Gerardo de Francisco Mora

* Gerardo de Francisco Mora

Politólogo, filósofo y Magíster en Ciencia Política de la Universidad de los Andes. Actualmente, investiga temas de teoría y filosofía política, en particular, se ocupa del análisis de las concepciones de Estado, soberanía y lo político, con el firme propósito de analizar las relaciones ético-políticas subyacentes en las relaciones sociales contemporáneas. Es socio fundador de Centro de Investigación social y Estudios críticos-CISEC e investigador titular del mismo

Desde el inicio de la campaña electoral, Iván Duque fue un enigma en términos ideológicos. Durante este periodo, la estrategia comunicativa de Duque osciló entre un tono moderado y el fanatismo propio de la bases uribistas. Para algunos, este enigma iba a resolverse cuando el uribismo dejara de ser oposición y se posicionara como representante del poder ejecutivo. Sin embargo, esto no ocurrió. Entre el discurso de Duque y el discurso del Presidente del Senado había tal distancia que muchos se preguntaron por el sentido de esta disonancia. Por lo anterior, el propósito de este texto es tratar de dilucidar algunos de los puntos más relevantes del proyecto ideológico del presidente recién posesionado. 

 

En principio, es necesario aclarar dos puntos fundamentales. Primero, para algunos hablar de ideología suena como un anacronismo, como un rezago de un mundo que ya no existe. Sin embargo, las ideas son determinantes para la acción política, pues crean un horizonte normativo que permite tomar las decisiones verdaderamente políticas, la ideología permite analizar por qué hay cosas mejores que otras. Por más desarrollos técnicos nunca se podrá hablar de política sin hablar de una acción orientada a valores. Segundo, este análisis supone que solo es posible entender la ideología de Duque y el uribismo al entender las tensiones que se dan entre el conservadurismo y el neo-conservadurismo. Solo al entender esta tensión se puede analizar de forma clara el proyecto político que representa Duque. Junto con esto, vale la pena resaltar que estas tensiones se desarrollan de forma productiva y discursivamente se transforman en una unidad que orienta las acciones del nuevo gobierno. 

 

Por lo último, es fundamental partir de algunas definiciones generales. El conservadurismo es una etiqueta que engloba múltiples discursos políticos y filosóficos. Sin embargo, en términos generales aquí se entenderá por conservadurismo aquella ideología política que critica las ideas centrales del liberalismo desde una perspectiva centrada en la autoridad, la experiencia pasada y las estructuras tradicionales de la sociedad. Mientras que por neo-conservadurismo, se entenderá la síntesis entre el proyecto conservador y algunos de los puntos centrales del liberalismo, en especial del liberalismo en términos económicos. Estos puntos se desarrollarán con algo más de detalle más adelante.  

 

La primera tensión que constituye la ideología política de Duque tiene que ver con el papel de la razón en la política. De entrada, para el conservadurismo y para los uribistas más furiosos, el poder político no tiene ningún fundamento racional sino que debe buscarse en las capacidades individuales de un líder, en lo divino o en la autoridad tradicional. Sin embargo, Duque, desde un lente neo-conservador, ha intentado mezclar esta perspectiva con un noción aparentemente técnica sobre el ejercicio y fundamento del poder político. En esta, el poder es ejercido solo por aquellos que lo merecen, aquellos que tienen los méritos para hacerlo, es necesario tener un saber específico para incidir en la vida política. Como es evidente, ambas perspectivas son contradictorias y, sin embargo, actúan al mismo tiempo en la ideología del actual gobierno. Las contradicciones no eliminan las ideas políticas y no suprimen sus efectos.  

 

De hecho, esta especie de contradicción tiene efectos políticos muy claros. En términos ideológicos, mezclar estas ideas crea unas claras fronteras sobre quién puede actuar, quién puede opinar y qué discursos deben considerarse en la esfera pública. La actitud anti intelectual, bien encarnada por Macías, silencia cualquier actitud crítica, indispensable para la democracia, y la obsesión con la técnica limita el lenguaje y las emisiones de los diferentes actores sociales. Solo se puede hablar de una forma para poder participar, pero la política no es un lenguaje codificado sino la pluralidad de discursos, lugares de emisión y narrativas. 

 

La segunda tensión tiene que ver con el papel del mercado en la sociedad y la compleja relación entre capital y trabajo. Para los conservadores más tradicionales, el mercado no debe ser el regulador de las interacciones sociales porque se basa en interacciones individuales, en teoría libres y espontáneas, que no necesariamente se relacionan con la vida comunitaria. De hecho,  el desarrollo del libre mercado produce rupturas culturales que desafían los fundamentos y los vínculos originarios que constituyen una comunidad política.1 Mientras los neo-conservadores aceptan el papel predominante del mercado como mecanismo de coordinación social e intentan extender el mercado a más y más esferas. Esto quiere decir, superar las fronteras propias de los vínculos comunitarios para darle mayor libertad de movimiento al capital. Como en el punto anterior, esta tensión no deja de ser ideológicamente productiva para Duque y para el uribismo. 

 

Esta mezcla entre libertad del capital e “intentos” de armonizar la vida social produce que cualquier lucha social que no coincida con lo intereses del capital sea fácilmente señalada como un intento por romper el equilibrio social y estigmatizado como un ejercicio polarizante. En especial en el mundo contemporáneo, donde la relación entre capital y trabajo (factores de producción) es cada vez más tensa y a la vez menos regulada. Tal vez esto es lo que significa la quimera de la economía naranja: disociar cada vez más capital y trabajo, proteger exclusivamente los intereses del capital y hacer del trabajo un componente de la unidad social pero no un campo que cree antagonismos y conflictos sociales.2 

 

Aunque el listado de tensiones productivas podría extenderse más, las mencionadas anteriormente dan un panorama suficientemente claro de la ideología de Duque y el uribismo. Es claro que el gobierno de Duque es una mezcla entre el conservadurismo más radical, basado en comunidades estrechas y homogéneas, y el neo-conservadurismo técnico y siempre del lado del capital. Es necesario comprender este proyecto para ver claramente cuáles son los antagonismos que pretende atizar el uribismo, qué grupos sociales representan la verdadera oposición y cuál es el sistema de valores que pretende consolidar la alianza entre conservadurismo-neoconservadurismo.  

  1.  Ver: Las contradicciones culturales del capitalismo, Daniel Bell, Alianza, 2006.
  2.  Ver: Modernidad Liquida, Zigmunt Bauman, Fondo de Cultura Económica, 2000.