¿Qué es la democracia?: una opinión sobre el Procurador Alejandro Ordoñez

El desprecio a la democracia pervive en nuestras instituciones liberales y modernas, sin embargo este odio ha dejado de ser explícito. Ya no se trata de decir que la democracia es de los peores regímenes de gobierno, sino más bien que bajo el nombre de democracia representativa o democracia formal, se deja a un lado un mal irreductible equivalente al crimen. La democracia se convierte, entonces, en el nombre de un crimen, en el nombre de un escenario el cual es temido por nuestros oligarcas.

La gramática de las flores: Michael Taussig, La Toya, Juan Manuel Echavarría y Amador

Considero necesario complementar la fascinante genealogía de Taussig mediante una interpretación que investigue ya no el lenguaje sino la gramática de las flores, ya no el fundamento místico sino material de la violencia. Me propongo, para ello, ofrecer una interpretación del papel que juegan las flores en Amador (2010), la película del español Fernando León de Aranoa sobre el modo en que los inmigrantes ecuatorianos resisten la exclusión social que sufren en España.

50 años de vigencia de la política de terror

En Colombia han cambiado las cosas en 50 años, pero persisten los problemas que mantienen vigentes los conflictos y también se mantienen casi intactas las estructuras de la política de terror y, mientras eso ocurra, no será posible hablar de posconflicto. Hemos cambiado la forma de ser humanos, pero también afirmado las técnicas de la muerte y las posibilidades de la esperanza.

Participación política y democracia desfigurada

Lo que se negocia enuncia lo que está ausente y pone de manifiesto que la democracia, que los diferentes gobiernos se han empeñado en defender y en nombre de la cual se han cometido las más graves violaciones a los derechos humanos, no es más que una democracia desfigurada, que en su largo proceso de degeneración se configuró en bastión de las élites, en terreno apto a las mafias y al cultivo de la corrupción, en escenario propicio a la puesta en marcha de modelos económicos de las élites políticas tradicionales o modernizadoras.

¿Una lengua de la paz?

nterpreto que esa “nuestra democracia” que aparece en el acuerdo no se refiere a una democracia nuestra ya dada, que ya nos pertenece, sino a una que está en proceso de ser re-creada, desde y más allá de la mesa de negociación, a través de “robustecimientos”, “ampliaciones”, pero también de modificaciones significativas del lenguaje, las prácticas y los mecanismos de gestión social, de organización política, y de auto-comprensión cultural que están muy arraigados en nuestra interpretación de lo “real”.