Ponerse la ruana: del performance a la hegemonía. Una respuesta a Richard Tamayo

Confieso que tengo una ruana y un poncho. La ruana la heredé de mi abuelo, un maestro de construcción que trabajó incansablemente hasta su muerte. El poncho fue un regalo de los campesinos del Coordinador Nacional Agrario de Catatumbo. Los seguiré usando con orgullo, haya o no paro agrario, pues expresan mis orígenes, nuestros vínculos y nuestras luchas por una sociedad más justa.

Indignación por la calidad ambiental del país: un tema pendiente de movilización social

Es de gran importancia (además de necesario) que en el país emerjan expresiones de movilización social en torno a la contaminación ambiental y sus devastadores efectos sobre el ambiente y la salud de las personas. Razones para indignarnos por esta situación hay de sobra, pero a su vez es importante que estas expresiones no se mantengan aisladas ni indiferentes frente a otras realidades del país.

El acceso a la justicia y derecho del sector campesino

Una reforma tendiente a democratizar la administración de justicia debe cambiar su paradigma y enfocarse en la efectiva protección y garantía de los derechos de sectores como el campesino. Tal reforma debe reconocer las “desigualdades sociales reales”, creando o modificando acciones y procedimientos, con el fin de que sus agendas de justiciabilidad puedan tramitarse por canales judiciales efectivos, sensibles a sus demandas específicas.

Apetito para las madelinas? Proust, Portelli y la memoria histórica en Colombia

Recordar tiene que ver más con el ahora que con el ayer y en el recuerdo se (con)funden, de manera inevitable, la realidad con la ficción y el reportaje con la fábula. Aceptar que la memoria no está por fuera del tiempo no debería desacreditarla. Temporalizar la memoria no significa reducir la verdad al relativismo. Se trata de cambiar la pregunta en relación con la memoria, con el ¡Basta Ya! que la memoria invoca.

El negocio de la guerra

La paz es un bien precario. La opción incondicional por la paz es una necesidad imprescindible para el pueblo trabajador y las comunidades populares, urbanas y rurales. Para ellos, como sentenció Ghandi, no hay camino para la paz, la paz es el camino. La paz es el fundamento y garantía para proteger sus vidas, los territorios, las identidades culturales, la dignidad y sus planes del “buen vivir”.