¿Qué rumbo tomará López Obrador ante la crisis del país azteca?

El pasado miércoles 11 de julio, en conferencia de prensa, el electo presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, tuvo que manifestar lo vertiginosa que ha sido su agenda en los últimos días. Sin duda, las incertidumbres que ha despertado su triunfo son mayúsculas. Tanto México como la región le exigen respuestas ante lo que realmente será su mandato. Todos los días en su oficina de la calle Chihuahua de la colonia Roma en Ciudad de México hacen fila, para verlo o dejar alguna petición, cientos de personas humildes que reflejan la esperanza que ha producido este histórico y contundente triunfo electoral. 

De El Álamo al castrochavismo 

Las relaciones entre Estados Unidos y México son quizás las relaciones más carnales y problemáticas del hemisferio. Vale recordar que el 50% del territorio mexicano fue anexado a los Estados Unidos. Desde la independencia de Texas en 1836, después de sucesivas batallas que tuvieron como umbral el asedio al cuartel de El Álamo, que culminó con la anexión de Texas a Estados Unidos en 1845, hasta la separación de California (1846) y la guerra entre EE. UU. y México (1846-1848), el vecino del norte se impuso a sangre y fuego. Después de ello, con la premisa del “Destino Manifiesto”, se atribuyó la hegemonía no solo sobre México, sino también sobre toda Nuestra América. Se sucedieron las incursiones armadas estadounidenses en Veracruz (1914) y la de las tropas del general Pershing, buscando por once meses a Pancho Villa en el norte mexicano, después del ataque al poblado de Columbus por parte de Villa en 1916. Durante el gobierno de Lázaro Cárdenas (1934-1940), tras la nacionalización del petróleo y los ferrocarriles, el presidente Roosevelt decidió realizar un acuerdo global sobre sus relaciones e inaugurar una época de mutuo respeto y entendimiento, dada la amenaza que representaba enemistarse con su vecino durante la Segunda Guerra Mundial. El nacionalismo mexicano, rescatado por Cárdenas, vería su fin con la llegada del neoliberalismo en 1988 en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari y la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés). El México neoliberal de los últimos treinta años ha entrado en crisis; el triunfo de AMLO el pasado 1ro de julio así lo evidencia.  

Con estos antecedentes y ante la promesa de una “cuarta transformación institucional”, el presidente electo de México debe tomar ciertas decisiones que, sin duda, tienen mucho que ver con su relación con los Estados Unidos. El mundo contemporáneo se haya ante paradojas y contradicciones, dado que la disyuntiva capital-trabajo dio paso, tras la caída del bloque socialista, a una guerra de capitales que reconfiguran el espectro político izquierda-derecha hacia la dicotomía política nacionalismo-globalismo. En este sentido, tanto Trump como AMLO suponen la respuesta—desde antípodas ideológicas—a la crisis del neoliberalismo (globalismo) en ambos países. La primera gran incógnita que deberá responder el nuevo presidente mexicano será: ¿cómo restablecer unas relaciones de respeto entre EE. UU. y México? En términos económicos, el proteccionismo y fomento del mercado interno para acabar con las asimetrías entre las dos naciones norteamericanas, supondría un camino para reducir el flujo migratorio y, de esta manera, la virulencia del discurso xenofóbico del presidente Trump. La perspectiva geopolítica de AMLO busca una ampliación de las relaciones diplomáticas, quizás un mayor peso en la región, que requerirá de medidas reales hacia el multilateralismo que entrará en tensión con el sector del senador estadounidense Marco Rubio (quien secuestró la política exterior hacia Latinoamérica del gobierno Trump) y los sectores financieros que buscan el aislamiento de Cuba, Venezuela y Nicaragua. Estos mismos sectores en México, son los que agitaron el “fantasma del castrochavismo” e impidieron durante dos ocasiones el triunfo de AMLO. En este sentido, la segunda mayor economía de América Latina podrá tener una incidencia no vista desde la época de la Revolución de 1910 o el gobierno de Lázaro Cárdenas, y supone una esperanza de paz para la región. 

El chipote chillón 

En cuanto a la política interna, mientras la derecha agitó durante las últimas tres campañas presidenciales el fantasma de la “venezolanización” de México, lo que sucedió fue la “colombianización”, y desde la puesta en marcha de la Guerra contra el narcotráfico en 2006 las cifras son escandalosas. Se estiman en más de 250.0001 las muertes violentas desde el inicio de esta cruzada militar y policial apoyada por EE. UU., frente a la cual, AMLO propone un proceso de amnistía y sometimiento a la justicia que reduzca la militarización. El debate supondrá reflexionar sobre el fenómeno de la violencia. En este sentido, valdría leer a Žižek (2008) y establecer hasta dónde la violencia sistémica se relaciona con la violencia subjetiva, desde el plano económico, simbólico, cultural y social más allá del narcotráfico. Igualmente, plantearle a la región y a los EE. UU. una nueva perspectiva sobre el tema, ya que las políticas implementadas han resultado ineficaces. Parodiando un poco lo inofensivo que representaba el chipote chillón en el Chapulín Colorado, ¿podrá AMLO cambiar el chipote chillón por el diálogo nacional y regional sobre el narcotráfico y la violencia? 

El progresismo y el liberalismo 

El triunfo aplastante de la alianza “Juntos haremos historia”, conformada por el Partido del Trabajo, el Movimiento de Regeneración Nacional y el Partido Encuentro Social, plantea un escenario novedoso para la política mexicana; evidencia la crisis de los partidos tradicionales (PRI, PAN y PRD), pero abre el debate sobre cómo se establecen los márgenes del nuevo espectro político. El pragmatismo de AMLO —criticado por muchos sectores de la izquierda, entre ellos el zapatismo— evidencia la incertidumbre que se tiene sobre las concesiones que se haga a la derecha representada por el Partido Encuentro Social (evangélico). Hábilmente AMLO supo sumar a este partido con amplia base popular y presencia nacional. Los grupos evangélicos vienen pisando fuertemente en la región, como lo han demostrado recientemente en Costa Rica, Colombia, Venezuela y Brasil. Pero esta vez conviven en la misma alianza que contiene a defensores del matrimonio igualitario, el aborto, el socialismo, la socialdemocracia, el nacionalismo y algunos liberales. Satisfacer intereses tan diversos, supondrá un “malabarismo” del nuevo estadista azteca. Sin duda, son más preguntas que respuestas las que se tienen, pero el “peje” ciertamente sabe a qué se enfrentará y tendrá seis años para ir dando certidumbre en el mar de angustias en el que se ha convertido México durante los últimos 30 años de auge y declive del modelo neoliberal. 

  1.  Cfr. https://actualidad.rt.com/actualidad/272788-mexico-llega-250000-asesinatos-inicio-guerra-narcotrafico