Alberto Maldonado Copello

* Alberto Maldonado Copello

Economista de la Universidad Externado, doctor en Gobierno y Administración Pública de la Universidad Complutense. Consultor e investigador en temas de descentralización, desarrollo territorial y análisis crítico de la economía capitalista.

La elevada votación obtenida por Gustavo Petro y su coalición en las elecciones presidenciales del pasado 17 de junio ha generado un sentimiento de esperanza y de ilusiones en muchas personas situadas del centro hacia la izquierda del espectro político; incluso el semanario Voz del Partido Comunista señaló en primera página en un gran titular “Somos alternativa de poder”1. El triunfo de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en las elecciones presidenciales de México refuerza este sentimiento y las expectativas de que se produzca algo similar en la siguiente elección en Colombia.

En su discurso el día de las elecciones, a pesar de no ser el ganador, Petro manifestó que no se trataba de una derrota y fijó inmediatamente unas líneas de acción para su movimiento y la coalición. En primer lugar, promover la participación y la votación del referendo anticorrupción que se realizará en agosto y en el cual los electores deberán votar sobre siete medidas que se supone deben contribuir a limitar la corrupción. En segundo lugar, prepararse para las elecciones de gobernadores, alcaldes, diputados, concejales y ediles, que se realizarán en octubre de 2019. En tercer lugar, avanzar en la organización política de su movimiento. Hay pues tareas concretas sobre las cuales trabajar y avanzar en las acciones de coordinación.

¿Cuál es el sentido del movimiento?

Para muchos analistas se trata de un avance sustancial de la izquierda en términos electorales, que parece estar recogiendo las posiciones y expectativas de una proporción creciente de colombianos. Para un representante destacado de la derecha y de la clase capitalista, Mauricio Botero Caicedo, podría tratarse de una ola socialista, no solo en Colombia, sino internacionalmente: “Pero tal vez el aspecto más sorprendente de la altísima votación de la izquierda es que el mundo, con los millenials a la vanguardia, puede estar al borde de un viraje a la izquierda, una auténtica ola socialista”.2 Sustenta esta afirmación en un artículo de Michelle Goldberg que presenta algunos casos de renovación dentro del partido demócrata de los Estados Unidos y la participación de “Los Socialistas Democráticos de América” (DSA por su sigla en inglés) mediante diversas organizaciones y acciones, que han conducido a triunfos en las legislaturas de algunos Estados. Para Goldberg se trata no solamente de una reacción contra el gobierno de Trump sino contra el modelo económico, en una línea similar a la campaña de Bernie Sanders a la presidencia. Afirma Goldberg que la DSA es la organización socialista más grande en los Estados Unidos y que muchos de sus objetivos no se distinguen de los objetivos de los demócratas progresistas, pero que tienen una postura seria con respecto al componente socialista de su organización; de hecho en sus principios fundamentales señalan que son socialistas porque “rechazan un orden económico basado en la ganancia privada, el trabajo alienado, las extremas desigualdades de riqueza y poder; la discriminación basada en la raza, el sexo, la orientación sexual, la expresión de género, la condición de discapacidad, la edad, la religión y el origen nacional, así como en la brutalidad y violencia en la defensa del status quo”.3 Adicionalmente, señalan en sus principios que son socialistas porque comparten “una visión de un orden social humano basado en el control popular de los recursos y de la producción, en la planeación económica, la distribución equitativa, el feminismo, la igualdad racial y las relaciones no opresivas”. Afirma que para los demócratas mayores, incluso los más liberales, es un anatema hablar del control popular de los medios de producción, pero que quizá no es tan impopular entre los jóvenes puesto que el 61% de los demócratas entre 18 y 34 años consideran positivo el socialismo. La periodista afirma que estos jóvenes no tienen memoria del amplio fracaso del comunismo pero sí viven las fallas del capitalismo constantemente.

Botero Caicedo considera que la ola socialista está teniendo un sorprendente éxito electoral, no solo en algunas zonas de Estados Unidos sino también en México, por el reciente triunfo de Andrés Manuel López Obrador; también señala que las metas de estos socialistas son una ilusión y se estrellan contra la disponibilidad de recursos para pagar los servicios como la educación gratuita y la cobertura en salud.

Sin embargo, el propio Petro manifestó rotundamente que no es socialista y que su propósito es desarrollar el capitalismo. Y también AMLO ha insistido en que su programa consiste principalmente en combatir la corrupción y el mal gobierno, pero dentro del marco del capitalismo. Esto no impide que sean considerados como socialistas dado que, para muchas personas, dentro de las cuales se inscribe Botero Caicedo, las medidas del propio Estado de bienestar capitalista son consideradas como “socialistas” y para los liberales extremos la planificación económica dentro de gobiernos capitalistas es un elemento socialista. En el caso colombiano, la calificación como socialista y peor aún como comunista es una manera de generar una reacción extrema que conduce incluso a la agresión física y a los atentados.

En buena parte de las políticas propuestas por la DSA en Estados Unidos coinciden Petro y AMLO, pero ninguno de estos dos ha planteado un control popular de los recursos y de la producción, fórmula que también resulta un poco ambigua porque no especifica si se trata de suprimir la propiedad privada de los medios de producción.

Petro y AMLO quieren mejorar el capitalismo

Petro y AMLO buscan un capitalismo mejor, un capitalismo con rostro humano, algo que han buscado tradicionalmente socialistas que no consideran que sea necesaria una revolución y que piensan que dentro del capitalismo se pueden mejorar sustancialmente las condiciones de vida de los trabajadores.4 En esta perspectiva coinciden con partidos y movimientos liberales (en el sentido de un Estado social de derecho), pero incluso, algo que a primera vista parece paradójico, con representantes de sectores capitalistas situados hacia la derecha.

En el caso colombiano, aun los partidarios extremos de las políticas neoliberales y los partidos más a la derecha, como el Centro Democrático y el Partido Conservador, proponen medidas en cuanto a garantizar educación pública gratuita, servicios de salud, agua potable subsidiada, vivienda subsidiada o gratis, subsidios a los ancianos, etc.5 Evidentemente hay diferencias tanto en la magnitud como en la forma de prestación de los servicios, que son muy importantes, pero no se encuentra ningún partido que se oponga radicalmente a la provisión de estos y otros servicios.

Petro y AMLO no pretenden destruir el Estado capitalista sino “utilizarlo” para favorecer en mayor proporción a los trabajadores, razón por la cual se inscriben dentro de los límites prácticos e ideológicos que tiene este Estado. Por esta razón muchas de sus propuestas son parecidas a las de sus adversarios políticos, la diferencia estaría en que los políticos tradicionales son corruptos, mienten y no cumplen su palabra mientras que Petro y AMLO ofrecen lo contario.

Las funciones y límites del Estado capitalista

El Estado capitalista –subrayo capitalista porque con frecuencia se tiende a dejar de lado su carácter principal- surge del propio modo de producción capitalista y cumple un papel que consiste en defender el interés global capitalista, que consiste en la obtención de las mayores ganancias posibles. Para cumplir este papel desarrolla varias funciones. En primer lugar, tiene la función de garantizar un marco legal donde la relación real de explotación se presente como una relación jurídica entre personas iguales, libres de contratar entre sí. De aquí el énfasis en la defensa y garantía del derecho de propiedad que no es otra cosa que el derecho de un puñado de personas a apropiarse del trabajo de los demás. Petro y AMLO no cuestionan para nada este derecho.

En segundo lugar, el Estado debe garantizar condiciones materiales para la producción capitalista, como carreteras, puentes, puertos, fuentes de energía, etc. Esto en ciertas circunstancias debe hacerlo directamente pero también puede ser realizado en gran medida por capitalistas privados bajo regulación estatal, dado que se trata de recursos estratégicos necesarios para la clase en su conjunto.

En tercer lugar, y este es el punto que más nos interesa aquí, el Estado debe contribuir a garantizar la reproducción de la fuerza de trabajo, de forma tal que esté disponible y con ciertas condiciones para realizar los trabajos requeridos por la producción capitalista; en la medida en que los trabajadores no logran obtener en sus relaciones contractuales privadas un salario suficiente para adquirir todos los bienes y servicios requeridos, o se ven expuestos al desempleo, la incapacidad física, o a la necesidad de recurrir a ocupaciones por cuenta propia de bajos ingresos, el Estado debe complementar el salario o el ingreso mediante la oferta de subsidios monetarios y en especie. Es esta una necesidad del sistema capitalista en su conjunto que obviamente genera contradicciones con los propios capitalistas, dado que los recursos del Estado para estas funciones deben tomarse del gran fondo de la ganancia total extraída a la masa de trabajadores. Estas contradicciones se expresan en diferentes políticas, desde el Estado de bienestar hasta las políticas neoliberales extremas.

Petro y AMLO buscan garantizar mayores recursos para financiar este ingreso indirecto de las clases trabajadoras y en esta perspectiva se acercan a los propósitos de Estados social demócratas en países con mayor desarrollo capitalista, propósitos que obviamente tienen menos alcances dado que los niveles de riqueza y producto interno por habitante son mucho menores que en dichos países. Pero independientemente del resultado que se logre dentro de la correlación de fuerzas, el hecho es que sus políticas apuntan a garantizar condiciones al sistema capitalista en cuanto a la disponibilidad de su fuerza de trabajo y a su compromiso con el sistema. Adicionalmente, el Estado cumple funciones de legitimación mediante la idealización de la democracia, principalmente a través de las elecciones -que genera la ilusión de un control popular sobre los gobiernos- y de represión, cuando las clases trabajadoras por diversas razones se rebelan o protestan.

No estamos entonces en una perspectiva socialista, ni en México donde ganó AMLO ni en Colombia donde Petro obtuvo una votación tan grande. Por el contrario, estas experiencias en principio tienden a reforzar el capitalismo en términos prácticos e ideológicos, dado que se acepta como natural el sistema donde el capital y el trabajo tienen cada uno un papel que cumplir. En esta perspectiva “las experiencias de desigualdad, explotación y opresión no llevan necesariamente a la crítica del capitalismo, sino más bien a la crítica de situaciones dentro del capitalismo: se critican las exigencias excesivas, una distribución injusta, pero no el fundamento capitalista de esta distribución. El trabajo y el capital son considerados como las bases de la producción de la riqueza social, tan necesarios el uno como el otro, por lo que hay que tenerlos en cuenta en la misma medida.” (p. 216)6.

Contrario a lo que plantea Mauricio Botero, me parece que la ola es capitalista.

  1. Voz. La verdad del pueblo. Edición 2937, Semana del 20 al 26 de junio de 2018, página 1.
  2. Botero Caicedo, Mauricio, ¿Ola socialista en el horizonte?, El Espectador, Domingo 8 de julio de 2018, página 25.
  3. https://www.dsausa.org/constitution
  4. Eduardo Posada Carbo en reciente artículo recuerda a  Eduard Bernstein (1850-1932), socialista, padre del revisionismo y del reformismo y se pregunta: “¿Hubo grupos de estudio en las universidades que leyeran a Eduard Bernstein?” (http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/eduardo-posada-carbo/condiciones-para-el-pacto-oposicion-en-colombia-245602). Parece que Petro y AMLO aunque no son socialistas si lo han estudiado.
  5. En el programa de gobierno de Iván Duque hay medidas en cuanto a la educación básica y media, la educación superior, la salud, la familia, la cultura. Los programas principales de financiación de la educación pública y la salud se mantienen.
  6. Heinrich, Michael, Crítica de la economía política. Una introducción a El Capital de Marx, Escolar y Mayo Editores, Madrid, 2008.