigna que hace explícito que en el reclamo por la despenalización del aborto lo que está en disputa, ante todo, es la anulación o la potenciación de la vida de las mujeres:

“Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir” (Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal Seguro y Gratuito). 

La literalidad del “no morir” no alude únicamente al hecho de poder morir biológicamente en muchos de los lugares clandestinos en donde se practica ilegalmente el aborto; al mismo tiempo, hace alusión a la producción de una violencia constante sobre las mujeres que hace morir lenta pero contundentemente los múltiples caminos y despliegues que pueden poner en acto sus cuerpos al destinarlos a ser únicamente cuerpos-úteros y cuerpos-madres. Es en este sentido que en uno de los diferentes reportes que sacó la revista argentina Mu, de la cooperativa política La vaca, en torno a la despenalización del aborto, se presentaba cómo la posibilidad de decidir libremente la interrupción o el sostenimiento del embarazo se articulaba al derecho que tienen las mujeres de desear, elaborar, organizar, experimentar y cuidar de sus vidas y de sus cuerpos tal y como ellas lo consientan.  

Inicié este escrito señalando que esta disputa y este logro alcanzando en Argentina se dio 4 días antes de que se proclamara, tal y como lo anunció Julia Alegre en el periódico El Tiempo el 18 de junio, la llegada de la “primera mujer vicepresidenta” en Colombia. Quisiera llenar un poco de contenido la palabra “mujer” redactado en el titular de la noticia, ya que si algo nos han aportado las luchas teóricas, éticas y políticas de diversos movimientos de mujeres, como el feminismo negro, chicano, indígena, queer, decolonial, poscolonial, para dar algunos ejemplos que me son cercanos, es la importancia de situar de qué se habla cuando se está hablando de “mujeres”; de lo contrario, se corre el violento y peligroso riesgo de pensar que la noción de “mujer”, en su generalidad, iguale y, por ende, reduzca la multiplicidad de experiencias de lo que implica y significa “ser” una mujer.  

Nació en Bogotá. Dentro de sus cargos públicos más relevantes está el hecho de haber sido Ministra de Comercio Exterior y embajadora en Francia durante el gobierno conservador de Andrés Pastrana. Más adelante fue Ministra de Defensa y ayudó a diseñar la política de Seguridad Democrática durante el primer gobierno de Álvaro Uribe Vélez. Durante su ministerio estuvo a cargo de la “Operación Orión” llevada a cabo en la Comuna 13 en Medellín en octubre del 2002, operación que, además de realizarse con la ayuda del bloque paramilitar Cacique Nutibara, dejó cientos de victimas, entre desaparecidas/os, desplazadas/os, muertas/os heridas/os de bala. Fue senadora por el Partido Conservador Colombiano del 2006 al 2009. Llegó a la vicepresidencia este año (2018) con el Partido Centro Democrático. Se trata de un partido que no solo recibió el apoyo, sino que se articuló con personajes abiertamente misóginos y homo-lésbico-transfóbicos como Alejandro Ordoñez y Viviane Morales. No se puede olvidar que es una vicepresidenta que a pesar de “respetar” las libertades sexuales, ha expresado en repetidas ocasiones su rechazo no solo a la adopción de hijos e hijas por parte de parejas lésbicas, homosexuales y trans, sino también a la libertad de las mujeres por decidir si quieren continuar o detener un embarazo. En sus palabras: “Soy una mujer defensora de la vida, soy una mujer que defiende el hogar y la familia (…) Yo soy una mujer 100% defensora de la vida y estoy en contra del aborto” (Ramírez 2018). 

Las alianzas y las posiciones morales y políticas de Marta Lucia Ramírez están claramente en una radical contraposición a las demandas, los reclamos y las disputas de las miles de mujeres que lograron impulsar la aprobación de la despenalización del aborto en la Cámara Baja de Diputados en Argentina. Colombia tiene una mujer vicepresidenta, sí, pero una mujer que no solo es antiabortista, sino que también imagina y promueve la conformación de un modelo familiar estrictamente heterosexual y heteronormado. En este sentido, es necesario problematizar la aparente victoria que las mujeres en Colombia alcanzaron con la elección de Marta Lucia Ramírez como vicepresidenta. Esto implica indagar con cuidado, minucia y detalle no solo las diferentes acciones que se realicen en términos de género y sexualidad durante el gobierno de Iván Duque y Marta Lucia Ramírez, sino también criticar y problematizar intensivamente los usos instrumentales y triunfalistas que se realicen del “vocabulario” asociado a las luchas de las mujeres (como, por ejemplo, el uso que, en la noticia anteriormente mencionada, el periódico El Tiempo realizó de la palabra “mujer”: “La carrera de Marta Lucía Ramírez, la primera mujer vicepresidenta” (Alegre). 

Al avance en términos de género que aparentemente significaría la llegada de Marta Lucia Ramírez como vicepresidenta en Colombia es necesario contraponerle apuestas políticas y victorias feministas-populares como la alcanzada en Argentina el pasado 14 de junio. Pero no solo a partir de movilizaciones masivas que repletan calles enunciando “aborto legal, aborto legal, aborto legal” es posible llevar a cabo esta crítica. En esta medida, el siguiente apartado de este artículo lo dirijo a comentar brevemente el trabajo que la artista brasileña trans Linn da Quebrada realizó en su último álbum musical Pajubá. En este trabajo encuentro algunas apuestas políticas comprometidas con las revueltas que han llevado las mujeres para alcanzar el derecho a decidir libremente sobre sus cuerpos y, a la vez, con las luchas de aquellas vidas que se fugan a las matrices de poder heteronormativas.  

 

Pajubá 

 

Linn da Quebrada se define como una artista multimedia, una “bixa travesti” (“maricona travesti” Quebrada) y, sobre todo, como una “terrorista de gênero” (“Precisamos levar a discussão de gênero para a rua”): “Terrorista de género porque considero que algunas veces es preciso actuar aterrorizando la norma y sus efectos. Usando mi cuerpo como arma para poner en jaque un sistema que hace invisibles cuerpos como el mío; haciéndome visible y apuntando a la violencia del propia sistema” (“Precisamos levar a discussão de gênero para a rua” Traducción propia). Su cuerpo, un cuerpo trans, se visibiliza, se expresa y se politiza por medio de la música. En el 2017, Linn da Quebrada sacó su primer álbum, Pajubá. Se trata de un álbum trans no solo por el contenido de las letras, sino también por la red musical que lo compone: es una provocadora mezcla de géneros como el funk, el hip hop, la electrónica, la salsa y el vogue. No hay simplemente pasos y superposiciones entre un género y otro, sino una mixtura rítmica que nos transporta a una esfera sonora inédita capaz de violentar y parodiar el convencionalismo musical industrial en donde, como ella misma la manifiesta, la estructura del ritmo, el “amor y los afectos ya está consolidada” (“Uso a música como arma. Como arma voltada para mim mesma”). En este sentido, la música de Linn da Quebrada hace temblar al cuerpo y los oídos y, así, los transporta a una esfera sensorial en donde se producen formas interesantes de comprender y vivir el amor, la música, la danza, el deseo y el sexo.  

Desde la primera canción, (Muito +) Talento, a la última, A Lenda, el disco se compone de múltiples velocidades musicales. Tenemos ritmos suaves, lentos y calmados, pero profundamente elocuentes y seductores como en las dos últimas canciones, Serie A, (canción que, de hecho, cuenta la colaboración del conocido cantante Linker) y Lenda. La suavidad y la calma en están canciones no narran historias personales cómodas y fácilmente digeribles; al contrario, aproximan la escucha a duras, pero a la vez divertidas historias de resistencia, eroticidad y supervivencia de cuerpos que son diariamente excluidos y violentados (cuerpos negros, pobres, trans, gays, lésbicos…). Por otro lado, si nos transportamos a las tres primeras canciones del álbum, (Muito +) Talento, Submissa do 7 Día y Bomba para Caralho, estaremos enfrentados a producciones musicales en donde lo que enuncia la voz de Linn da Quebrada funciona, prácticamente, como una declaración de guerra. De ahí, precisamente, que ella misma se presente como una terrorista del género 

En el contenido claramente religioso de su nombre, Submissa do 7 Día, segunda canción del álbum, juega con el pasado de Linn da Quebrada, quien perteneció en un momento de su vida a la iglesia Testigos de Jehová. La canción lejos de denunciar planamente lo que puede ser obvio, es decir, que dicha iglesia funciona como un dispositivo heternormativo de control y normalización de los cuerpos, señala más bien que la fidelidad religiosa opera por medio de intensas dosis de sexualidad y deseo. Así, lo que hace Linn da Quebrada es hacer evidente el deseo sexual que envuelve las creencias y fidelidades religiosas, y así hacer de ese deseo una fuerza para experimentar con lo que puede el cuerpo. Quizás sea esta una de las canciones en donde se plasma de una manera más directa uno de los objetivos que envuelve la práctica artística de Linn da Quebrada: “reinventar el concepto de Dios, reinventar el concepto del cuerpo. Dando yo misma sentido a mi cuerpo. Dando yo misma sentido a la sexualidad, a las relaciones (…) Yo me asumo como diosa y criatura. Creadora de mi propio cuerpo” (“Uso a música como arma. Como arma voltada para mim mesma”).  

Para cerrar este escrito quiero señalar que en una canción como Bomba para Caralho el compromiso político de Linn da Quebrada con la visibilización y el reconocimiento de las sexualidades disidentes se articula íntimamente con reivindicaciones antirracistas. Al mismo tiempo, esta canción, al igual que (Muito +) Talento, puede convertirse en un arma-mensaje eficaz para enfrentarse al contenido de las propuestas de género de Marta Lucia Ramírez y del Centro Democrático, en donde el reconocimiento de las comunidades LGBTI es lejano, aséptico y distante, es decir, un reconocimiento que no deja tocar y alterar en ningún sentido la estructura interna de sus afectos, convicciones, deseos, pensamientos y creencias  conservadoras: “Que yo no te voy a chupar escondida en el baño, usted sabe que yo soy muy golosa” ((Muito +) Talento, Traducción propia).  

 

Referencias  

Alegre, Julia. “La carrera de Marta Lucía Ramírez, la primera mujer vicepresidenta”. El Tiempo. 18 de junio de 2018. 

Da Quebrada, Linn. “Linn da Quebrada: “’Uso a música como arma. Como arma voltada para mim mesma’”. Huffpost. 06 de octubre del 2017. 

Da Quebrada, Linn. “‘Precisamos levar a discussão de gênero para a rua’, diz Linn da Quebrada”. Estadão. 06 de abril de 2017.  

Mu. El periódico de la vaca. “Apuntes sobre nuevo feminismo. Color esperanza”. Mu. El periódico de la vaca. Número 121, marzo del 2018: 6-7. 

Ramírez, Marta Lucia. ““Soy 100% defensora de la vida y contraria al aborto, salvo para casos excepcionalísimos””. 1 de marzo de 2018. https://www.martalucia.com/noticias/soy-100-defensora-de-la-vida-y-contraria-al-aborto-salvo