Vladimir Rodríguez

* Vladimir Rodríguez

Historiador de la Universidad Nacional de Colombia y estudiante de la maestría en Derechos Humanos y Democratización para América Latina UNSAM-CIEP (Argentina). Se especializa en el análisis de procesos culturales a partir de los artefactos de consumo masivo y su articulación/circulación con los dispositivos de producción de sentido

No tenemos que esforzarnos demasiado para notar lo que está sucediendo, el profeta se hizo Dios, éste tuvo un hijo y fue traicionado, mientras tanto los profetas del tiempo que ya fue se encuentran aturdidos bien porque no se han sabido adaptar a la buena nueva o bien porque ven en ella un peligro a su siempre sitiada fe, en todo caso el problema se piensa en los términos propuestos por el primero sin el consenso de las partes o con la venia de algunas de ellas, parece siempre un problema de voluntades antes que de razones, del juego de la fe antes que de la estrategia de la política.

Arriba dije qué está sucediendo, el gerundio se impone allí donde se reconoce un proceso, una cosa en formación más que una forma cerrada, un sistema que se estructura a sí a partir de elementos relativamente estables, aún así la descripción funciona para darle un sentido al giro que ha tomado la forma de lo político1 en Colombia a partir de 2002. Con la elección de Álvaro Uribe se da algo más que el otorgamiento de un cargo público a un funcionario, se puede pensar incluso que la votación por este candidato y en este contexto fue determinante para el posterior proceso de significación religiosa de lo político cuyas consecuencias se pueden apreciar, si se tiene el par de lentes correcto, hoy en día en las formas ritualizadas de referirse al líder o en la persecución a la oposición por la mácula en el expediente de un pasado con las armas.

Sin embargo no quiero avanzar tanto todavía, hace falta para llegar al día de hoy pensar en el fin de los tiempos tal y como fue experimentado en Colombia con el fin de siglo, una eliminación prematura en el campeonato mundial de fútbol® de 1998 alejaba a la población de uno de sus recursos habituales de fervor patrio, un presidente viajero no correspondía con el ideal de fuerza de un país patriarcal, un proceso de paz se adelantaba entregando el suelo patrio a los enemigos de todo lo bueno que marchaban con pasos de plomo hacia los centros urbanos sembrando a su paso el terror y la angustia, el último capo carismático había desaparecido hacía tiempo y el tema del narcotráfico había perdido mucho de su valor mediático; el país precisaba de un salvador que lo condujera a su gloria de antaño y este no podía ser otro que el actual expresidente.

Asume la presidencia en medio del caos, sufre un atentado el día de la toma de posesión como vicario de la democracia en suelo colombiano, y desde el inicio se propone demostrar que habrá un cambio significativo en materia económica y en el delicado espectro de la seguridad, sobre lo primero se harán ajustes, se pondrán funcionarios bien preparados, se firmaran tratados o se tratará de impulsarlos para futuras gestiones. No obstante el gran peso de la gestión presidencial caerá sobre el tema de la seguridad, en un país de viajeros constantes, de ciudadanos que no paran de sumar millas en sus pasaportes ni de disfrutar en tiempo real el paso de los paisajes en salidas de fin de semana -como tomadas de una película de Bergman pero solidificadas en obras maestras de la talla de El paseo®2– que ilustran el por qué uno de los orgullos patrios es poseer tantos climas como el resto del mundo en sus respectivas estaciones y observarlo con unas horas de circulación.

A partir de este momento vemos cómo se da una reestructuración del panorama político de acuerdo con la lógica teológica de la naciente escatología uribista, se ha formado un nuevo partido político3 que agrupará a los seguidores más fervientes del presidente y en un proceso que, aunque dudoso a nivel legal/constitucional, le confirma en el poder por cuatro años más. Se muestran dos cosas relevantes para comprender el registro de lo político en Colombia; se ha agotado el sistema bipartidista por lo menos en su versión liberal/conservador y el discurso democrático se ha convertido en el de la oposición narcoterrorista, en el de los investigados de turno, en el de otro irreconocible.

Ahora bien, lastimosamente el tiempo de la democracia no corre paralelo al tiempo eternamente presente de los que experimentan la buenaventura, así que tras ¿ocho? años de consolidar su proyecto político con avances en materia económica y con un exitoso proceso de paz con los grupos paramilitares herederos en parte de su gestión como gobernador de Antioquia, Álvaro Uribe tiene que hacerse a un lado y elegir un sucesor entre sus filas, alguien que pueda empollar sus huevitos y llevar a la recién salvada/(re)construida nación4 a su destino en el primer plano internacional como corresponde a una tierra con dos mares y numerosos recursos naturales en espera de ser explotados eficientemente. El elegido sería Juan Manuel Santos.

Pensar que en 2010 se dio un proceso democrático competitivo, equitativo, plural, sería obviar ocho años de formación de una sólida base electoral cuya violencia, no sólo la del titular de la fe sino la de sus simpatizantes –armados o no-, es evidente desde las respuestas del expresidente a la prensa extranjera hasta los comentarios en la red sobre los candidatos opositores o los grupos de derechos humanos. En este contexto de eliminación sistemática del otro es reelegido el proyecto de país uribista en la figura del actual presidente a partir de entonces los huevos del padre se convertirán en las locomotoras del hijo en un país que no conoce los trenes desde su quiebra hace más de medio siglo.

Aun así podemos observar un giro importante, a la violencia del dios del antiguo testamento con su sed de venganza y sus carreteras liberadas se le superpone un proyecto discursivamente más moderado, lo que sería el mensaje del nuevo testamento sin renunciar a su tradición, Juan Manuel Santos se presentará pues en 2013 como la alternativa civil del discurso uribista cuando éste ya ha construido una alternativa militante en el recién creado Uribe Centro Democrático5, lo que implica una paradójica situación a nivel político ya que las dos principales opciones electorales son variantes de un mismo discurso; del mismo modo que en la serie futurama los ciudadanos de la Tierra sólo pueden elegir entre los candidatos Jack Johnson y John Jackson los colombianos sólo podrán elegir entre versiones distintas de una retórica individual que devino en discurso político.

Más allá de las referencias al proceso de construcción de una forma cultural (el uribismo en Colombia) he tratado de mostrar cómo ésta obedece a una lógica de orden religioso que se convierte en el corto plazo en la única alternativa de representación/actuación política, produciendo un contexto en el que toda forma otra es excluida sistemáticamente, sin usarse para ello argumentos propios del registro de lo político, recurriendo a aquellos propios de la tradición, como sucedió en 2010 al manipular la imagen de Antanas Mockus al traducirlo para el público como un loco intelectual poco hombre en oposición al patriarca necesario para recuperar la tierra; o de la dialéctica del enemigo como se puede ver en la persecución política al actual alcalde de Bogotá Gustavo Petro.

***

1Es necesario hacer la precisión, si hablara de la forma política en Colombia estaría haciendo referencia a una generalidad multiforme sin especificar a cuál de sus registros estoy aludiendo, por eso opto por lo político como una manera de enmarcar un escenario codificado entre otras versiones o registros del mismo.
2Maravillosa película para comprender el legado de la era Uribe en la cultura popular colombiana, dirigida por el cineasta nacional Harold trompetero y estrenada en 2010 es según la oficina de recaudación la película colombiana más vista.
3En ese entonces sería la coalición Primero Colombia con la que llegó a la presidencia en 2002 y después borrada del mapa político con el surgimiento del partido de la U que sería a su vez reemplazado por el más radical Uribe Centro Democrático.
4Sería muy interesante poder desarrollar cómo se da un proceso de creación de una forma de nación en la era Uribe pero este tema queda pendiente.
5Debo aclarar que no se trata de un partido nuevo pues existe desde 2012 con diferentes denominaciones, Puro Centro Democrático y Centro Democrático respectivamente, aunque adquiere relevancia en 2013 con la cercanía de las elecciones presidenciales de 2014.